Entre el equipamiento y la apropiación tecnológica

De mi columna, que se llama igual que este blog, en Razón y Palabra.

 

La primera vez que usé una computadora, fue en 1993, cuando era yo una estudiante de secundaria. Antes ya las había visto en algunas oficinas, pero nunca había estado yo sola frente a una, moviendo la tortuguita de Micromundos, a partir de una serie de comandos que pronto me parecieron limitados; había visto mayor interacción algunos años antes en Atari y Nintendo. Si no mal recuerdo, el siguiente paso fue la utilización de Works. La gran decepción vino al llegar al bachillerato, porque no había Micromundos ni Works, sino MS-DOS, cosa que nos parecía francamente arcaica para estar en 1996. El manual que utilizábamos para la clase, había sido escrito por nuestro profesor y era fotocopiado de generación en generación, hasta que algunas partes del texto prácticamente no se veían. Como resultado, mis compañeros y yo aprendimos mucho más en casa, con nuestras primeras PC, experimentando y equivocándonos, descubriendo el arte del ensayo y error.

Las cosas parecen no haber cambiado mucho en estas casi dos décadas. Mucho se habla ahora de que los niños y adolescentes desarrollan habilidades para el uso de la tecnología, fuera de la escuela y que aventajan, en este sentido, a sus profesores.

Una evaluación, comandada por Cristóbal Cobo Romaní en 2008, sobre el programa Enciclomedia[1], reconoce la importancia de incorporar herramientas y estimular el desarrollo de habilidades en profesores y estudiantes, así como llevar las TIC a comunidades tradicionalmente marginadas; pero también señala que el programa ha priorizado el equipamiento tecnológico y no se ha trabajado en estrategias de seguimiento a la mejora educativa.

Con esto coincide un estudio hecho por Diana Sagástegui[2], acerca de las implicaciones culturales de la introducción del programa Enciclomedia, en las escuelas primarias públicas del estado de Jalisco. La investigadora concluye que la implementación de éste, hizo evidente que el esfuerzo se concentra en los aspectos técnicos y se carece de una visión integral de su utilización en situaciones educativas.

De igual modo, el Informe Final de la Evaluación Externa 2010 en materia de diseño, del Programa de Habilidades Digitales para Todos[3], ha señalado que, si bien el programa está claramente definido y es coherente con los objetivos planteados en el Plan Nacional de Desarrollo, hay deficiencias, ya que el equipamiento y el diseño del material no basta para la apropiación real de las herramientas tecnológicas en la enseñanza. En muchos casos, los perfiles de los docentes no han desarrollado habilidades digitales, lo que dificulta su trabajo y crea un rechazo a las tecnologías de información y comunicación.

No se trata de condenar a los profesores ni de calificarlos de pre-cibernéticos. La apropiación de la tecnología, según han señalado diversos estudios, tiene que ver con la edad, el nivel socioeconómico, el género, los entornos y otros factores. Pensar que muchos docentes que no nacieron —y quizá tampoco crecieron— con las computadoras, pueden adquirir competencias digitales mágicamente, con el simple hecho de que la pantalla de Enciclomedia llegue a sus aulas, es francamente ingenuo y poco estrátegico.

No es un secreto que ocurre con demasiada frecuencia que los funcionarios hablan de mejoras educativas a partir de la adquisición de computadoras nuevas para las escuelas. Ocurre también que se habla de resolver los problemas de la brecha digital con inversión en equipamiento tecnológico. Ocurre, sobre todo, que mientras el optimismo se centra en las TIC en sí mismas, se deja fuera de la discusión a las competencias digitales y al conocimiento.

Justamente, Cristóbal Cobo Romaní, plantea que es fundamental “avanzar hacia un proyecto de sociedad basada en el uso intensivo del conocimiento cuyo principal valor agregado no esté en la calidad de los equipos tecnológicos que se utilicen ni en los índices de ancho de banda per capita, sino que en los planes estratégicos de educación, innovación y renovación del conocimiento”[4].

Al mismo tiempo que Cobo señalaba lo anterior en su blog, Carlos Scolari planteaba, en una charla en el ITESO, que “la escuela debería mejorar la interfaz con los alumnos”. Quizá podríamos pensar en otras interfaces susceptibles de mejora: entre las autoridades educativas y los partícipes de la escuela, entre la academia y los funcionarios, entre todos los anteriores.


[1] Cobo Romaní, Cristóbal y Lucía Fernanda Tello de Meneses (2008). Informe Programa Enciclomedia. México: FLACSO México.

 

[2] Sagástegui Rodríguez, Diana (2007). Culturas digitales: una aproximación al uso de tecnología hipermedia en las escuelas. En Robinson Studebaker, Scott, Héctor Tejera Gaona y Laura Valladares de la Cruz (coordinadores). Política, etnicidad e inclusión digital en los albores del milenio (pp. 409-429). México: UAM Iztapalapa.

[3] Zorrilla Alcalá, Juan Fidel et al (2010). Informe Final de la Evaluación Externa 2010 en materia de diseño. Programa de Habilidades Digitales para Todos. México: Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación.

[4] Cobo Romaní, Cristóbal (2010, mayo 31). ¿Y la madurez tecnológica cuándo? E-rgonomic. Apuntes digitales. Disponible en: http://ergonomic.wordpress.com/2010/05/31/2872/

El registro del instante… al instante

De mi columna, Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

Esa noche Joaquín Sabina dio un concierto en mi ciudad; no fui, pero en mi muro de Facebook aparecieron fotos y comentarios sobre su concierto mientras éste transcurría; después vinieron los videos y los comentarios de quién se encontró con quién, dónde estaban y hasta de qué platicaron cuando se encontraron. Hace años, había que esperar al día siguiente para ver las notas en medios o esperar a que los amigos y conocidos contaran cómo le fue, si uno no había estado ahí; sobra decir que ahora, en el tiempo de los teléfonos inteligentes, todo está al alcance de un clic, los conciertos, las conferencias, las marchas y manifestaciones, los acontecimientos violentos, los desastres naturales y más. La magia de la imagen y la palabra permite registrar el instante… al instante.

Lo que estas acciones dejan ver es, de entrada, que la calidad técnica de la foto o el video, no necesariamente es lo más importante; si bien cada vez hay cámaras con mejor definición e, incluso, las que están incluidas en los celulares son cada vez mejores, la finalidad de apropiarse la tecnología para captar los instantes y actualizar velozmente se centra en compartir la experiencia a los otros que no están, pero también en comunicar que estoy aquí, no que estuve ahí como antaño, sino que estoy aquí, ahora, en el presente y que es algo que se puede demostrar. José van Dijck y otros autores han señalado que los usos de la fotografía y el video en el siglo XX, han sido muy importantes personal, familiar y culturalmente, puesto que estos materiales se constituyen como la memoria de lo acontecido. El desplazamiento que se produce con las vías de comunicación digital radica, entre otras cosas, en la velocidad con que los contenidos son producidos y fluyen.

Los comentarios, las fotos y videos en tiempo real, se constituyen como una ventana que permite asomarse a un fragmento de los sucesos en el momento que ocurren e interactuar a partir de ello. Podemos pensar que es una manera de explotar el presente. Varios autores, como Bauman, Beck, Lechner, Martín-Barbero y otros, ya han hablado del presente perpetuo como característica de nuestros tiempos. La vida cotidiana se documenta “en el momento” y la memoria construida parece, en ocasiones, un torrente… y a veces es imposible seguir y capturar tal torrente, pero ésa, como diría la nana Goya, “es otra historia”.

El instante adquiere relevancia y se configura como un valor fundamental en la comunicación digital, pero hay otro elemento clave: la experiencia vivida. Subir a Facebook la foto de la manifestación en que estoy es, como había señalado líneas arriba, comunicar que estoy presente y participo en ella, es decir, que no es algo que me contaron, sino que lo vivo. Esto se ha evidenciado, sobre todo, en los casos de desastres naturales; donde una foto, un video o la ubicación de un twitt en el mapa, da legitimidad para hablar de los sucesos, porque se tiene información de primera mano.

¿Quién iba a pensar, en los primeros años de Internet, que esto sería posible? En aquel tiempo se pensaba en los usuarios de la red, como adolescentes sin vida social, gordos por comer comida chatarra para no despegarse de la máquina, pálidos por la ausencia de sol. Lo de hoy, sin embargo, es la movilidad… y el instante.

Cruce de pantallas: la convergencia mediática en el cine

De mi columna (que se llama igual que este blog) en Razón y Palabra.

“El espectador de cine es un invento del siglo XX”, señala Néstor García Canclini[1] y explica que con la construcción de salas, a partir de 1905, se formaron hábitos de percepción, asistencia, ritualidad colectiva —que implica sumergirse en salas oscuras, elegir la distancia de la pantalla, intercambiar impresiones y más—. Contra todos los pronósticos que anunciaban la muerte de las salas de cine, vemos que aún existen, en estos años del siglo XXI y que, entretanto, se transforman en muchos sentidos.

Quizá la transformación más evidente consiste en que encontramos salas cada vez más cómodas y pantallas de mejor calidad, que permiten ser partícipes de experiencias audiovisuales complejas. Las pantallas “normales” (lo que sea que eso signifique) coexisten con pantallas IMAX y 3D; las salas con butacas amplias y confortables comparten sus labores con salas VIP.

Pero una transformación importante opera en el terreno de los contenidos y no me refiero aquí a las narrativas cinematográficas en sí mismas, sino a la irrupción de espectáculos y deportes en espacios tradicionalmente exclusivos para la proyección de películas —no en vano decimos “vamos al cine”—. Desde principios de 2008, Cinépolis y Warner Music México se unieron para exhibir conciertos masivos grabados en digital[2]. El 23 de marzo de 2010 se presentó el concierto “Thalía en primera fila”, en 14 salas de cine de distintas ciudades; la particularidad de la función es que incluyó una videoconferencia desde Miami, en la cual la cantante mexicana interactuó con sus fans.

Lo inmediato se ha hecho presente a través de los deportes en vivo… y en el cine —¿acaso tendría sentido ver un partido meses después, cuando ya es de sobra conocido el resultado?—. El 25 de octubre de 2009 fue el turno del partido Chivas-América, la transmisión fue vía satélite, con la tecnología de alta definición de Televisa y pudo apreciarse en las salas 3D también de Cinépolis[3]. Ese mismo mes, la cadena mexicana de cines firmó un convenio para exhibir distintas peleas estelares de la World Wrestling Entertainment (WWE), lo que representa la llegada del “pago por evento” a las salas de cine; los boletos para estas funciones son más caros —aunque no tanto como el “pago por evento” en los sistemas de televisión satelital y por cable—, pero a cambio ofrecen imágenes de gran calidad técnica[4].

Se aprecia así un fenómeno de convergencia; en el caso concreto de las salas de cine, hay una irrupción de contenidos que no han sido generados específicamente para cine; de otro lado, hay un desplazamiento de la asistencia a espectáculos y deportes, hacia la televidencia —para usar el término de Guillermo Orozco— y ahora hacia la cinevidencia de los mismos. Estar en un estadio disfrutando de un partido de fútbol implica la experiencia de lo colectivo; ver el partido en televisión, desde casa, significó llevar algo público a un ámbito privado; llevar el mismo partido a una pantalla de cine, es quizá también recuperar la experiencia colectiva, pero combinada con la mediación tecnológica.

Más allá de la experiencia, lo técnico es también importante: es evidente que nadie, en casa, puede ver un clásico en 3D en una pantalla de grandes dimensiones; tampoco hay posibilidades reales de conectarse en videoconferencia e interactuar con su cantante favorito al terminar el concierto. Habrá que releer a McLuhan, habrá que regresar a los planteamientos de su discípulo Derrick de Kerchove sobre las pantallas y a lo que ha señalado Hans Ulrich Gumbrecht sobre la producción de presencia. Y, por supuesto, habrá que retornar a Guillermo Orozco para repensar las audiencias en estos entornos cada vez más diversificados.

Obviamente, pensar una intersección de medios y contenidos como la anteriormente expuesta, implica mirar también lo estructural, cómo es que convergen Cinépolis, Warner, Televisa, la WWE y las que se acumulen.

Por lo demás, mucho se ha dicho ya que los medios no se desplazan unos a otros, sino que se integran en un ecosistema mediático bastante complejo. El cine no murió cuando nació la televisión, tampoco cuando nació el video y menos cuando emergió la internet. No murió el cine y es evidente que tampoco han muerto —ni morirán— las salas de cine.


[1] García Canclini, Néstor (1994b). “Del cine al espacio audiovisual”. En García Canclini, Néstor (coordinador). Los nuevos espectadores. Cine, televisión y video en México. México: CONACULTA – IMCINE. Pp. 22-37.

 

[2] El Universal (2008, enero 15). Llevarán conciertos masivos al cine. Disponible en: http://www.eluniversal.com.mx/notas/474415.html

[3] Cine Premiere (2009, octubre 21). América contra Chivas… ¡en pantalla de cine y en 3D! Disponible en: http://www.cinepremiere.com.mx/node/7462

[4] CNNExpansión (2009, octubre 12). Cinépolis se sube al ring de l WWE. Disponible en: http://www.cnnexpansion.com/negocios/2009/10/09/la-wwe-llega-al-cine

El tiempo de los políticos en Twitter: el caso mexicano

De mi columna (que se llama igual que este blog) en Razón y Palabra.

Hubo un tiempo sin políticos en Twitter, muchos de ellos no sabían qué era, quizás otros tantos no lo sepan aún. Vino Barack Obama y muchos se maravillaron ante su exitosa campaña en sitios de redes sociales, sobre todo en Facebook y YouTube; vino después el boom de Twitter, el microblogging se popularizó y los grandes medios de comunicación voltearon a verlo, en medio de crisis como las de Irán y Honduras. Entretanto, algunos políticos — impulsados tal vez los menos, por interés genuino; tal vez los más, por recomendación de sus equipos de comunicación y relaciones públicas — fueron llegando a Twitter.

Varios políticos mexicanos tienen presencia actualmente en Twitter. Algunos, como el panista Javier Corral[1], el diputado federal por el PRI, Salvador Caro[2] son muy activos en Twitter y suelen estar en diálogo permanente con sus seguidores. Hay quienes cuentan asuntos cotidianos de sus labores políticas o incluso de su vida diaria, como los senadores Javier Castellón[3], del PRD; Dante Delgado[4], del PT respectivamente; Gerardo Fernández Noroña[5], diputado federal por el PRD; el delegado panista Demetrio Sodi[6] y los gobernadores Rodrigo Medina, Nuevo León[7] y José Calzada[8], de Querétaro.

Otros también participan, aunque no de modo tan continuo e incluso llegan a desaparecer varios días, como el senador perredista Carlos Navarrete[9], el también diputado federal Porfirio Muñoz Ledo[10] y el presidente del PRD, Jesús Ortega[11].

Algunos más, como Andrés Manuel López Obrador[12] y el embajador mexicano Arturo Sarukhan[13], tienen participación constante, pero caracterizada por el monólogo; es decir, no está entre sus costumbres interactuar con los twitteros. A ellos se suman el presidente Felipe Calderón[14] y el jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard[15], a quienes con frecuencia se les ven boletines de 140 caracteres, subidos en horas de oficina; el primero, incluso, suele tener actualizaciones tan profundas como “He publicado 11 fotos en Facebook en el álbum ‘Eventos 4’”. Ninguno de los cuatro entra en la discusión.

Un caso curioso es el del ex-senador priísta y actual pre-candidato a gobernador en Aguascalientes, Carlos Lozano de la Torre[16], cuya participación en Twitter se ha transformado: en una primera etapa se caracterizó por la presencia de “boletines”, luego vino un tiempo de mayor interacción con sus seguidores (cuando aún era senador) y ahora combina el uso de la plataforma para labores de propaganda (seguramente por parte de su equipo de campaña) con cierta dosis de interacción personal.

Mención aparte merecen los desaparecidos. El panista Julián Velázquez[17] tuvo una participación activa cuando fue diputado federal, contaba de su actividad legislativa y discutía con los ciudadanos; sin embargo, abandonó Twitter cuando decidió buscar una candidatura; de hecho, en su último tweet informa “He decidido solicitar licencia a mi cargo de Diputado Federal para buscar la candidatura al gobierno del Estado de Tlaxcala”.

Un desaparecido más es el tapatío Aristóteles Sandoval[18], actual presidente municipal de Guadalajara, cuyo último tweet de una fugaz cuenta, corresponde al 5 de julio de 2009 e invita a acudir a votar en aquellas tierras; es evidente que se trató de un elemento más en una estrategia de campaña y no una vía para estar en contacto con los ciudadanos.

Un caso escandaloso fue el del senador Manlio Fabio Beltrones[19], a quien le duró muy poco el gusto (esto ya no es novedad), ya que el 4 de noviembre del presente año hizo su entrada triunfal a Twitter y dedicó varias horas a interactuar con los ciudadanos y pedir propuestas; pero un día después decidió retirarse, bajo el argumento de que los mensajes le resultaron “tan numerosos e importantes que me han desbordado en este momento”. Ahora en su lugar aparece un feo “Sorry, that page doesn’t exist”. Tras su graciosa huída, apareció la cuenta SanBeltrones[20], que satiriza la participación del senador como SenBeltrones y lo presenta como “el Santo de todos los corruptos” y “el Santo del autoritarismo”, entre otros calificativos.

Lo que varios de los políticos antes mencionados no terminan de comprender es que tener presencia en Twitter — como en otras redes —, no se reduce a tener una cuenta activa, muchas veces operada por profesionales de comunicación y medios; sino que es necesario comprender las lógicas de los usuarios en estas redes. Comunicarse constantemente con los otros, compartir recursos, integrarse en causas, pero sobre todo, interactuar a través de menciones, mensajes directos y etiquetas, son prácticas básicas entre los twitteros. Emplear la red para difundir fragmentos de boletines y reproducir las prácticas de mítines políticos de hablar y hablar y hablar, sin escuchar, significa que no se ha reconocido y apropiado el territorio, que no se ha dado importancia a los interlocutores y que no se ha comprendido para qué sirven las redes sociales en línea.

En la vista rápida de los casos que expuse anteriormente, se aprecia que las diferencias en el uso de Twitter entre los políticos, pueden no estar directamente relacionadas con la edad o el partido político, sino con la actitud de búsqueda y el interés por llevar prácticas comunicativas por estas vías.

Las computadoras, los celulares y la conexión en redes, no crean nuevos ciudadanos. Twitter, Facebook, YouTube, Flickr, los blogs y lo que se acumule, tampoco. Podemos decir, incluso, que los usuarios de estas plataformas somos minoría; pero, sin duda, estas vías posibilitan prácticas de comunicación entre pares y eso constituye un gran espacio democrático. Habrá un tiempo — espero — en que la comunicación entre ciudadanos y representantes populares y otros funcionarios, no sea novedad y no dé para tratarlo como tal en una columna.


[1] http://twitter.com/Javier_Corral

 

[2] http://twitter.com/salvadorcaro

[3] http://twitter.com/Senadocastellon

[4] http://twitter.com/DanteDelgado

[5] http://twitter.com/fernandeznorona

[6] http://twitter.com/demetriosodi

[7] http://twitter.com/RodrigoMedina

[8] http://twitter.com/ppcalzada

[9] http://twitter.com/Navarretecarlos

[10] http://twitter.com/munozledo

[11] http://twitter.com/jesusortegam

[12] http://twitter.com/lopezobrador_

[13] http://twitter.com/Arturo_Sarukhan

[14] http://twitter.com/FelipeCalderonH

[15] http://twitter.com/m_ebrard

[16] http://twitter.com/CarlosLozanoAgs

[17] http://twitter.com/julianvelazquez

[18] http://twitter.com/aristotelesgdl

[19] http://twitter.com/SenBeltrones

[20] http://twitter.com/SanBeltrones

De presencias y ausencias

De mi columna en Razón y Palabra.

“No sé si me altera más la gripe o que nos quitaron el Facebook”, me dijo un compañero una mañana, luego de que en nuestro lugar de trabajo restringieron el acceso a Internet y nos dejaron sin Facebook, LinkedIn, Twitter, YouTube, Flickr, LastFM, blogs y mucho más. Desconozco los argumentos institucionales para tal decisión, pero intuyo que buscan evitar que alumnos, profesores y personal administrativo “perdamos el tiempo” en eso que consideran irrelevante, improductivo y, probablemente, hasta peligroso. Mientras tanto, para los afectados, la restricción significa la pérdida (al menos temporal) de lazos, de la posibilidad de participar en estas prácticas comunicativas que se han vuelto habituales e incluso la negación de la oportunidad de investigarlas.

Con el paso de los días es notable que los más activos usuarios de esas redes, van desapareciendo del mapa. Eso me lleva a varios cuestionamientos: ¿Son las redes sociales en línea fundamentales para vivir? ¿Restringirlas altera significativamente la vida? La respuesta es no. Sin embargo, considero que el malestar viene, por un lado, de la pérdida de libertad y, por el otro, de las ausencias frente a las presencias. Sobre esto último quiero centrar la reflexión.

Las redes sociales en línea han ganado visibilidad, fundamentalmente por dos fenómenos, el crecimiento en el número de usuarios — todos hemos visto notas de que Facebook alcanzó más de 300 millones de usuarios o que Twitter ha crecido en un 2500%, lo que sea que eso signifique, o que Ashton Kutcher tiene más de tres millones de followers también en Twitter — y la utilización de estos recursos para comunicar en medio de crisis políticas o en desastres naturales — los casos de Irán, Honduras y Venezuela siguen vigentes y los recientes reportes sobre el tsunami en el Pacífico Sur fluyen y se constituyen como una vía valiosísima de comunicación tanto para los afectados, como para los que vemos desde lejos —. Pero lo que atraviesa esos dos fenómenos es la incorporación de estas prácticas de comunicación en la vida cotidiana, que sólo ocurre cuando los usuarios deciden conectarse a través de uno o más sitios de redes en línea.

Cualesquiera que sean los motivos y propósitos que llevan a los sujetos a ser usuarios, hay un asunto de fondo: la presencia. Se puede estar a una oficina de distancia o al otro lado del mundo, pero la interacción constante en línea llega a ser algo cotidiano, para comunicar el estado de ánimo, relatar una conferencia desde el lugar en que ocurre, compartir enlaces a noticias y comentarlas, etiquetar gente en fotos y videos, comentar lo que publican los otros, conversar tanto sobre el aniversario de Mafalda como sobre las burradas de Juanito, pasar del test más simple en Facebook a la discusión teórica dura, incluso para desafiar lo mismo a la autoridad que a la propia intimidad.

Las vías son muchas y con bastante frecuencia se cruzan, a través de enlaces que llevan de un blog a Facebook, que a su vez está sincronizado con Flickr y Twitter, que a su vez permite compartir fotos en Twitpic o recuperar ranks de YouTube, que a su vez puede conducir al blog y así sucesivamente, de una red a otra, de una persona a otra, quizá de un interés a otro.

En todos estos ejemplos, el común denominador es que el otro se hace presente, aunque sea a distancia; participa, comparte y se involucra; su intervención se materializa en letras, fotos, videos, música, a veces incluso un simple emoticono que confirma que se está ahí.

Las implicaciones del sentido de presencia en las redes sociales en línea son muchas — ya las he discutido en otros espacios[1] —, quizá la más importante tiene que ver con la idea de proximidad, que ha trascendido el plano físico y ha dado lugar a otras formas de entenderla, con la mediación tecnológica. Pensando en las redes sociales en línea, estar lejos no significa estar ausente, porque se puede hacer presencia; pero desaparecer de la cotidianidad de estas redes sí equivale a estar ausente, a perder un lugar en el mapa por falta de contacto.


[1] Flores Márquez, D. (2008). Otras coordenadas: La lógica de formación de redes de bloggers. IX Congreso Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación. México: Tecnológico de Monterrey CEM, ALAIC.

 

—- (2009a). La vida en blog: Sentidos del blogging autobiográfico. Tesis de maestría. ITESO, Tlaquepaque, México.

—- (2009b). Estar con los otros: Construcciones de sentido en las redes de bloggers. VII Bienal Iberoamericana de la Comunicación. Chihuahua: Universidad Autónoma de Chihuahua, RAIC.

Las causas comunes tienen lugar

De mi columna en Razón y Palabra.

“La AH1N1 es literalmente un estornudo al lado de nuestras cifras de homicidios”. Lo leí en mi timeline en Twitter. Lo escribió el periodista venezolano Luis Carlos Díaz y se refería a su país. Pero lo mismito se podría decir de México, de Colombia, de otros países, casi siempre latinoamericanos. Unos minutos después, otra bomba: “en el ‘informe’ patito de Felipe [Calderón], lo importante no es lo que dice sino lo que NO dice”. Este otro lo escribió Eoz, músico mexicano. Y no es que tales afirmaciones resulten absolutamente novedosas, podríamos incluso decir que eso ya lo sabemos; es sólo que en estas oraciones tan breves como profundas, una no sabe si maravillarse ante el modo de contarlo o sentarse a llorar frente a lo que relatan.

Han corrido ya muchos bytes — y también mucha tinta — acerca del Internet como el espacio donde cabe todo lo inasible, donde los sujetos comunes pueden expresar prácticamente lo que les dé la gana, sea qué desayunaron hoy, sea una opinión política de peso. Al final de cuentas, tanto lo que en apariencia es irrelevante como lo que parece contribuir al debate público, resulta socialmente importante y académicamente pertinente para el análisis, puesto que permite ver manifestaciones de los procesos socioculturales contemporáneos. Desde mi perspectiva, mirar la conversación sobre política en las redes construidas en Internet, no es relevante por lo político en sí mismo, sino porque se trata de los asuntos que los ciudadanos sitúan en la reflexión pública, por medio de distintas estrategias.

Hace un mes, en este mismo espacio, reflexionaba sobre la potencia de las etiquetas o hashtags en Twitter, que permiten comunicar en torno a asuntos comunes — pensando esto en el sentido de comunidad, no de trivialidad — y que han resultado fundamentales en la conversación sobre determinadas causas, tales como las elecciones en Irán y en Honduras, así como la protesta frente a la represión de medios en Venezuela. Las tres causas siguen vivas en las redes.

Con #IranElection por bandera, los usuarios comparten noticias y sostienen la conversación — fragmentada, pero conversación al fin — en torno al escenario post-electoral en su país; incluso hay quienes ruegan que esto no quede en anécdota y no se olvide como se olvida cuando algo deja de ser noticia: “if you have nothing to say just tweet this: #iranelection #iranelection #iranelection The world must know we are still watching”, plantea una usuaria que se identifica como Maliheh, desde Teheran[1]. A la vez, el movimiento se sostiene en Facebook, en grupos como “100 million Facebook members for democracy in Iran”, “Iran said NO”, “Neda”; así como en sitios como Tribute to Neda Soltani and others[2], donde se documentan los casos de los muertos en las manifestaciones tras las elecciones de junio pasado y donde gente de todo el mundo coloca simbólicamente velas por los que ya no están.

#Honduras continúa aglutinando los twitts contra el golpe de estado y algunos enlaces a noticias. En Facebook, hay grupos como “No al golpe de estado en Honduras”, “Repudiamos el golpe militar en Honduras”, entre otros. A la vez, hay fuerte actividad en blogs como Honduras resiste y vence[3], donde se recuperan videos y noticias, a la vez que se provee de material gráfico y audiovisual para las manifestaciones; o bien, Habla Honduras[4], un proyecto de periodismo ciudadano colaborativo de los hondureños, en el que incluso algunas entradas se publican de manera anónima por cuestiones de seguridad.

Mientras tanto,  a #FreeMediaVe se sumó otra etiqueta de protesta en Twitter: #nomasChávez; con ellas los ciudadanos intercambian consignas en las que se llaman unos a otros a ser críticos y a actuar frente a la represión que les aqueja en Venezuela, por medio de manifestaciones públicas y actos simbólicos como vestirse de blanco. El movimiento ha sido replicado en Facebook, en el grupo “#FreeMediaVe”, mientras que los grupos de “no más Chávez” se multiplican día a día. Los blogs, sobre todo aquéllos dedicados al periodismo ciudadano, reúnen noticias y opiniones en torno a las acciones del presidente Hugo Chávez y de la resistencia frente a ellas.

Tras el necesario recuento, la reflexión que quiero situar en pantalla esta vez es que las causas comunes están situadas geográficamente. Esto pudiese parecer una contradicción, puesto que las lógicas de las redes virtuales no se circunscriben a territorios geográficamente delimitados; sin embargo, las problemáticas en torno a las que convergen millones de usuarios se desarrollan en lugares concretos.

¿Qué es lo que hace que sujetos de todo el mundo apoyen causas locales que se vuelven causas comunes? Probablemente sean, en distintas escalas, la identificación — sea con los implicados, sea con la problemática en sí misma — y la búsqueda de cierta manera de participación política.

Dos casos mexicanos han llamado mi atención recientemente: el de los Ángeles en espera y el del anulismo que derivó en la Asamblea Nacional Ciudadana.

El primer caso emergió a raíz de la tragedia en Hermosillo, el 5 de junio de este año, cuando un incendio en la guardería ABC provocó la muerte de 30 niños, a los que se sumaron 19 más que resultaron heridos y murieron días después. Ante ello se formaron algunos movimientos ciudadanos que hacen uso de su derecho a la comunicación y claman justicia para los niños y sus familias. Desde blogs como Ángeles en espera[5], Movimiento 5 de junio[6], Movimiento ciudadano por la justicia[7] y Grito de protesta[8], los ciudadanos comparten noticias, convocan tanto a acciones de solidaridad con los afectados como a las manifestaciones públicas contra la falta de respuestas por parte de las autoridades correspondientes. Dos de ellos, Movimiento 5 de junio y Grito de protesta, pueden seguirse también en Twitter[9]. En Facebook se abrieron grupos como “Ángeles de Hermosillo” y “Luto en Hermosillo”.

Por otro lado, la Asamblea Nacional Ciudadana es la hija del movimiento anulista. Se trata de grupos de la sociedad civil, que en las pasadas elecciones convocaron a anular intencionalmente el voto, como protesta frente a la ausencia de propuestas viables por parte de los candidatos y ante los pésimos resultados de los gobiernos en turno. Estas agrupaciones dieron origen a la Asamblea Nacional Ciudadana que, apelando al artículo 39 de la Constitución Política Mexicana, ha planteado al Congreso tres demandas: 1) democracia directa efectiva, 2) reducción del presupuesto a partidos, transparencia y rendición de cuentas, 3) candidaturas ciudadanas. Ellos tienen sitio web[10], blog[11], grupo en Facebook y cuenta en Twitter[12], todo bajo el nombre de la Asamblea Nacional Ciudadana, ANCA.

Lo que estos movimientos tienen en común puede sintetizarse en torno a tres elementos: la tecnología, la movilización y la búsqueda de participación política. Ambos tienen gran presencia en redes como Facebook, Twitter y blogs; por esas vías convocan, interactúan, suman adeptos y manifiestan lo que difícilmente podrían expresar en los grandes medios de comunicación. Pero es pertinente señalar que sus integrantes han combinado la movilización en Internet con la movilización en la calle, a través de marchas y actividades de recaudación de fondos en el caso de ABC, con asambleas ciudadanas y la discusión pública frente al Congreso el 1 de septiembre — cuando los nuevos diputados se negaron a recibirlos, pero eso, como diría la nana Goya, “es otra historia” —; en la calle convergen los locales, en la red tanto los locales como los lejanos. Además, los dos movimientos convocan a la participación política, por diversas vías; lo que ambos dejan ver, cada uno a su manera, es el desgaste y la prácticamente nula respuesta tanto de las instituciones gubernamentales mexicanas, en sus tres poderes y sus tres niveles, como de los partidos políticos, cualquiera que sea su color.

Las causas comunes les llevaron a identificarse, agruparse y actuar en consecuencia; la creatividad les ha permitido ser visibles y llevar lo local a un escenario más amplio. Ahí es donde, a mi parecer, se conecta la acción de comunicar con las otras acciones políticas en las causas comunes.


[1] Disponible en http://twitter.com/tehranweekly

 

[2] Disponible en http://www.iranian-heroes.org/

[3] Disponible en http://resistenciamorazan.blogspot.com/

[4] Disponible en http://hablahonduras.com/

[5] Disponible en: http://angelesenespera.wordpress.com/

[6] Disponible en: http://www.movimiento5dejunio.org/abc/

[7] