El activismo en la era de Internet: algunos matices necesarios

De mi columna, Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

 

Sin Internet, correo, blogs y esas cosas, el activismo era distinto, no tenía alcance global. Lo anterior es señalado por un activista, en Los días de la tierra, de Robert Stone. En este documental —que, confieso, no me fascinó— se presenta una serie de experiencias de los activistas estadounidenses que, desde el movimiento ecologista, iniciaron la celebración del Día de la Tierra, para concientizar a la sociedad sobre la necesidad de cuidar el medio ambiente. Una de las reflexiones secundarias que se plantean se centra en las labores de difusión del movimiento. En aquel tiempo, a finales de los 60 y principios de los 70, sus estrategias de comunicación se reducían a los medios impresos; de modo que el alcance de sus mensajes era limitado. Hoy, a pesar de la represión en muchos países, Internet se ha vuelto una herramienta fundamental para el activismo. Esto, aunque sea un hecho, no debe “darse por hecho”, por al menos dos razones: la vinculación entre lo local y lo global y la posible ilusión de la participación.

Diversos autores, como Manuel Castells y Jordi Borja[1], han planteado que en nuestros tiempos, con las tecnologías de información y comunicación, se vinculan lo global y lo local en varios sentidos: la red permite interactuar a distancia y elimina —o al menos modifica— las necesidades de desplazarse físicamente, en consecuencia, esto permite a las personas formar parte de comunidades globales. En la década de los 90, fue una preocupación para muchos pensar que las posibilidades de integración global irían en detrimento de las identidades locales. Yo me inclino por pensar en las particularidades locales que permiten identificarse o no con causas globales. ¿Se identifican determinados problemáticas como algo que nos atañe a todos? ¿Se toman acciones en consecuencia? ¿Se vincula el activismo en la red con el activismo en la calle? ¿Se considera que la participación local puede contribuir efectivamente con determinadas causas?

Las revoluciones árabes, por sus evidentes usos de las redes de comunicación digital, han permitido colocar los reflectores sobre los sitios de redes sociales, concretamente sobre Facebook y Twitter. Para muchos, la tecnología es determinante en tales revoluciones. La proliferación de “causas” en Facebook y de hashtags usados para el activismo en Twitter son acciones interesantes; sin embargo, es complicado identificar las posiciones del péndulo, es decir, ¿quiénes, entre los que dan clic o retuitean, están realmente comprometidos con la causa que apoyan?, ¿quiénes lo hacen por construir una imagen —visible, sobra decirlo— de alguien que está presente “en los mejores eventos”?, ¿quiénes, además del clic, están involucrados con otras actividades en pro de la causa, en cualquier lado de la pantalla? En ese sentido, se hace necesario preguntarnos por los factores que motivan a los ciudadanos a integrar la lucha en la red con la lucha en la calle y en qué medida contribuye el activismo en la red al logro de los objetivos de los movimientos. Recientemente, Micah White[2] ha cuestionado el clicktivism, por considerar que reducir el activismo a la red puede ser perjudicial para los movimientos sociales y políticos, puesto que, a veces, se pierde la esencia de la lucha, entre el entusiasmo por las cantidades de clics, firmas, participantes y apoyos obtenidos. Esto no es algo exclusivo de la red, en las marchas realizadas de manera presencial, también podríamos encontrar distintos niveles de compromiso y cuestionar si la esencia del movimiento se conserva en todos. De cualquier modo, es pertinente considerar los planteamientos de White, para analizar el papel de la tecnología en el activismo.

Sin duda, el activismo en la era de Internet es radicalmente diferente, por el alcance global de las redes; los sucesos recientes en Medio Oriente, Europa y el norte de África, nos han permitido observar el poder de la comunicación. No obstante, pensar que la sola presencia de la tecnología nos hará democráticos, resulta quizás ingenuo. Los factores que inciden sobre la participación de la sociedad en diferentes causas, son cada vez más complejos.

 


[1] Borja, Jordi y Manuel Castells. Local y global. La gestión de las ciudades en la era de la información. Taurus. Madrid, 1998.
[2] White, Micah. “Clicktivism is ruining lefting activism”. The Guardian. Consultado el 30 de Julio de 2011, en http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2010/aug/12/clicktivism-ruining-leftist-activism.

