#Debate2012: El debate sobre el debate

De mi columna Coordenadas móviles, en Razón y Palabra.

 

Este domingo 6 de mayo de 2012, hemos sido testigos del primer debate entre los candidatos a la presidencia de México, bajo la organización del Instituto Federal Electoral. Recordemos que hubo una gran discusión en torno a la transmisión del debate, debido a que la Femexfut programó el partido Monarcas – Tigres a la misma hora y que Ricardo Salinas Pliego optó por transmitir el partido en vez del debate en TV Azteca, que esto derivó en un ataque de Anonymous a portales del Grupo Salinas. Recordemos también que Televisa optó por emitir el debate en canal 5 y no en el canal con mayor cobertura y audiencia y que esta postura de las dos mayores televisoras detonó una propuesta del PRD —que finalmente no fue aceptada— para que el debate se presentara en cadena nacional y un cuestionamiento en torno a la pertinencia de esto. Tras todo el caos, la transmisión se dio en los canales comerciales 5 y 40, así como en los canales públicos y en el canal del IFE en YouTube; se registró también la transmisión en algunas plazas públicas, como el Zócalo de la Ciudad de México.

Algunas de las críticas previas al debate presidencial se centraron en las deficiencias del formato para la discusión de las ideas. Sin embargo, con todo y esas limitaciones, los debates organizados por el IFE son de las pocas oportunidades que los ciudadanos tenemos para ver a los candidatos juntos y la idea es que puedan exponer una síntesis de sus propuestas, articulada en ejes y preguntas muy puntuales.

En el debate vimos, en gran parte, la repetición de los spots de campaña de Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota, así como una serie de señalamientos hacia los errores de los otros. Las pocas propuestas que los candidatos hicieron, no fueron acompañadas de estrategias, en parte por las problemáticas de formato antes señaladas, por el tiempo tan corto del que disponían para hablar y porque ese escasísimo tiempo fue más utilizado en los ataques. Si entendemos el debate como sacar trapos al sol, lo hubo. Los candidatos resucitaron muertos como Bejarano, Paulette, las faltas de Josefina en el Congreso. Si entendemos el debate como discusión de las ideas, no hubo tal, en parte porque los candidatos se concentraron más en atacar a los adversarios que en mostrar sus propuestas, en parte porque, como ha sido señalado antes, el formato del debate no se presta para ello.

Sin embargo, en Twitter y Facebook, los ciudadanos hicieron/hicimos un debate paralelo en tiempo real sobre el debate presidencial. En Twitter, el hashtag #Debate2012 aglutinó la discusión y en distintos momentos otros hashtags fueron trending topics, sobre todo en referencia a los errores cometidos por los candidatos. En ambas redes circularon las narraciones de lo que se veía en pantalla, críticas serias, sarcasmo puro, repeticiones de las propuestas; en los casos de quienes estaban en plazas públicas, hubo también fotografías de la gente que se había reunido; en los casos de los militantes y simpatizantes de los partidos, hubo también muestras de apoyo y consignas sobre los presuntos triunfos de los cuatro candidatos (irónico que ganen los cuatro a la vez, ¿no?). Si algo fue evidente es lo que distintos académicos han señalado ya respecto a las tendencias de los usuarios de Internet a relacionarse con sujetos afines a ellos, no sólo en asuntos de política, sino en general. Esto implica que, cuando se dialoga con otros en la red, casi siempre se hace con quienes están de acuerdo. Lo anterior fue evidente en el debate paralelo, donde las diferentes posturas se encontraron, ciertos sectores tuvieron un acercamiento al diálogo, pero otros se concentraron en publicar y re-publicar lo que resultaba favorable para el candidato de su preferencia… es decir, nada nuevo.

Algunos de los señalamientos que se hicieron en las redes fueron hacia lo acartonado de los discursos perfectamente ensayados de algunos candidatos, así como hacia la necesidad de incorporar mecanismos que permitieran la participación de los ciudadanos en el debate, algo que ya ha ensayado CNN México en su ejercicio Foro CNN, donde si bien la crítica ha sido que las preguntas son muy básicas, se ha incorporado la participación de los ciudadanos tanto en el foro televisivo como a través de Internet, lo cual permite una discusión enriquecedora.

En suma, el debate que se registró en Internet, acerca del debate presidencial, fue un importante ejercicio ciudadano de discusión de los asuntos públicos que, sin duda, deberá explotarse más en otros momentos. Aunque el discurso optimista sobre Internet, en el que se enfatiza su potencial democratizador, debería considerar que el acceso a la red es muy limitado en nuestro país y que el interés por la política —con o sin Internet de por medio— es muy débil también, es en estos espacios donde se puede apelar a una mayor participación ciudadana mediante la discusión.

Entre el anonimato y el exceso de visibilidad

De mi columna Coordenadas móviles, en Razón y Palabra.

