Nueva edición de Virtualis: Tecnología, internet y vida social

Ya está en línea el número 6 de Virtualis, la revista del Centro de Estudios sobre Internet y Sociedad, del Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad de México. La edición aborda la relación entre tecnología, internet y vida social, en términos de retos teóricos y metodológicos para su abordaje. Las coordinadoras de este número fueron María Elena Meneses y Paola Ricaurte. Entre los artículos publicados, hay uno mío: «Desafíos en el estudio de la comunicación en internet«.

Cómo internet ha llegado a ser lo que es: Un museo en red y sobre la red

De mi columna Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

 

Arpanet, una red que data de 1969, es el primer punto en la interesante cronología que puede verse en The Big Internet Museum. De acuerdo con esa primera imagen, Arpanet es el abuelo de internet. En la recuperación de elementos clave coexisten dispositivos, plataformas, aplicaciones y prácticas, en una línea de tiempo. Algunos de ellos son los emoticonos, el .gif, el html, el Smartphone, Netscape, MSN, Geocities, el Wi-Fi, Google, el blogging, Napster, Limewire, Wikipedia, Friendster, Skype, MySpace, Second Life, World of Warcraft, Facebook, Google Maps, los memes de Chuck Norris, YouTube, Twitter, Instagram y el Gangnam style. Cada elemento permite observar material adicional, así podemos ver, por ejemplo, “Me at the zoo”, el primer video que fue compartido en YouTube.

Obviamente, se trata de una selección parcial: aparecen Napster y Limewire, pero no Megaupload; están Friendster y Facebook, pero no Orkut; puede verse al Gangnam style, pero no a Felix Baumgartner. Sin embargo, plantea un modelo en el cual los usuarios pueden proponer piezas para el museo y otros usuarios podrán erigirse como una especie de curadores, mediante los votos. Otro elemento que puede resultar discutible es la estructura lineal, que no se parece mucho a la estructura reticular de la red. De cualquier modo, es una gran iniciativa que permite reflexionar sobre internet en internet. Si la finalidad de un museo es conservar y exhibir obras a las que se atribuye cierto valor histórico, cultural y/o científico, un museo como éste permite desnaturalizar eso que estamos naturalizando en medio de las innovaciones —no hace mucho recordábamos en esta columna que alguna vez el módem hizo ruido—. En palabras de sus creadores, “el museo es un tributo a todos los pioneros que han hecho de Internet y de la World Wide Web lo que es ahora”.

A propósito, los creadores de este museo son Dani Polak, Joep Drummen y Joeri Bakker. De acuerdo con su propio boletín de prensa, los tres trabajan para una agencia de publicidad en los Países Bajos, la misma agencia apoya el proyecto. En el futuro hemos de ver qué tanto evoluciona el proyecto, qué otras piezas se incorporan a la selección y en qué medida se da la participación de los usuarios. Al final de cuentas, quienes han hecho de internet lo que es ahora son también los millones de sujetos que se conectan, usan la red y la apropian para gran cantidad de fines.

Diciembre nos gustó para hacer recuentos: Notas sobre los intereses de los usuarios de internet en 2012

De mi columna Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

 

Es un lugar común decir que en nuestros tiempos la información es tanta —un torrente, diría Gitlin— que la tarea de hacer memoria se complica. En internet esto se hace más evidente, sobre todo por la fragmentación de intereses y de espacios para consumir, producir, hacer circular y/o discutir la información. Los recuentos anuales son maneras de cerrar unos ciclos y abrir otros, mediante el ejercicio de mirar hacia atrás para determinar qué fue relevante en un periodo de tiempo. Hay quienes aún hacen recuentos personales en sus blogs o en diferentes sitios de redes sociales. Pero hay también recuentos que permiten ver una fotografía más amplia de lo que fue importante para las mayorías —lo que sea que eso signifique— en internet.

Como cada año, Google publicó su Zeitgeist 2012, con tendencias globales y por países. En el mundo, las tendencias fueron lideradas por “Whitney Houston”, “Gangnam Style” y “Hurricane Sandy”. La división de tendencias en categorías que hace Google —búsquedas, imágenes, atletas, eventos, personas, películas destacadas, programas de TV, protagonistas, artículos electrónicos de consumo, aerolíneas y hashtags de Google+— permite ver que hay conexiones entre ellas: acontecimientos como los Juegos Olímpicos o el salto desde la estratósfera que hizo Felix Baumgartner, desastres naturales como el huracán Sandy, o bien productos como el iPhone y el iPad de Apple, aparecen en más de una de las listas.

En México, el término de búsqueda más utilizado fue “IFE”, seguido de “Facebook español” y “Angry Birds”. En la lista figuran también “PREP”, “ley SOPA”, “becas universitarias”, “Gangnam Style” y “Whitney Houston” —aunque ésta en el lugar número 10, a diferencia del 1 en las tendencias globales—. La fotografía panorámica de las búsquedas de los usuarios mexicanos deja ver cierto interés por la política. Las tendencias de búsqueda fueron encabezadas por “IFE”, pero también aparecen “PREP”, “cómo votar”, “elecciones”, “Enrique Peña Nieto”, “Andrés Manuel López Obrador”, “Josefina Vázquez Mota”, “Gabriel Quadri”, “qué es 132”, “#yosoy132”, “Enrique Peña Nieto IBERO”, “ley SOPA”, “qué es SOPA”; aunque resulta por lo menos curioso que, en la categoría de Personas, “Julia Orayen” haya sido más buscada que los cuatro candidatos. ¿Será que tiene algo que ellos no?

Facebook publicó su Facebook Year in Review 2012, a partir de otras categorías: eventos, canciones, películas, check-ins, figuras públicas, libros, tecnología, política, televisión, deportes y memes. Su recuento es por países y no incluye a México, sólo a Estados Unidos, Australia, Brasil, Canadá, Alemania, España, Francia, India, Italia, Corea, Rusia, Singapur y Reino Unido. No resulta sorpresivo que Rajoy y la crisis fuesen tendencias en España, Hollande en Francia, o Pussy Riot en Rusia.

El recuento de Twitter, 2012 Year on Twitter, concentra varias lógicas: tweets dorados, el pulso del planeta, sólo en Twitter, tendencias y nuevas voces. Las tendencias se subdividen en categorías que agrupanhashtags: iniciadores de conversación, política, deportes, televisión, películas, música, comida, tecnología y países. En ellas coexistenhashtags como #nowplaying y #Syria. El tuit más retuiteado —tweet dorado— fue “Four more years”, de Barack Obama. El pulso del planeta se definió en torno a acontecimientos, como los Juegos Olímpicos, las elecciones en Estados Unidos o los MTV Video Music Awards; también aparecen el huracán Sandy y la discusión sobre las iniciativas SOPA y PIPA. Sobra decir que tanto en Facebook como en Twitter es posible ver las tendencias personales durante el año.

Obviamente, las lógicas y categorías son arbitrarias. Además, técnicamente no se hace el recuento del año completo— al menos dos de los recuentos están en línea desde el 12 de diciembre—. Una diferencia clara es que las listas de Google se refieren principalmente a la búsqueda de información, mientras que las de Facebook y Twitter se construyen en torno a la “conversación” o la producción de los usuarios. Sin embargo, permiten ver tres fotografías de los intereses de gran parte de los usuarios de internet.

Hay grandes acontecimientos políticos y deportivos, así como catástrofes naturales, que fueron también el centro de la atención en los grandes medios de comunicación, tales como las elecciones en países como México, Brasil y Estados Unidos, los Juegos Olímpicos en Londres y el huracán Sandy. Por la cobertura mediática, estos sucesos habrían cobrado relevancia independientemente de la existencia de internet. Esto permite cuestionar la aparente horizontalidad en la red: si bien es cierto que casi cualquiera puede publicar, no todo lo que se publique es igual de visible. De algún modo, los grandes temas que aglutinan el interés y la discusión siguen estando conectados con la agenda mediática. Sin embargo, hubo otros acontecimientos que implicaron la presencia de la red, como el caso del salto desde la estratósfera que hizo Baumgartner —incluso cuando detrás estuvo una marca y una importante estrategia—; las discusiones y protestas frente a las iniciativas de ley SOPA y PIPA, en las que internet fue tanto el canal como el protagonista; así como los grupos y prácticas activistas, como #YoSoy132 en México. Tales acontecimientos se incorporan a las fotografías panorámicas de los intereses globales. De cualquier modo, las fotografías panorámicas dejan ver justo eso, panoramas, no detalles.

Hoy fue un día muy bueno…

He terminado mi décimo contrato como asistente de la misma persona. No habrá un contrato número 11. Mi currículum registra que fui asistente de investigación de Rebeca Padilla de enero de 2008 a diciembre de 2012, que colaboré en sus tres proyectos de investigación más recientes —uno sobre identidades urbanas y geografías mediáticas y dos más sobre el cruce entre juventud, ciudadanía política e internet—, que también participé con ella en la coordinación del capítulo centro-occidente de la Sistematización de la Investigación Regional de la AMIC e, incluso, en un proyecto que no acabó de cuajar —de cuyo título ni ella ni yo queremos acordarnos—, que hemos escrito artículos y ponencias en coautoría, en fin…

Sin embargo, la cursi de clóset que soy tiene muy claro que hay cosas que no se dicen en la formalidad de un currículum —Wislawa Szymborska lo ha dicho mucho antes y mejor que yo— y que es preciso decirlas en algún otro lado.

Llegué a este trabajo en algún momento de mi formación de maestría y me fui en algún momento de mi formación de doctorado. Rebeca había sido mi profesora de Televisión en licenciatura y me reconocía como alguien creativa y responsable, pero no como alguien con interés por la investigación. No nos engañemos, en aquel tiempo yo no tenía interés alguno por la investigación, ése vino después, pero vino con mucha fuerza. Un día nos encontramos en la biblioteca del ITESO, para entonces ella y Salvador de León estaban en el Doctorado en Estudios Científico-Sociales y yo en la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura. A partir de ese encuentro, compartimos algunas comidas, conocí otro lado de ellos, entre la montaña rusa del posgrado. Otro día coincidimos en un congreso de comunicación en la Universidad de Guadalajara. Días después, Rebeca me escribió para proponerme que fuera su asistente. No fui la única persona a la que escribió, pero fui la que respondió “sí” en menos de tres segundos, a pesar de que tenía 80 millones de dudas sobre si realmente me convenía comprometerme justo cuando estaba en medio del caos de mi tesis de maestría. Sobra decir que no me arrepiento de haber dicho que sí.

Desde el principio, encontré a una investigadora seria, metódica, obsesionada con la calidad, que aprendió muy bien de Guillermo Orozco que la apertura y la generosidad son elementos fundamentales para el trabajo en equipo y que esto hace escuela. Fui testigo de su transición del interés por las audiencias televisivas hacia las audiencias de medios en un sentido más amplio y, posteriormente, hacia los usuarios de internet. Hay quienes me han preguntado si fui yo quien la convirtió a los estudios de internet, pero he de confesarme libre de culpa. Si bien algunos investigadores jóvenes llegamos directamente a los estudios de internet, hay un fenómeno interesante entre quienes llevaban ya una trayectoria importante en los estudios de audiencias… no pueden hacer como si la presencia de internet no cambiara un ápice, de modo que, aunque no sea su interés principal, terminan por tomarlo en cuenta. Sospecho que toda esta discusión será francamente irrelevante en unos años.

Precisamente esta reunión entre una investigadora con trayectoria en los estudios de audiencias y una investigadora emergente en los estudios de internet, fue muy importante para el trabajo en equipo que mencioné líneas arriba. La formación —y también la edad, je— de Rebeca le han permitido mantener cierta extrañeza frente a los usos de internet y plantear cuestionamientos ante cosas que podrían parecer obvias. Mi formación —y también mi edad, je, y mi condición de fan de la tecnología—me han permitido comprender ciertas lógicas con gran facilidad. El encontronazo entre posturas siempre ha sido productivo y ha incluido discusiones sobre si a eso que vemos hemos de nombrarle audiencias o usuarios, si eso que hacen los jóvenes es producción o recepción o una mezcla extraña de ambos y de otras cosas, en fin.

De esos intercambios han salido productos concretos: dos capítulos de libro —“El corazón japonés” y otro sobre la ciudad e internet, que aún está en prensa—, dos artículos en revistas —“El estudio de las prácticas políticas de los jóvenes en internet” y “El diario en línea. Metodología para el análisis y la reflexión sobre internet y las prácticas políticas entre universitarios”, éste último junto con Lolis Villalpando— y algunas ponencias para el Seminario de Investigación de la UAA. También hemos hecho varios viajes juntas: el primero fue a Monterrey, al Encuentro Nacional de AMIC en 2008; el último —o el más reciente— fue a León, al Seminario de Culturas Post-Mediales, hace menos de un mes, en la Ibero.

374420_182290038576052_141132495_nRebeca Padilla, Héctor Gómez Vargas y yo, en el Seminario de Culturas Post-Mediales (Universidad Iberoamericana León, 30 de noviembre de 2012).

De algún modo, soy privilegiada, no todos los asistentes pueden dialogar y publicar con sus jefes. De hecho, sé de algunos asistentes que terminan siendo ghost researchers y que no reciben ni las gracias, pero ésa, como diría la nana Goya, “es otra historia”. Como sea, la anécdota fue el pretexto para traer a cuenta algo importante: el trabajo de un asistente habitualmente no se ve. Podría decirse que para eso se les paga, para trabajar mucho y ser invisibles, pero ni eso, los salarios son malos y las condiciones de contratación son precarias también. En mi caso, me quedé tanto tiempo precisamente por lo que he señalado líneas arriba, porque la oportunidad de participar en diversas investigaciones, de establecer diálogos de pares, de hacer trabajo en equipo y construir redes y de abonar a una carrera académica emergente, me resultó bastante más estimulante que el salario.

Obviamente, también hice muchas cosas invisibles y poco estimulantes —o nada estimulantes—, como ir de tour por ene escritorios para realizar trámites ilógicos una y otra vez. He de decir que hacer el mismo trámite tantas veces era digno de una película como aquélla sobre el día de la marmota. Esas cosas invisibles derivaron en cosas visibles, como tener equipada un área de investigación con muebles bastante decentes. Quien sea asistente después de mí, probablemente no sepa que en el principio no había un espacio específico para las labores de los asistontos, que hubo que llegar a colonizar una sala y que los escritorios, armarios y computadoras fueron llegando a cuentagotas.

La presencia de los otros siempre es importante. Cuando hablo de trabajo en equipo, no sólo me refiero al que hicimos Rebeca y yo. En este tiempo, trabajamos muy de cerca también con Lolis Villalpando y con Salvador de León; con los otros asistentes, Rubén Alonso, Pedro Hernández, Ana María Navarro y Citlalli González; con las becarias Jenny González, Lupita Jaime y Karina Ruiz;  los prestadores de servicio social Johnathan Acuña, Sofía González y Fernando Mendoza, así como otros tantos que participaron en el proyecto de Ciudadanía política en la red, cuyos nombres no puedo decir porque el convenio de confidencialidad los protege —ustedes saben quiénes son—; la secretaria Lety y los técnicos Cristian y Arturo. Tantas mañanas fueron geniales entre el trabajo en equipo y la liberación de frustraciones compartidas. Hubo incluso prácticas poco académicas, como ponerles nombre propio a las computadoras: Lazarita —que murió y resucitó—, Chanclitas, Macaria e Hipólita; todas ellas desfilaron alegremente y soportaron el trabajo duro.

P1010257Rebeca Padilla, Salvador de León y yo, en Sanborns de Los Azulejos, algún día de julio de 2009.

En estos cinco años, hubo momentos realmente sublimes, como una vez que fui enviada a la biblioteca a revisar unos textos y encontré que un capítulo del libro que buscaba fue escrito por mi romance más rápido de occidente. Muy pequeño el mundo es. Otro momento que rayó en lo sublime fue uno en el que grité “¡que se cuide McQuail!”. Lo malo es que no puede contarse en público. Lo bueno es que McQuail puede estar tranquilo, no pasó a mayores.

Pero el mejor de los episodios de estos cinco años fue cuando acompañé a Rebeca a recoger a su hijo del kínder. “Hoy fue un día muy bueno, mami”, dijo. Después relató que había jugado futbol y le habían metido nueve goles; que pudieron ser trece, pero atajó cuatro; que se había divertido mucho y que lo importante no es ganar, sino jugar. Yo no he recibido nueve goles, sino un mal salario; pero también me divertí harto, aprendí mucho y fui muy feliz, pero es momento de que le dedique más tiempo al doctorado. Puedo decir que éstos fueron cinco años muy buenos.