Acceso y libertad: El derecho humano a Internet

De mi columna Coordenadas Móviles en Razón y Palabra.

Hace un año, Finlandia estableció la conexión de banda ancha como derecho humano. Se trató del primer país en el mundo que lo consideró. Sus puntos de partida fueron la intención de desarrollar una sociedad de la información y el reconocimiento de que no todos los ciudadanos tenían acceso[1], a pesar de tratarse del primer mundo. En aquel momento no faltaron las opiniones que señalaban que, a diferencia de otros países, Finlandia no tenía problemas graves de derechos humanos y que por eso podía darse el lujo de plantear un derecho así. En otros países, de condiciones bastante diferentes, también se ha discutido y, en varios casos, creado este derecho.

En mayo pasado, la Asamblea General de las Naciones Unidas —a través del Reporte del Relator Especial sobre promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y expresión, Frank La Rue— ha reconocido el derecho humano a Internet, en relación con la libertad de expresión. Los argumentos de la ONU parten de la naturaleza transformadora de Internet, para posibilitar el ejercicio individual de la libertad de expresión, pero también para potenciar otros derechos humanos y para promover el progreso de la sociedad. Para ello, se concentra en dos dimensiones: el acceso al contenido y el acceso a la infraestructura física y técnica que permite acceder a Internet. Además, señala su preocupación ante los atentados contra la libertad de expresión en Internet, que han encabezado diversos gobiernos, con el bloqueo arbitrario de contenidos, la criminalización de la expresión, entre otros mecanismos. Ante esto, ha formulado recomendaciones para que los gobiernos garanticen el acceso a todos los ciudadanos[2].

Pensar Internet como derecho humano tiene al menos dos aristas: 1) el derecho al acceso a las TIC, 2) el derecho a la libertad de expresión.

Gran parte de los argumentos en pro de la consideración de Internet como derecho humano, se centran en la condición de posibilidad para el cambio social y para la defensa de los demás derechos, a partir del acceso, uso y apropiación de la tecnología, entre los derechos de cuarta generación; considerando de primera generación a los derechos civiles y políticos establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos; de segunda generación, a los de naturaleza económica, incorporados desde una tradición humanista y socialista; de tercera generación, a los derechos de la solidaridad, con grupos de edad, minorías étnicas/religiosas, y países tercermundistas, víctimas de la discriminación; y de cuarta generación, a las formas que, en el ciberespacio, cobran los derechos de primera, segunda y tercera generación[3].

El desarrollo de la tecnología ha estado históricamente vinculado al poder, pero Internet ha sido también apropiado por ciertos segmentos de ciudadanos.

Esto no supone de manera automática un elemento democratizador, pero no cabe duda de que es una dinámica que cambia la orientación concentrada y centralizadora que ha caracterizado hasta el momento a gran parte del desarrollo tecnológico. Ahora es posible establecer prácticas comunicativas que derrumban los muros de la antigua polis. Este cambio cualitativo trae consigo nuevas oportunidades de autogestión social, control social horizontal y de participación ciudadana, en pro de una mayor transparencia social. La Red aparece así como uno de los escenarios donde se dirime una de las más decisivas batallas por la libertad de expresión y, por ende, por los derechos humanos en general[4].

 

Amnistía Internacional ha señalado a Internet como nuevo escenario de la lucha por los derechos humanos, por los abusos en la vigilancia y las restricciones al uso de las TIC y a la expresión pública por medio de ellas[5].

Internet, precisamente por esa capacidad transformadora e interactiva que ha señalado Frank La Rue en su reporte, no es simplemente un medio más; es uno donde hay demasiado en juego, en términos de derechos humanos.

 


[1] BBC News Technology. “Finland makes broadband a ‘legal right’”. Consultado el 1 de septiembre de 2010, en http://www.bbc.co.uk/news/10461048

[2] United Nations. General Assembly. “Report of the Special Rapporteur on the promotion and protection of the right to freedom of opinión and expression, Frank La Rue”. Consultado el 16 de junio de 2011, en http://www2.ohchr.org/english/bodies/hrcouncil/docs/17session/A.HRC.17.27_en.pdf

[3] Bustamante Donas, J. “Hacia la cuarta generación de derechos humanos: repensando la condición humana en la sociedad tecnológica”. Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación, 1. Consultado el 24 de septiembre de 2010, en http://www.oei.es/revistactsi/numero1/bustamante.htm

[4] Bustamante Donas…

[5] Amnistía Internacional. “Internet y derechos humanos”. Consultado el 24 de septiembre de 2010, en http://www.es.amnesty.org/temas/empresas/internet-y-derechos-humanos/

¿Por qué una investiga lo que investiga?

¿Por qué una investiga lo que investiga? La mayoría de las veces que he presentado mi trabajo frente a otros -sean colegas, alumnos, etc.- se me ha preguntado por qué elegí estudiar ciertos objetos. Hace unos días estuve con los alumnos de Ana María Navarro en Seminario de Investigación en Comunicación, la pregunta volvió a surgir. La respuesta me recuerda por qué me dedico a esto, porque el blogging autobiográfico -y otras prácticas de comunicación digital- implicó una ruptura e implica un gran poder, porque la comunicación digital vinculada a la experiencia urbana rompe el mito de la división radical entre la vida «real» y la vida «virtual», sobre todo porque cada respuesta genera nuevas preguntas.

Increíbles descubrimientos: el presente, el futuro y el eG8

De mi columna Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

 

Recientemente, se anunció con bombo y platillo la celebración del eG8, una reunión paralela a la cumbre del G8, en la cual Internet fue colocado como tema de la agenda internacional. Los líderes de ocho países desarrollados —Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia— discutieron, junto con los líderes de la red —Facebook, Google, Wikimedia y más—. Mucho podría discutirse al respecto, pero quiero centrarme en un asunto: de acuerdo con el programa[1], el mensaje de bienvenida del anfitrión Nicolas Sarkozy[2], así como algunas de las discusiones, Internet se entiende como algo vinculado al futuro, como una serie de oportunidades y posibilidades para el crecimiento económico y la democracia. En el comunicado de prensa que se emitió al finalizar el encuentro[3], se enfatiza que Internet ha sido incorporado por primera vez en la agenda, en estas cumbres.

Habría que preguntarnos, sin embargo, ¿Internet es el futuro o es el presente de nuestras sociedades? Desde hace más de diez años, Manuel Castells habla de la sociedad red, como una estructura que caracteriza a nuestros tiempos y que se ha construido alrededor de las redes digitales de comunicación, de modo que la vida económica, política, social y cultural atraviesa por la red[4]. Y, en eso, mucho han tenido que ver varios de los países participantes: Internet se desarrolló en Estados Unidos, Francia tuvo su experiencia con el Minitel, gran parte de los dispositivos vienen de Japón, los habitantes de los países miembros del G8 tienen altos niveles de acceso a las TIC. Todo esto parece haberse dado por hecho.

En ese sentido, pensar en Internet y ver sólo hacia el futuro resulta parcial y un tanto engañoso, porque aleja la mirada de las experiencias, de lo construido a lo largo de años de innovación y apropiación. Sobre todo, pensar en Internet y cerrar la discusión, entre gobernantes y empresarios, resulta aún más parcial, porque olvida actores clave en el desarrollo y el estudio de la red: la ciudadanía y la academia, los protagonistas de las transformaciones y aquéllos que pueden contribuir a explicar lo que ha sido y lo que puede ser de la comunicación digital.

De cualquier modo, el encuentro ha servido para observar las posiciones encontradas en torno a distintos asuntos, tales como la regulación: los gobiernos plantean la necesidad de regular la Internet, con la bandera de la defensa de la privacidad, la autoría intelectual y la lucha contra la pornografía infantil; los creadores de Google y Facebook manifestaron su desacuerdo con la idea de las regulaciones, con la bandera de lo colectivo y de la libertad. Los intereses se mueven por todos lados, aunque los de los ciudadanos no estuvieron plenamente representados en la discusión.

Regular o no regular es, claramente, un debate de presente y no de futuro. Si bien todas las acciones deberán orientarse hacia él, la miopía de los líderes de las economías desarrolladas no les permite ver que el increíble descubrimiento de Internet como posibilidad ya había sido hecho años atrás y que, en otros ámbitos, la discusión lleva gran ventaja. Sobre todo, olvidan que la apropiación por parte de los ciudadanos, sigue sus propias lógicas, es diversa y se encuentra en permanente transformación.

Discutir sobre Internet es una necesidad, pero es evidente que los gobernantes han llegado tarde a la discusión. Bien escribió Wislawa Szymborska hace algunos años: “cuando pronuncio la palabra futuro, la primera sílaba pertenece ya al pasado”.


[1] E-G8 Forum. “Agenda”. Consultado el 24 de mayo de 2011, en http://www.eg8forum.com/fr/agenda/

[2] E-G8 Forum. “Mot d’accueil du Président de la Republique”. Consultado el 25 de mayo de 2011, en http://www.eg8forum.com/fr/discours/editorial/

[3] E-G8 Forum. “Press release”. Consultado el 31 de mayo de 2011, en http://www.eg8forum.com/en/documents/press-release/Final_press_release_May_30th.pdf

[4] Castells, Manuel. La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. Siglo Veintiuno Editores. México, 2001.

 

Todos en el piso

No sabemos qué pasa afuera, sólo escuchamos los balazos. Quizás el video que está abajo es una metáfora perfecta de nuestra situación frente a la violencia, podemos no saber de dónde viene ni qué está pasado exactamente afuera, pero a falta de soluciones colectivas, buscamos formas individuales de enfrentarla o, al menos, de asumirla (a propósito de lo que señalaba en el post anterior).

Alan Santacruz lo expresó mejor que yo, cuando puse el video en mi muro de Fb: «Me ha conmocionado, atroz, Dorix, atroz… el canto de la copla con los niños en el piso, mientras, afuera, las balas de un rifle automático terminan en el cráneo de algún señor». Vaya contrastes. Vaya combo de impotencia, incertidumbre, dolor y esperanza, tenemos.

Soy fan de la maestra, sobra decirlo.

Notas para pensar la violencia: Rossana Reguillo y Germán Rey en el Encuentro AMIC

Hace poco menos de un mes, se realizó en Pachuca el XXIII Encuentro Nacional de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación, que este año se dedicó a la relación entre violencia, comunicación y vida cotidiana. Tres conferencias, tres paneles y diversas ponencias repartidas en los grupos de investigación, fueron dedicados justamente a pensar la violencia desde la comunicación; pero quiero centrarme en algunas notas de las dos conferencias clave, a mi parecer, en el encuentro: la de Rossana Reguillo y la de Germán Rey.

Rossana Reguillo, con la pasión que la caracteriza, señaló que hay un colapso en las formas interpretativas de la realidad y que no hay suficiente material para pensar las violencias, éstas, dijo, no se inauguraron con el crimen organizado, sino que son una dimensión constitutiva de lo social: la violencia estructural se manifiesta en la exclusión; la violencia histórica se concentra en la anomalía; la violencia disciplinante envía mensajes mediante ciertas categorías identitarias, como los jóvenes y las mujeres (y esto conlleva estrategias de desidentificación); la violencia difusa es la que disloca nuestra vida cotidiana, no sabemos de dónde viene (¿del narco?, ¿de la policía?, ¿de los militares?), puesto que hay un borramiento entre lo legal y lo ilegal. Justamente, la violencia difusa lleva al repliegue a lo privado y al vaciamiento de lo público.

Para pensar la violencia, Reguillo empleó la metáfora de la «sensación térmica» (que antes ya había explicado en su blog), es decir, el encuentro del cuerpo con las condiciones climáticas, para entender cómo es nuestro encuentro con la violencia.

Germán Rey, investigador colombiano, también habló de diversos aspectos de la violencia, en relación con la cultura y la comunicación. Hay elementos comunicativos de la violencia, como la carga simbólica, la tensión visibilidad-invisibilidad, el impacto en la creación de imaginarios sobre la violencia, así como sus narrativas y representaciones, e incluso la estética mafiosa y las contrasimulaciones en la estética urbana. Llamó mi atención que Germán Rey hablara de sí mismo como de un colombiano curado de espanto se espanta ante los rituales de muerte del narco en México.

Sin embargo, frente a la violencia, señaló, la comunicación tiene algo que decir y debe evitar el silenciamiento. De manera concreta, la investigación de comunicación puede aportar a la comprensión de la representación mediática de la violencia, el papel de los medios en el establecimiento de la agenda pública, la construcción social del miedo, la percepción de la violencia y el carácter simbólico de la misma. Para finalizar, dijo que el mundo se le escapó al periodismo, es necesario reinventarnos el mundo.

Mirar otras verdades: A Tunisian Girl y Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico

De mi columna Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

Ser blogger en países con regímenes políticos adversos para la libertad de expresión no es fácil, sobre todo si se es mujer. En este contexto, resulta importante mirar A Tunisian Girl[1], que fue seleccionado como mejor blog, en The BOBs (Best of the Blogs), un concurso en el cual la cadena alemana Deutsche Welle premia a los mejores blogs del año[2]. La autora es Lina Ben Mhenni, una joven tunesina de 27 años, que es profesora en la Universidad de Túnez y escribe su blog —en árabe, francés e inglés— desde 2007[3]; en él cuenta de la represión y la censura en el régimen de Ben Ali, quien fue presidente de ese país durante 23 años y fue derrocado en enero de este año[4].

Hace algunos años, Aaron Chiesa, Toru Kageyama, Hendy Sukarya y Lisa Temes, de la Vancouver Film School, presentaron un cortometraje animado bajo el título Iran: a nation of bloggers[5]; en él hablaban de “una revolución dentro de otra revolución”, en referencia a las vías que habían encontrado los jóvenes iraníes para expresarse públicamente y decir lo que estaba prohibido decir, a partir de la revolución digital que ha transformado la comunicación.

Al blogging se han sumado otras prácticas de comunicación mediante sitios de redes sociales, o plataformas de intercambio de contenidos, que han sido particularmente importantes para las ahora llamadas “revoluciones” en el mundo árabe: Túnez, Egipto, Libia y más. Las redes de comunicación digital que soportaron estos movimientos se han densificado y es imposible tratar de aislarlas. Sin embargo, es importante reconocer el carácter pionero de los bloggers, en la búsqueda de visibilizar las condiciones políticas y sociales en que han vivido por tantos años. Cabe señalar que en el blog de Lina Ben Mhenni, se observa que no sólo defiende la libertad de expresión, sino otros derechos humanos. Concretamente, aboga por el reconocimiento de las mujeres en los grandes cambios sociales: “Social progress can be measured by the social position of the female sex”, dice en su blog[6].

Otros blogs recibieron premios especiales de la Deutsche Welle; entre ellos, llama la atención el premio Reporteros sin Fronteras, que fue otorgado a Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico[7], de la periodista española radicada en México, Judith Torrea. Como su título indica, en ese blog se documentan las implicaciones que la llamada guerra contra el narcotráfico, emprendida por el presidente Felipe Calderón, tiene sobre Ciudad Juárez.

Tal esfuerzo cobra relevancia en un país donde gran cantidad de medios de comunicación firmaron el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia[8] —bajo el argumento de evitar que la cobertura informativa de la violencia propague el terror entre la población, pero también bajo el sello de Iniciativa México y con el apoyo del Gobierno Federal— y donde las versiones oficiales de la información plantean un escenario optimista, que reduce a “daño colateral” la pérdida de vidas civiles. Como en el caso de A Tunisian Girl, el poder de Judith Torrea en Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico está en visibilizar otras perspectivas de la información, que no suelen tener cobertura en los medios tradicionales.

El poder de los premios, más allá del merecido reconocimiento para los autores de los blogs galardonados, radica en colocar esos esfuerzos arriesgados y políticamente incorrectos en el foco de interés global, permite mirar otras verdades.


[1] A Tunisian Girl. Consultado el 16 de abril de 2011, en http://atunisiangirl.blogspot.com/

[2] Deutsche Welle Blog Awards. “And the winners are”. Consultado el 16 de abril de 2011, en http://thebobs.dw-world.de/en/2011/04/12/and-the-winners-are/

[3] Deutsche Welle Blog Awards. “The BOBs: ‘A Tunisian Girl’ wins Deutsche Welle Blog Awards”. Consultado el 16 de abril de 2011, en http://www.dw-world.de/dw/article/0,,6501289,00.html

[4] El Mundo. “Ben Ali, 23 años de poder sin límites”. Consultado el 28 de abril de 2011, en http://www.elmundo.es/elmundo/2011/01/14/internacional/1295033168.html

[5] Rocketboom. “Iran: A nation of bloggers”. Consultado el 20 de abril de 2011, en http://www.youtube.com/watch?v=_TW7BzkuUKg

[6] A Tunisian Girl. Consultado el 16 de abril de 2011, en http://atunisiangirl.blogspot.com/

[7] Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico. Consultado el 16 de abril de 2011, en http://juarezenlasombra.blogspot.com/

[8] Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia. Consultado el 28 de abril de 2011, en http://www.mexicodeacuerdo.org/

El discurso del cineasta: Internet, el cine y la reflexión de Alex de la Iglesia

De mi columna Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

 

“Internet es la salvación de nuestro cine”, ha dicho Alex de la Iglesia, en la ceremonia de entrega de  los premios Goya, en febrero pasado. Como ha sido registrado en los medios españoles, el cineasta, que hasta ese día era también presidente de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España, ha estado involucrado en la polémica en torno a la ley Sinde; su inconformidad fue lo que lo motivó a renunciar a la presidencia.

Lo que, en su discurso, planteó Alex de la Iglesia sobre el cine e Internet, va más allá de la ley Sinde, invita a pensar en los encontronazos que se producen cuando se trata de legislar las prácticas emergentes de consumo de productos culturales en la red, bajo una lógica que no es la de la red:

Hace 25 años, quienes se dedicaban a nuestro oficio, jamás hubieran imaginado que algo llamado Internet revolucionaría el mercado del cine de esta forma y que el que se vieran o no nuestras películas no iba a ser sólo cuestión de llevar al público a las salas. Internet no es el futuro, como algunos creen; Internet es el presente; Internet es la manera de comunicarse, de compartir información, entretenimiento y cultura, que utilizan cientos de millones de personas; Internet es parte de nuestras vidas y la nueva ventana que nos abre la mente al mundo1.

Tras afirmar que “no tenemos miedo a Internet, porque Internet es precisamente la salvación de nuestro cine”, Alex de la Iglesia propone ser creativos e innovadores, para encontrar otros modos de “entender el negocio del cine”. Esto atraviesa por la valoración del papel de las audiencias en la industria cinematográfica, lo cual es un asunto clave en el discurso antes mencionado. Uno de los primeros señalamientos del director fue que “una película no es la película hasta que alguien se sienta delante y la ve” y poco antes de finalizar recalcó que “hacemos cine porque los ciudadanos nos permiten hacerlo”. Esos mismos ciudadanos, dijo, siguen viendo cine, ahora también a través de la red.

Quizás el elemento clave en el discurso del director es el reconocimiento del cambio. Mirar a las audiencias y comprender sus lógicas implica no sólo valorarlas en tanto consumidores de cine, sino también ser conscientes de su capacidad de agencia en nuestras sociedades contemporáneas. Con las TIC, se están modificando los modos de consumo, pero también se abren posibilidades para la producción y la circulación, a agentes que en los medios tradicionales no tenían acceso a ello.

El surgimiento de formas colaborativas y reticulares de producción y consumo de contenidos, desafía las búsquedas de controlar la propiedad intelectual en la red, como se haría en la era pre-Internet. EnHipermediaciones, Carlos Scolari retoma de Eric Raymond la metáfora de las catedrales y los bazares, para explicar la emergencia de nuevos modos de producción en la comunicación digital: las catedrales fueron pensadas y construidas para una estructura jerárquica, mientras que en los bazares se produce “una gran conversación de la cual emergen configuraciones colectivas”2.

Las prácticas de producción, circulación y consumo no sólo de cine, sino de otros productos culturales, están cambiando de una lógica de catedrales a una de bazar. ¿Habrán de cambiar también ciertas mentalidades? ¿Habrá un modo de hacer compatibles las posiciones encontradas respecto al cine y otros productos culturales en la red? Si lo hay, espero vivir para contarlo.

1 RTVE. “Discurso de Álex de la Iglesia en los Goya 2011”. Consultado el 15 de marzo de 2011, en http://www.youtube.com/watch?v=HjAg4pWxW0A&

2 Scolari, Carlos. Hipermediaciones. Elementos para una teoría de la comunicación digital interactiva. Gedisa. Barcelona, 2008, p. 188.