 

“El stalking es una forma de etnografía virtual”, me dijo una amiga cierto día. No es complicado enterarse de muchos detalles de las vidas de los otros, cuando las actualizaciones de Facebook, Google Plus, Twitter y FourSquare se agolpan en las pantallas. Esto evidencia diferencias significativas, no sólo respecto a las prácticas de comunicación de la era pre-internet, sino de las propias prácticas de comunicación en los primeros años de la explotación comercial de la red.

En la década de 1990, la interacción en los chats, mediante el uso de nicknames —en ausencia de indicadores sobre sexo, edad y aspecto físico— desafiaban los modos de entender la comunicación. En aquel tiempo, gran parte de los estudios de comunicación mediada por computadora enfatizaban el anonimato como característica de estas prácticas, así como las posibilidades de gestión de la identidad. Los recursos de presentación de una identidad construida para interactuar en línea, que podía coincidir o no con la “identidad real” —lo que sea que eso signifique— eran considerados por unos en términos de posibilidades creativas, mientras que otros se alarmaban ante los riesgos de los usos de estos recursos.

En 20 años, las prácticas y las interfaces se han transformado enormemente. El uso de fotografías y videos, muchas veces en tiempo real, así como la popularización de las aplicaciones basadas en servicios de geolocalización, plantean otros desafíos al estudio de la comunicación y la cultura. Muchas preguntas ahora giran en torno al exceso de visibilidad en la red, en dos sentidos: En primer lugar, en términos de un desplazamiento en las concepciones sobre lo público y lo privado; sobre esto, algunos autores, como Zygmunt Bauman, han planteado que nuestra época se caracteriza por el desdibujamiento de los límites entre la esfera de lo público y la esfera de lo privado. En segundo lugar, en términos de la gestión de la privacidad, a partir de las posibilidades de las interfaces para controlar quiénes pueden conocer qué de los usuarios; en este sentido, gran parte de las discusiones se enfocan en los riesgos del exceso de visibilidad y en las vulnerabilidades que todos los sitios de redes sociales tienen respecto a la privacidad, pero también en los usos creativos de las redes para controlar la información personal que se difunde, así como en otros usos enfocados en el rastreo de datos de los usuarios por diversos intereses y para diferentes propósitos. Las prácticas de comunicación en entornos digitales tienen múltiples dimensiones importantes para el análisis, pero también para la reflexión personal en torno a la interacción en internet.

En suma, se ha producido un desplazamiento en las discusiones, del anonimato al exceso de visibilidad. Lo anterior no significa que el anonimato en la red haya dejado de existir, las redes de WikiLeaks y Anonymous son casos concretos en los que el anonimato y la protección de la privacidad siguen siendo asuntos centrales; pero sí deja ver que este desplazamiento habla de un territorio de análisis caracterizado por las transformaciones permanentes en las prácticas y las discusiones sobre tales prácticas.

#Oscar2012 y la convergencia

De mi columna Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

“—Demián, ¿qué se siente perder el Oscar? —¡¡Natalie Portman dijo mi nombre, putoooos!!” (Oscar Equis, 2012). Esto no es sólo un chiste, es una entre mil evidencias de cómo convergen los medios en nuestros tiempos: Discutimos en Twitter, los que vimos en la transmisión televisada de la entrega de los premios Oscar a lo mejor del cine (lo que sea que “mejor” signifique).

Lo primero que esto implica es cierto interés por el cine. Para insertarse en la discusión es importante contar con cierto bagaje cinematográfico, identificar películas y ternas, reconocer actores y directores, incluso recordar detalles de anteriores entregas del Oscar o de otros premios, como el Goya, los Globos de Oro y más.

Lo segundo es encontrarse en la transmisión televisiva de la entrega del Oscar. En este sentido, se sitúa la simultaneidad como característica de la experiencia: Millones de personas, en todo el mundo, estaban viendo lo mismo, a través de distintos canales y soportes. Se trata, además, de una ceremonia en torno al cine, pero producida para la televisión.

Lo tercero es insertarse en la discusión en Twitter, como un paso más, que permite trascender el interés por el cine y la simultaneidad de la televisión, por medio de la publicación de comentarios y el uso de etiquetas como #Oscar2012 para situarse como enunciador en el torrente de comentarios. Ciertamente, no puede decirse que se trate de una discusión como tal; sin embargo, el uso de estas herramientas implica posibilidades de conexión en torno a intereses comunes, que no existían antes de los medios digitales, al menos no con estos niveles de alcance, visibilidad e instantaneidad.

