Declaración de principios

No seré una gran investigadora cuando tenga 80 millones de JCRs y haya escalado todos los niveles en cuanta evaluación meritocrática exista —quienes me conocen saben que eso no es mi hit—. Lo seré cuando pueda notarse mi mano en el trabajo de mis tesistas y cuando ellas/ellos sean capaces de abrir sus propias líneas, de la misma manera que en mi trabajo se nota la mano de quienes me formaron y se abren otras líneas. Para mí, el trabajo científico es más de comunidad que de acumulación.

Just for the record, no es una indirecta, es algo que llevo tiempo pensando, entre pláticas con amigos/colegas y que aterrizó hoy, mientras leía a Robert Heinecken a propósito de la fotografía y la enseñanza.

Cosas que hacen que valga la pena dar clases

I.

«Gracias por darme clases el último año de la carrera», decía el mensaje que un ex-alumno me envió hace algunos días. Me explicaba que miró hacia atrás y le pareció que el trabajo que hizo en mi materia (Investigación en Comunicación Social) fue muy bueno, que aprendió cosas y que esas cosas han resultado de utilidad. Siempre es satisfactorio saberlo, es una motivación para seguir.

II.

En el grupo del que forma parte este alumno hubo excelentes investigaciones sobre una buena diversidad de temas: la cobertura mediática de la violencia, la transición de la industria discográfica de lo analógico a lo digital, las narrativas transmedia en el fanfiction de 50 sombras de Grey, entre otros. Me sorprendió mucho que incluso aquéllos que no demostraban mucho interés por la investigación se esforzaron por hacer buenos trabajos. El común denominador fue, además de mucho esfuerzo, elegir un tema apasionante para cada uno, algo sobre lo que había una pregunta que iba más allá de las clases y de la búsqueda de una calificación, algo que para muchos es o está muy cercano al proyecto de vida.

III.

Otra de las cosas que hacen que valga la pena la docencia es la experiencia de permanente aprendizaje: los profesores aprendemos mucho de los alumnos. Aprendemos también mucho de nosotros mismos cuando estamos con los alumnos y miramos a través de ellos, sus preguntas, dificultades e intereses. Este semestre, que hice una pausa voluntaria en la docencia, es un gran momento para reflexionar… y también para extrañar.