Alguna vez el módem hizo ruido: La incorporación de internet en la vida cotidiana

De mi columna, que se llama igual que este blog, en Razón y Palabra.

Publicada  el 13 de noviembre de 2012.

 

El día que el hijo pequeño de una amiga visitó la oficina de su padre, se sorprendió mucho porque por más que presionaba los íconos en el monitor de la computadora de escritorio, las aplicaciones no se abrían como en el iPod. Hubo que explicarle al niño que esa pantalla no era táctil y no podía creerlo. Se ha vuelto lugar común llamar “nativos digitales” a estas generaciones, yo prefiero hablar de momentos de incorporación de la tecnología en la vida cotidiana. Cada uno de nosotros tiene su propia historia de cuándo y cómo usó una computadora, un celular, otro dispositivo móvil, por primera vez; o de cuándo y cómo se conectó a Internet, qué sitios visitaba y qué actividades realizaba.

La experiencia de un segmento importante de quienes empezamos a usar Internet en la segunda mitad de la década de los 90, incluye aquellas lentas conexiones telefónicas, cuyo sonido tan característico anunciaba que en unos minutos se entraría a Internet, mientras se dejaba sin servicio telefónico a la casa o la oficina desde donde se tenía acceso. Es también un lugar común decir que el servicio era mucho más lento y que la lógica de aquello que ahora es nombrado web 1.0 era distinta, estaba más centrada en la difusión de información que en la interacción, aunque ésta última también se producía, principalmente a través de chats.

Quizá por eso me hizo tanto sentido la reflexión sobre la red, que atraviesa una tira cómica de Bunsen —“Arturo Navarra, el abuelito del Internet”—, en la cual se hace memoria de esas conexiones telefónicas tan lentas, que se vinculaban con actitudes diferentes respecto a la visualización y descarga de materiales, así como de las formas de establecer relaciones a través de Internet. Sobra decir que, por mucha nostalgia que traiga el sonido del módem de los años 90, nadie en su sano juicio estaría dispuesto a renunciar a nuestras conexiones de ahora para regresar a las telefónicas. Sin embargo, recordar es compartir la experiencia en torno a la incorporación de Internet en la vida cotidiana en un momento concreto.

Esto no es una historia que pueda dividirse en dos etapas fijas —antes y después—,  es más bien una historia que se teje a partir de acontecimientos, usos, aplicaciones, lógicas y otros elementos, ubicados espacio-temporalmente. Como todas las historias, ésta se cuenta desde la experiencia de sujetos concretos. La relación que establecemos en, con y a través de Internet, tiene que ver con el momento y el modo en que lo incorporamos en nuestra vida cotidiana.

En el futuro habrá quienes hablen de las lentitudes de la banda ancha; otros, como el hijo de mi amiga, seguro compartirán historias sobre cuán sorprendentes resultaban aquellos monitores obsoletos que no eran táctiles. Nosotros —y este nosotros agrupa no sólo a personas de la misma edad, sino a quienes compartimos esa experiencia noventera de Internet— mantendremos en la memoria el ruido del módem.

De cómo unas cosas permiten ver otras…

Leí muchas reseñas de Después de Lucía y, en prácticamente todas, decía que la película abordaba el bullying. Ricardo, un amigo que ya la había visto, me dijo que el tema no era el bullying en sí mismo. Después de verla, comentaba con él que, efectivamente, el bullying es un elemento clave de la historia, pero es una especie de pretexto para ver otras cosas, como los sentimientos de culpa y de vulnerabilidad.

 

Lo mismo ocurre en otras películas. Justo ahora, viene a mi mente La llave de Sara (Elle s’appelait Sarah), donde un elemento importante, que se aborda tangencialmente pero le da sentido a toda la historia, es la culpa que carga Sarah durante toda su vida. La culpa, de algún modo, también está presente en Julia, por ocupar el espacio del cual fue despojada una familia judía en 1942. El holocausto es aquello que permite ver el sentimiento de culpa.

 

La culpa también está en Secretos peligrosos (The whistleblower), la experimenta Kathryn por haber prometido a las chicas que resolvería la situación de total indefensión en la que se encuentran frente a la explotación sexual en un país que no es el suyo… y por ver cómo casi todos son testigos insensibles de la injusticia. En esta historia, basada en hechos reales, la culpa es también un asunto clave.

No es casualidad que sean historias de mujeres. A nosotras se nos enseña a sentir culpa. ¿Será que otros mundos son posibles?

El diario en línea. Metodología para el análisis y la reflexión sobre Internet y las prácticas políticas entre universitarios

Hace unos días la Revista Latinoamericana de Metodología de Investigación Social publicó el artículo «El diario en línea. Metodología para el análisis y la reflexión sobre Internet y las prácticas políticas entre universitarios», cuyas autoras somos Rebeca Padilla, Dolores Villalpando y quien esto escribe. Esperamos que este artículo sea de utilidad para otras investigaciones.

 

 

De «thanks for being part of my dream» al «power of we»: La red, los acontecimientos y el sentido de nosotros

De mi columna, que se llama igual que este blog, en Razón y Palabra.

El volumen y la velocidad de los tuits se volvieron impresionantes, para tratarse de una mañana común de domingo. De pronto, medio mundo hablaba de Red Bull y  relataba cómo un hombre subía en un globo, para saltar desde la estratósfera, bajo el patrocinio de esta marca. Tardé unos minutos en recordar que había leído una nota, días antes, sobre el salto que había sido pospuesto. El sentido de los tuits oscilaba entre el asombro y la parodia, la expectación crecía segundo a segundo.

Este acontecimiento del 14 de octubre es susceptible de distintas lecturas. De entrada, resulta relevante como hecho científico, por sus aportaciones para la ingeniería aeroespacial. A la vez, se ha erigido como un suceso de gran notoriedad, que seguro será parte importante de la historia de nuestros tiempos. En términos de mercadotecnia, es fundamental discutir el impacto que este salto tuvo para la marca, porque se trató de una inversión millonaria en una actividad no convencional, que logró colocarse en el centro de las miradas; si bien puede entenderse como un asunto publicitario, no se trata de productos comunicativos innecesarios y superfluos, sino de algo —como fue señalado líneas arriba— de relevancia científica e histórica.

Sin embargo, un asunto especialmente interesante para esta columna es la comunicación a través de las redes. El récord fue más allá de la altura, la transmisión en YouTube registró 8 millones de espectadores (YouTube, 2012). El salto desde la estratósfera se incorporó en el interés de gran cantidad de usuarios, que siguieron la transmisión y la comentaron en Facebook y, sobre todo, en Twitter. Los hashtags #redbullstratos,#stratos#felixbaumgartner#spacejump, así como las apropiaciones #posmetirodelaestratosfera,#sibaumgartnerfueramexicano y otras, aglutinaron la conversación, de manera intensiva durante unas horas y, con menor intensidad, durante todo el día. Insertarse en el torrente de tuits es una manera de tomar parte de un tema que se considera importante para los otros, es también pertenecer a una colectividad. “Thanks for being part of my dream”, dijo Félix Baumgartner (Red Bull Stratos, 2012).

Unas horas después, el 15 de octubre, se celebró el Blog Action Day, cuyo lema este año fue “power of we” (Blog Action Day, 2012), éste hace referencia a la capacidad de trabajar juntos para hacer del mundo un lugar mejor y se constituye como un llamado a la acción, desde los blogs. Este “trabajar juntos” se vincula, entre otras cosas, al uso de las redes para el activismo y a la capacidad de concentración de las discusiones en torno a intereses comunes. De hecho, la elección del “power of we” como tema partió de la revisión de sugerencias de miles de participantes alrededor del planeta.

Evidentemente, el impacto del Blog Action Day dista de aquel que tuvo elRed Bull Stratos; pero si algo hemos de reconocer como asunto transversal en estos casos es la identificación de un “nosotros”, más allá de cada uno. No deja de ser paradójico que, en una sociedad global (si es que puede llamarse así) tan volcada hacia el individualismo, tenga tal fuerza la búsqueda de un “nosotros”.

La red, la calle y las elecciones en México en 2012

De mi columna Coordenadas móviles, en Razón y Palabra.

Nadie esperaba el acontecimiento del 11 de mayo en la Universidad Iberoamericana Campus Santa Fe. Los estudiantes protestaron contra el entonces candidato Enrique Peña Nieto, en su visita a esta sede universitaria. La información circuló en tiempo real mediante Twitter, Facebook, YouTube y más. Sin embargo, los grandes medios de comunicación presentaron versiones que contradecían lo que había sucedido, hubo incluso encabezados que decían “Éxito de Peña en la Ibero pese a intento orquestado de boicot”[1], hubo también declaraciones de Pedro Joaquín Coldwell, presidente del PRI, y de Arturo Escobar, vocero del PVEM, en las que se descalificaba las protestas estudiantiles. Lo anterior derivó en nuevas expresiones de los jóvenes, mediante un video que difundieron en YouTube, donde 131 estudiantes de la Ibero responden a las descalificaciones. Posteriormente, se integraron alumnos de otras universidades, como el ITAM, el Tecnológico de Monterrey, el CIDE, la UNAM, la UAM, entre otras, para dar forma al movimiento YoSoy132.

Este movimiento hizo aportaciones importantes a la discusión pre-electoral en México, al colocar en la agenda el cuestionamiento de un sistema político sucio y perverso, así como de una oferta mediática parcial, caracterizada por un escenario de gran concentración de la propiedad de los medios, que se traduce en una increíble concentración de poder. Asimismo, la organización del #DebateYoSoy132, en el cual participaron tres de los cuatro candidatos a la presidencia de la república, permitió ver un ejercicio alternativo frente a los realizados por el Instituto Federal Electoral.

Un elemento clave fue la combinación de estrategias de organización y comunicación en internet, así como de movilizaciones en las calles. De este modo, se realizaron marchas y acciones de protesta simultáneas en distintas ciudades, tanto del país como del extranjero. En ese sentido, la movilización internacional, tanto de mexicanos que viven en el extranjero, como de extranjeros que se solidarizaron con el movimiento YoSoy132 fue un factor clave, que fue posible y visible, a partir de la comunicación en internet.

Durante la jornada electoral, además de los esfuerzos del movimiento YoSoy132, se observó la participación de los ciudadanos en otras iniciativas, tales como FotoXCasilla, PREP Ciudadano y Observación Electoral 2012 (la cual da continuidad al trabajo realizado en elecciones anteriores, en Cuidemos el voto). La particularidad de estas iniciativas es que permitieron integrar, mediante herramientas tecnológicas, los esfuerzos realizados de manera presencial. También hubo grandes flujos de información en torno a las elecciones, las experiencias de los ciudadanos, el reporte de delitos electorales, las manifestaciones de apoyo o denostación de candidatos, entre otros.

Los resultados de las elecciones son hoy cuestionados por la cantidad impresionante de irregularidades observadas, registradas y difundidas por los ciudadanos, mediante internet. Si bien muchos coinciden/coincidimos en que el ejercicio de los ciudadanos, tanto en las casillas como en los consejos distritales y locales, fue limpio; las condiciones no han sido equitativas.

Nadie esperaba el acontecimiento del 11 de mayo en la Universidad Iberoamericana Campus Santa Fe. Nadie esperaba que eso detonara una movilización impresionante a partir de ese punto. Pero, entonces, todo el mundo esperó demasiado, como si mes y medio de movilización tuvieran el superpoder de contrarrestar las inequidades previas. El escenario presente no es el que se auguraba hace meses, pero tampoco el que se pensó que podría ser en las semanas más recientes. Incluso puede observarse por momentos cierta desorientación en los integrantes de las distintas asambleas del movimiento YoSoy132 y entre los ciudadanos. Es complicado levantar la voz en esas condiciones, pero el uso creativo de internet, aunado a las movilizaciones en la calle, alcanzó a abollar la hegemonía de la palabra pública. Así, a la discusión añeja sobre política y medios de comunicación, se suma aquella que confiere a internet—o, mejor dicho, al uso que los ciudadanos hacen de internet— un papel clave en la democracia.


[1] Esto detonó una parodia en Twitter, donde los usuarios emplearon el hashtag #encabezadosOEM.

El #DebateYoSoy132: Cuando los ciudadanos tomaron la pantalla

De mi columna Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

 

 

“Sabes que algo está cambiando cuando son ciudadanos los que hacen la tarea del IFE”, dijo Paloma en Twitter. Se refería al debate convocado por los jóvenes del movimiento #YoSoy132, para este martes 19 de junio de 2012, a las 20 horas, en el cual participaron tres de los cuatro candidatos a la presidencia de la república.

Para este ejercicio, se invitó a los ciudadanos a proponer las preguntas para los candidatos, en un foro en Internet (Somos más de 131), donde también se podía votar por los cuestionamientos para encontrar cierto nivel de acuerdo. También mediante Internet se dio a conocer que este debate sería transmitido por el canal de Más de 131 en YouTube, así como en otros medios, como Radio Ibero y Radio Educación, así como en algunos espacios físicos.

Al debate asistieron Gabriel Quadri de la Torre, Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, mientras que Enrique Peña Nieto declinó la invitación, bajo el argumento de que el movimiento asumió una posición política contra su proyecto y su persona y que esto no garantizaba equidad en el ejercicio. Ante esto, los organizadores dejaron un sillón vacío que evidenciaba la ausencia del candidato de la coalición Compromiso por México.

El #DebateYoSoy132 no tuvo un moderador y un formato, sino tres moderadores y tres formatos. En la primera fase hubo nueve preguntas para tres candidatos, que fueron realizadas a través de Google Hangout por diferentes estudiantes; cada respuesta tuvo una réplica por parte del universitario correspondiente; tanto las preguntas como las respuestas tuvieron tiempo limitado. En la segunda fase los candidatos discutieron en torno a asuntos concretos, hubo mayor oportunidad para la interacción, siempre y cuando no se pasaran del tiempo establecido en 5 minutos, para todas sus intervenciones. En la última fase, hubo preguntas que fueron sorteadas —dos para cada uno— y se concedió tiempo para que determinado candidato respondiera y los dos restantes replicaran. Al final, los candidatos recibieron otras preguntas que los ciudadanos les habían planteado de manera específica.

Como en otras ocasiones, el debate sobre el debate se dio en las redes, conectado por hashtags como #Debate132 y #DebateYoSoy132 y aderezado por las muestras de creatividad de los usuarios, que hacían chistes sobre el sillón vacío, el baño de la Universidad Iberoamericana donde Peña Nieto se ocultó en su visita a esa institución, la apariencia del primer moderador, los problemas para medir el tiempo que tuvo López Obrador, la palabra “celebro” en las intervenciones de Quadri, la pulsera huichola de lucía Vázquez Mota y, por supuesto, las fallas técnicas en la transmisión.

Dichas fallas, en diferentes espacios, fueron una constante y limitaron el ejercicio de ver el debate. Sin embargo, la posibilidad de dialogar mediante Facebook y Twitter llevó a las redes de usuarios a compartir distintas opciones para ver o escuchar el debate: cuando se cayó la transmisión en el canal de Más de 131 en YouTube, ya estaban circulando otras propuestas, como Terra, La Silla Vacía, Uno Noticias, entre otras.

A pesar de esos lamentables problemas, con los aspectos técnicos y con el tiempo, los formatos propuestos por los jóvenes para las distintas fases del debate permitieron una mayor oportunidad para interactuar y discutir, que en los dos ejercicios previos organizados por el Instituto Federal Electoral. En el caso del #DebateYoSoy132 se trató de un ejercicio que hizo visibles otras formas de diálogo democrático, entre los ciudadanos y los candidatos a la presidencia, mediante el uso de Internet como herramienta de organización y de comunicación. En otras palabras, si bien el peso de la tecnología es innegable, es pertinente considerar la capacidad de agencia de los organizadores y los participantes —de uno y otro lados de la pantalla— en la realización de este debate.

Ciertamente, es importante considerar que grandes sectores de mexicanos no tienen acceso a Internet, lo cual coloca a los participantes como un grupo privilegiado. Sin embargo, estos esfuerzos, con sus aciertos y sus errores, permiten observar que la participación ciudadana puede realizarse mediante mecanismos que trascienden el voto. Independientemente de las participaciones de los candidatos y de sus posteriores declaraciones de triunfo en el debate, el ejercicio fue un triunfo para la ciudadanía organizada. Es deseable que estas prácticas trasciendan la temporada de campañas electorales y se planteen como una forma de diálogo también con los representantes populares.

Los aprendizajes tras este debate ciudadano son muchos. Algo se está transformando entre cierto sector de jóvenes, de ciudadanos. Es vital no perder de vista eso que se mueve.