Tal torrente agrupó comentarios sobre las películas y personas nominadas, las posibilidades, las apuestas y pronósticos, las tendencias en maquillaje y vestidos, el papel de los presentadores, cuan inspirador era ver los videos de los actores que hablaban sobre sus primeros acercamientos con el cine, cuan bonito fue el espectáculo del Cirque du Soleil, cuan guapo se veía George Clooney, cuan sorprendente resultó la pierna de Angelina Jolie, cuan notorias eran las tendencias en los premios (los técnicos paraLa invención de Hugo Cabret, los demás para El artista, las manos vacías para El árbol de la vida Harry Potter, en fin), hubo también quienes se limitaron a describir lo que veían y quienes pusieron en juego el ingenio para hacer chistes sobre lo acontecido en minutos, como el que da comienzo a este texto. Además, los tuits de los usuarios comunes compartían espacio con los de medios que daban cobertura en vivo, en línea, a la entrega. Esto permite observar que las vetas en los comentarios son diversas y se sitúan en distintos niveles, pero la integración en torno a un tema común es un asunto muy interesante para analizar.

Sobre todo, estos acontecimientos mediáticos permiten observar la integración de distintos medios en el ecosistema. Hubo un tiempo en que se afirmaba que la televisión desplazaría al cine y, después, que Internet desplazaría a la televisión. ¿Cómo podemos explicar lo que he señalado al principio: discutimos en Twitter, que vemos en televisión, la entrega de un premio cinematográfico?

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Oscar Equis. (26 de febrero de 2012). —Demian, ¿qué se siente perder el Oscar? —¡¡Natalie Portman dijo mi nombre, putoooos!! [Twitter post]. Recuperado el 26 de febrer0 de 2012, de https://twitter.com/#!/donMenocchio/status/173986160132104192

Medianeras, la ciudad y la red

De mi columna, que se llama igual que este blog, en Razón y Palabra.

“Hace más de diez años me senté frente a la computadora y tengo la sensación de que, desde entonces, nunca más me levanté”, decía Martín, uno de los personajes principales de Medianeras, un cortometraje que Gustavo Taretto dirigió en 2005[1] y que ahora, en 2011, se ha convertido en un largometraje[2]. He de confesar que sólo he visto el primero, hace años, en un festival de cine y que espero con ansias la llegada del segundo.

Medianeras es una reflexión sobre la ciudad, concretamente sobre la ciudad de Buenos Aires, la cual es caracterizada por Taretto como “caótica, impredecible, contradictoria, luminosa, empobrecida y hostil”[3]. Sobre ella, la reflexión tiene que ver con las implicaciones del crecimiento urbano desordenado en la vida cotidiana de sus habitantes: la presencia de demasiada gente en determinado territorio no ha conducido a una mayor convivencia entre quienes viven en cercanía geográfica. La reflexión que plantea Taretto sobre su ciudad bien podría plantearse sobre cualquiera de nuestras ciudades, medianas o grandes.

Esta posibilidad de pensar la ciudad en Medianeras plantea también una reflexión sobre internet. En nuestros tiempos es casi imposible pensar una cosa sin la otra. Mariana y Martín, los protagonistas de la película, experimentan cierta proximidad geográfica, suelen circular por los mismos lugares y constantemente se encuentran en la calle, pero no se dan cuenta, porque no se conocen, no saben quiénes viven alrededor ni cuánto tienen en común; a la vez, experimentan otras proximidades a través de internet, que no es una realidad alterna, sino algo que se ha incorporado en la vida cotidiana. De igual modo, la historia de amor de estos dos personajes, que experimentan la soledad y el aislamiento, podría ser la historia de muchos.

Pero, más allá de las historias, una gran aportación de la película es que coloca en la misma mesa de reflexión a la ciudad, la red y las subjetividades. Hace años, había quienes pronosticaban el fin de las ciudades e incluso de las interacciones cotidianas, a partir del crecimiento de Internet. El tiempo ha demostrado que las ciudades no han desaparecido, pero que muchas lógicas urbanas se han trastocado con los flujos globales de información.

La reflexión sobre la ciudad e Internet no puede desligarse en nuestros tiempos, porque la relación se produce en varios niveles y dimensiones, porque la ciudad no es un simple escenario donde ocurren las interacciones, la ciudad también ocurre a partir de esas interacciones. La red no existe como una realidad aparte, sino como una que está ligada a las condiciones materiales de infraestructura, a las condiciones políticas en términos de regulaciones y de posibilidades de libertad —o de restricción, como desafortunadamente hemos visto muchos casos recientemente—, a las condiciones culturales y educativas en términos de usos y apropiaciones.

Todas estas relaciones parecen invisibilizarse en las interacciones interpersonales, pero están ahí, como las calles de la caótica ciudad.


[1] The Internet Movie Database. “Medianeras” (2005). Consultado el 29 de octubre de 2011, en: http://www.imdb.com/title/tt0455622/

[2] The Internet Movie Database. “Medianeras” (2011). Consultado el 29 de octubre de 2011, en: http://www.imdb.com/title/tt1235841/

[3] Taretto, Guatavo. “Nota del director”. Medianeras. Consultado el 29 de octubre de 2011, en: http://www.medianeras.com/historia.php

Libertad vulnerada: Usuarios de redes sociales, gobiernos y crimen organizado en México

De mi columna Coordenadas Móviles en Razón y Palabra.

 

El gran sueño en torno a Internet ha sido, durante muchos años, la contribución al desarrollo de la democracia, principalmente por medio de la posibilidad de comunicarse libremente. Sin embargo, durante años hemos conocido una serie de casos de ataques a la libertad de expresión, en distintos lugares del mundo, donde no conviene a los regímenes totalitarios que los ciudadanos ejerzan su derecho a la comunicación.

En México, el escenario en torno a la libertad de expresión se ha enturbiado considerablemente: a de los cada vez más frecuentes asesinatos de periodistas, se suman los ataques contra civiles, usuarios activos de Internet, de los cuales hemos conocido algunos en el mes más reciente. La particularidad ahora es que tales ataques provienen de dos lados: el crimen organizado y el gobierno.

Una de las noticias del 15 de septiembre fue escalofriante: Se encontraron los cuerpos descuartizados de un hombre y una mujer en Nuevo Laredo, presuntamente victimados por Zetas, en represalia por difundir noticias sobre la situación de violencia del norte del país, mediante Facebook, Twitter y los blogs Al rojo vivo y Blog del narco[1]. Unos días después, en la misma ciudad, se encontró el cuerpo de una mujer, también mutilada y decapitada, por iguales razones[2].

Otra noticia impactante vino de Veracruz, donde dos tuiteros, Gilberto Martínez y María de Jesús Bravo, fueron acusados de terrorismo, el 30 de agosto. La versión oficial señaló que ellos dispersaron el rumor de un ataque en la ciudad, a pesar de que había información que indica que el pánico en las calles empezó antes que los tuits[3]. Aunque estos ciudadanos fueron liberados el 21 de septiembre, se tipificó un nuevo delito: perturbación del orden público, en el Código Penal de Veracruz; la intención es sancionar con cárcel a quienes difundan rumores que, desde la perspectiva del gobierno, alteren el orden público[4].

Éste momento de libertad vulnerada es clave para recordar el Informe MacBride y su planteamiento del derecho a comunicar como prerrequisito para los otros derechos humanos. ¿Qué posibilidades tienen los ciudadanos para hacer frente a las amenazas que, contra la libertad de expresión, se producen desde el crimen organizado y desde el gobierno? ¿Replegarse a lo privado? ¿Arriesgar por seguir construyendo lo público? ¿Pensar en maneras creativas de seguir denunciando lo que todos sabemos que ocurre, aunque para muchos convenga hacer un voto de silencio?

 


[1] Arana, A. “Murders a warning to Mexican social media users”. Uncut. Consultado el 16 de septiembre de 2011 en: http://uncut.indexoncensorship.org/2011/09/murders-a-warning-to-mexican-social-media-users/

[2] Sin Embargo. “Decapitan a bloguera en Nuevo Laredo por informar sobre narco”. Consultado el 28 de septiembre de 2011 en: http://www.sinembargo.mx/24-09-2011/45407

[3] La Plaza. “Veracruz panic started before ‘terrorist’ tweets, reports say”. Consultado el 12 de septiembre de 2011 en: http://latimesblogs.latimes.com/laplaza/2011/09/twitter-mexico-veracruz-details-confusion-rumor-precedents.html?dlvrit=99665

Imagen de Veracruz. “Inocente, tuitero detenido”. Consultado el 12 de septiembre de 2011 en: http://www.imagendeveracruz.com.mx/vernota.php?id=99663

[4] BBC Mundo. “Liberan a tuiteros encarcelados en México”. Consultado el 21 de septiembre de 2011 en: http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2011/09/110921_ultnot_mexico_liberan_tuiteros_veracruz_jrg.shtml

BBC Mundo. “Cruzada oficial contra tuiteros en México”. Consultado el 7 de septiembre de 2011 en: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/09/110905_twitter_terrorismo_veracruz_an.shtml

Saber y certificar que se sabe: Notas sobre Internet y el conocimiento

De mi columna Coordenadas móviles, en Razón y Palabra.

 

La Universidad de Stanford se ha propuesto hacer un experimento en educación distribuida, a partir de la oferta de tres cursos en este otoño: Introducción a la Inteligencia Artificial[1], Introducción a las Bases de Datos[2] e Introducción al Aprendizaje Automático[3]. La particularidad es que los cursos, además de realizarse de manera presencial, estarán disponibles en línea, gratis, para gente de todo el mundo y con requisitos mínimos, tanto de conocimientos previos —probabilidad, álgebra linear, lenguajes de programación y, por supuesto, conocimiento del idioma inglés— como de equipo—computadora con una buena conexión a Internet—.

Obviamente, no es la primera vez que se explota a Internet para propósitos educativos, las experiencias de educación en línea han probado su eficacia por años, muchas universidades mantienen presencia en entornos virtuales como Second Life y gran cantidad de materiales educativos están disponibles en espacios como iTunes U y YouTube Edu. A eso hay que sumar las experiencias de uso de wikis y otras plataformas para trabajar documentos en forma colaborativa, los bases de datos académicas, los sitios para compartir archivos y más. Esto es ligeramente diferente, se trata de cursos ofertados de una manera muy abierta —me refiero a la gratuidad y la ausencia de requisitos muy complicados para el ingreso—, por una universidad de gran prestigio mundial. Sin embargo, quienes tomen los cursos en línea no obtendrán un certificado de la universidad, sino solamente una especie de reporte del profesor, con información sobre el desempeño del estudiante.

Esto abre algunos cuestionamientos sobre la pertinencia del conocimiento y de la acreditación del conocimiento. ¿Qué es lo importante realmente?, ¿haber estudiado con los expertos y tener una serie de competencias en un área de especialidad?, ¿o el pedacito de cartón, avalado por una institución, que certifica que uno ha estudiado algo y que, para efectos prácticos, se traduce en fichas para la vida en el mundo académico? Planteado de otro modo, ¿importa más saber o poder documentar que se sabe algo?

En ese sentido, mucho de lo que se aprende en Internet —y en la vida— no está avalado por títulos, certificados o diplomas; sin embargo, las competencias y recursos con que se cuenta, permiten a los sujetos realizar ciertas prácticas y posicionarse en determinadas áreas. Cristóbal Cobo y John W. Moravec ya han trabajado sobre el concepto de “aprendizaje invisible” y pueden dar muchas luces sobre estas transformaciones. De cualquier modo, cuando algo se transforma, no lo hace de manera aislada; el camino por recorrer es casi tan amplio como las preguntas que van surgiendo en esta coyuntura.

 

 


[1] Stanford Engineering. “Introduction to Artificial Intelligence”. Consultado el 27 de agosto de 2011, en: http://www.ai-class.com/

[2] Stanford Engineering. “Introduction to Databases”. Consultado el 27 de agosto de 2011 en: http://www.db-class.com/

[3] Stanford Engineering. “Introduction to Machine Learning”. Consultado el 27 de agosto de 2011 en: http://www.ml-class.com/

El activismo en la era de Internet: algunos matices necesarios

De mi columna, Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

 

Sin Internet, correo, blogs y esas cosas, el activismo era distinto, no tenía alcance global. Lo anterior es señalado por un activista, en Los días de la tierra, de Robert Stone. En este documental —que, confieso, no me fascinó— se presenta una serie de experiencias de los activistas estadounidenses que, desde el movimiento ecologista, iniciaron la celebración del Día de la Tierra, para concientizar a la sociedad sobre la necesidad de cuidar el medio ambiente. Una de las reflexiones secundarias que se plantean se centra en las labores de difusión del movimiento. En aquel tiempo, a finales de los 60 y principios de los 70, sus estrategias de comunicación se reducían a los medios impresos; de modo que el alcance de sus mensajes era limitado. Hoy, a pesar de la represión en muchos países, Internet se ha vuelto una herramienta fundamental para el activismo. Esto, aunque sea un hecho, no debe “darse por hecho”, por al menos dos razones: la vinculación entre lo local y lo global y la posible ilusión de la participación.

Diversos autores, como Manuel Castells y Jordi Borja[1], han planteado que en nuestros tiempos, con las tecnologías de información y comunicación, se vinculan lo global y lo local en varios sentidos: la red permite interactuar a distancia y elimina —o al menos modifica— las necesidades de desplazarse físicamente, en consecuencia, esto permite a las personas formar parte de comunidades globales. En la década de los 90, fue una preocupación para muchos pensar que las posibilidades de integración global irían en detrimento de las identidades locales. Yo me inclino por pensar en las particularidades locales que permiten identificarse o no con causas globales. ¿Se identifican determinados problemáticas como algo que nos atañe a todos? ¿Se toman acciones en consecuencia? ¿Se vincula el activismo en la red con el activismo en la calle? ¿Se considera que la participación local puede contribuir efectivamente con determinadas causas?

Las revoluciones árabes, por sus evidentes usos de las redes de comunicación digital, han permitido colocar los reflectores sobre los sitios de redes sociales, concretamente sobre Facebook y Twitter. Para muchos, la tecnología es determinante en tales revoluciones. La proliferación de “causas” en Facebook y de hashtags usados para el activismo en Twitter son acciones interesantes; sin embargo, es complicado identificar las posiciones del péndulo, es decir, ¿quiénes, entre los que dan clic o retuitean, están realmente comprometidos con la causa que apoyan?, ¿quiénes lo hacen por construir una imagen —visible, sobra decirlo— de alguien que está presente “en los mejores eventos”?, ¿quiénes, además del clic, están involucrados con otras actividades en pro de la causa, en cualquier lado de la pantalla? En ese sentido, se hace necesario preguntarnos por los factores que motivan a los ciudadanos a integrar la lucha en la red con la lucha en la calle y en qué medida contribuye el activismo en la red al logro de los objetivos de los movimientos. Recientemente, Micah White[2] ha cuestionado el clicktivism, por considerar que reducir el activismo a la red puede ser perjudicial para los movimientos sociales y políticos, puesto que, a veces, se pierde la esencia de la lucha, entre el entusiasmo por las cantidades de clics, firmas, participantes y apoyos obtenidos. Esto no es algo exclusivo de la red, en las marchas realizadas de manera presencial, también podríamos encontrar distintos niveles de compromiso y cuestionar si la esencia del movimiento se conserva en todos. De cualquier modo, es pertinente considerar los planteamientos de White, para analizar el papel de la tecnología en el activismo.

Sin duda, el activismo en la era de Internet es radicalmente diferente, por el alcance global de las redes; los sucesos recientes en Medio Oriente, Europa y el norte de África, nos han permitido observar el poder de la comunicación. No obstante, pensar que la sola presencia de la tecnología nos hará democráticos, resulta quizás ingenuo. Los factores que inciden sobre la participación de la sociedad en diferentes causas, son cada vez más complejos.

 


[1] Borja, Jordi y Manuel Castells. Local y global. La gestión de las ciudades en la era de la información. Taurus. Madrid, 1998.
[2] White, Micah. “Clicktivism is ruining lefting activism”. The Guardian. Consultado el 30 de Julio de 2011, en http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2010/aug/12/clicktivism-ruining-leftist-activism.

Acceso y libertad: El derecho humano a Internet

De mi columna Coordenadas Móviles en Razón y Palabra.

Hace un año, Finlandia estableció la conexión de banda ancha como derecho humano. Se trató del primer país en el mundo que lo consideró. Sus puntos de partida fueron la intención de desarrollar una sociedad de la información y el reconocimiento de que no todos los ciudadanos tenían acceso[1], a pesar de tratarse del primer mundo. En aquel momento no faltaron las opiniones que señalaban que, a diferencia de otros países, Finlandia no tenía problemas graves de derechos humanos y que por eso podía darse el lujo de plantear un derecho así. En otros países, de condiciones bastante diferentes, también se ha discutido y, en varios casos, creado este derecho.

En mayo pasado, la Asamblea General de las Naciones Unidas —a través del Reporte del Relator Especial sobre promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y expresión, Frank La Rue— ha reconocido el derecho humano a Internet, en relación con la libertad de expresión. Los argumentos de la ONU parten de la naturaleza transformadora de Internet, para posibilitar el ejercicio individual de la libertad de expresión, pero también para potenciar otros derechos humanos y para promover el progreso de la sociedad. Para ello, se concentra en dos dimensiones: el acceso al contenido y el acceso a la infraestructura física y técnica que permite acceder a Internet. Además, señala su preocupación ante los atentados contra la libertad de expresión en Internet, que han encabezado diversos gobiernos, con el bloqueo arbitrario de contenidos, la criminalización de la expresión, entre otros mecanismos. Ante esto, ha formulado recomendaciones para que los gobiernos garanticen el acceso a todos los ciudadanos[2].

Pensar Internet como derecho humano tiene al menos dos aristas: 1) el derecho al acceso a las TIC, 2) el derecho a la libertad de expresión.

Gran parte de los argumentos en pro de la consideración de Internet como derecho humano, se centran en la condición de posibilidad para el cambio social y para la defensa de los demás derechos, a partir del acceso, uso y apropiación de la tecnología, entre los derechos de cuarta generación; considerando de primera generación a los derechos civiles y políticos establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos; de segunda generación, a los de naturaleza económica, incorporados desde una tradición humanista y socialista; de tercera generación, a los derechos de la solidaridad, con grupos de edad, minorías étnicas/religiosas, y países tercermundistas, víctimas de la discriminación; y de cuarta generación, a las formas que, en el ciberespacio, cobran los derechos de primera, segunda y tercera generación[3].

El desarrollo de la tecnología ha estado históricamente vinculado al poder, pero Internet ha sido también apropiado por ciertos segmentos de ciudadanos.

Esto no supone de manera automática un elemento democratizador, pero no cabe duda de que es una dinámica que cambia la orientación concentrada y centralizadora que ha caracterizado hasta el momento a gran parte del desarrollo tecnológico. Ahora es posible establecer prácticas comunicativas que derrumban los muros de la antigua polis. Este cambio cualitativo trae consigo nuevas oportunidades de autogestión social, control social horizontal y de participación ciudadana, en pro de una mayor transparencia social. La Red aparece así como uno de los escenarios donde se dirime una de las más decisivas batallas por la libertad de expresión y, por ende, por los derechos humanos en general[4].

 

Amnistía Internacional ha señalado a Internet como nuevo escenario de la lucha por los derechos humanos, por los abusos en la vigilancia y las restricciones al uso de las TIC y a la expresión pública por medio de ellas[5].

Internet, precisamente por esa capacidad transformadora e interactiva que ha señalado Frank La Rue en su reporte, no es simplemente un medio más; es uno donde hay demasiado en juego, en términos de derechos humanos.

 


[1] BBC News Technology. “Finland makes broadband a ‘legal right’”. Consultado el 1 de septiembre de 2010, en http://www.bbc.co.uk/news/10461048

[2] United Nations. General Assembly. “Report of the Special Rapporteur on the promotion and protection of the right to freedom of opinión and expression, Frank La Rue”. Consultado el 16 de junio de 2011, en http://www2.ohchr.org/english/bodies/hrcouncil/docs/17session/A.HRC.17.27_en.pdf

[3] Bustamante Donas, J. “Hacia la cuarta generación de derechos humanos: repensando la condición humana en la sociedad tecnológica”. Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación, 1. Consultado el 24 de septiembre de 2010, en http://www.oei.es/revistactsi/numero1/bustamante.htm

[4] Bustamante Donas…

[5] Amnistía Internacional. “Internet y derechos humanos”. Consultado el 24 de septiembre de 2010, en http://www.es.amnesty.org/temas/empresas/internet-y-derechos-humanos/

Increíbles descubrimientos: el presente, el futuro y el eG8

De mi columna Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

 

Recientemente, se anunció con bombo y platillo la celebración del eG8, una reunión paralela a la cumbre del G8, en la cual Internet fue colocado como tema de la agenda internacional. Los líderes de ocho países desarrollados —Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia— discutieron, junto con los líderes de la red —Facebook, Google, Wikimedia y más—. Mucho podría discutirse al respecto, pero quiero centrarme en un asunto: de acuerdo con el programa[1], el mensaje de bienvenida del anfitrión Nicolas Sarkozy[2], así como algunas de las discusiones, Internet se entiende como algo vinculado al futuro, como una serie de oportunidades y posibilidades para el crecimiento económico y la democracia. En el comunicado de prensa que se emitió al finalizar el encuentro[3], se enfatiza que Internet ha sido incorporado por primera vez en la agenda, en estas cumbres.

Habría que preguntarnos, sin embargo, ¿Internet es el futuro o es el presente de nuestras sociedades? Desde hace más de diez años, Manuel Castells habla de la sociedad red, como una estructura que caracteriza a nuestros tiempos y que se ha construido alrededor de las redes digitales de comunicación, de modo que la vida económica, política, social y cultural atraviesa por la red[4]. Y, en eso, mucho han tenido que ver varios de los países participantes: Internet se desarrolló en Estados Unidos, Francia tuvo su experiencia con el Minitel, gran parte de los dispositivos vienen de Japón, los habitantes de los países miembros del G8 tienen altos niveles de acceso a las TIC. Todo esto parece haberse dado por hecho.

En ese sentido, pensar en Internet y ver sólo hacia el futuro resulta parcial y un tanto engañoso, porque aleja la mirada de las experiencias, de lo construido a lo largo de años de innovación y apropiación. Sobre todo, pensar en Internet y cerrar la discusión, entre gobernantes y empresarios, resulta aún más parcial, porque olvida actores clave en el desarrollo y el estudio de la red: la ciudadanía y la academia, los protagonistas de las transformaciones y aquéllos que pueden contribuir a explicar lo que ha sido y lo que puede ser de la comunicación digital.

De cualquier modo, el encuentro ha servido para observar las posiciones encontradas en torno a distintos asuntos, tales como la regulación: los gobiernos plantean la necesidad de regular la Internet, con la bandera de la defensa de la privacidad, la autoría intelectual y la lucha contra la pornografía infantil; los creadores de Google y Facebook manifestaron su desacuerdo con la idea de las regulaciones, con la bandera de lo colectivo y de la libertad. Los intereses se mueven por todos lados, aunque los de los ciudadanos no estuvieron plenamente representados en la discusión.

Regular o no regular es, claramente, un debate de presente y no de futuro. Si bien todas las acciones deberán orientarse hacia él, la miopía de los líderes de las economías desarrolladas no les permite ver que el increíble descubrimiento de Internet como posibilidad ya había sido hecho años atrás y que, en otros ámbitos, la discusión lleva gran ventaja. Sobre todo, olvidan que la apropiación por parte de los ciudadanos, sigue sus propias lógicas, es diversa y se encuentra en permanente transformación.

Discutir sobre Internet es una necesidad, pero es evidente que los gobernantes han llegado tarde a la discusión. Bien escribió Wislawa Szymborska hace algunos años: “cuando pronuncio la palabra futuro, la primera sílaba pertenece ya al pasado”.


[1] E-G8 Forum. “Agenda”. Consultado el 24 de mayo de 2011, en http://www.eg8forum.com/fr/agenda/

[2] E-G8 Forum. “Mot d’accueil du Président de la Republique”. Consultado el 25 de mayo de 2011, en http://www.eg8forum.com/fr/discours/editorial/

[3] E-G8 Forum. “Press release”. Consultado el 31 de mayo de 2011, en http://www.eg8forum.com/en/documents/press-release/Final_press_release_May_30th.pdf

[4] Castells, Manuel. La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. Siglo Veintiuno Editores. México, 2001.

 

Mirar otras verdades: A Tunisian Girl y Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico

De mi columna Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

Ser blogger en países con regímenes políticos adversos para la libertad de expresión no es fácil, sobre todo si se es mujer. En este contexto, resulta importante mirar A Tunisian Girl[1], que fue seleccionado como mejor blog, en The BOBs (Best of the Blogs), un concurso en el cual la cadena alemana Deutsche Welle premia a los mejores blogs del año[2]. La autora es Lina Ben Mhenni, una joven tunesina de 27 años, que es profesora en la Universidad de Túnez y escribe su blog —en árabe, francés e inglés— desde 2007[3]; en él cuenta de la represión y la censura en el régimen de Ben Ali, quien fue presidente de ese país durante 23 años y fue derrocado en enero de este año[4].

Hace algunos años, Aaron Chiesa, Toru Kageyama, Hendy Sukarya y Lisa Temes, de la Vancouver Film School, presentaron un cortometraje animado bajo el título Iran: a nation of bloggers[5]; en él hablaban de “una revolución dentro de otra revolución”, en referencia a las vías que habían encontrado los jóvenes iraníes para expresarse públicamente y decir lo que estaba prohibido decir, a partir de la revolución digital que ha transformado la comunicación.

Al blogging se han sumado otras prácticas de comunicación mediante sitios de redes sociales, o plataformas de intercambio de contenidos, que han sido particularmente importantes para las ahora llamadas “revoluciones” en el mundo árabe: Túnez, Egipto, Libia y más. Las redes de comunicación digital que soportaron estos movimientos se han densificado y es imposible tratar de aislarlas. Sin embargo, es importante reconocer el carácter pionero de los bloggers, en la búsqueda de visibilizar las condiciones políticas y sociales en que han vivido por tantos años. Cabe señalar que en el blog de Lina Ben Mhenni, se observa que no sólo defiende la libertad de expresión, sino otros derechos humanos. Concretamente, aboga por el reconocimiento de las mujeres en los grandes cambios sociales: “Social progress can be measured by the social position of the female sex”, dice en su blog[6].

Otros blogs recibieron premios especiales de la Deutsche Welle; entre ellos, llama la atención el premio Reporteros sin Fronteras, que fue otorgado a Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico[7], de la periodista española radicada en México, Judith Torrea. Como su título indica, en ese blog se documentan las implicaciones que la llamada guerra contra el narcotráfico, emprendida por el presidente Felipe Calderón, tiene sobre Ciudad Juárez.

Tal esfuerzo cobra relevancia en un país donde gran cantidad de medios de comunicación firmaron el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia[8] —bajo el argumento de evitar que la cobertura informativa de la violencia propague el terror entre la población, pero también bajo el sello de Iniciativa México y con el apoyo del Gobierno Federal— y donde las versiones oficiales de la información plantean un escenario optimista, que reduce a “daño colateral” la pérdida de vidas civiles. Como en el caso de A Tunisian Girl, el poder de Judith Torrea en Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico está en visibilizar otras perspectivas de la información, que no suelen tener cobertura en los medios tradicionales.

El poder de los premios, más allá del merecido reconocimiento para los autores de los blogs galardonados, radica en colocar esos esfuerzos arriesgados y políticamente incorrectos en el foco de interés global, permite mirar otras verdades.


[1] A Tunisian Girl. Consultado el 16 de abril de 2011, en http://atunisiangirl.blogspot.com/

[2] Deutsche Welle Blog Awards. “And the winners are”. Consultado el 16 de abril de 2011, en http://thebobs.dw-world.de/en/2011/04/12/and-the-winners-are/

[3] Deutsche Welle Blog Awards. “The BOBs: ‘A Tunisian Girl’ wins Deutsche Welle Blog Awards”. Consultado el 16 de abril de 2011, en http://www.dw-world.de/dw/article/0,,6501289,00.html

[4] El Mundo. “Ben Ali, 23 años de poder sin límites”. Consultado el 28 de abril de 2011, en http://www.elmundo.es/elmundo/2011/01/14/internacional/1295033168.html

[5] Rocketboom. “Iran: A nation of bloggers”. Consultado el 20 de abril de 2011, en http://www.youtube.com/watch?v=_TW7BzkuUKg

[6] A Tunisian Girl. Consultado el 16 de abril de 2011, en http://atunisiangirl.blogspot.com/

[7] Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico. Consultado el 16 de abril de 2011, en http://juarezenlasombra.blogspot.com/

[8] Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia. Consultado el 28 de abril de 2011, en http://www.mexicodeacuerdo.org/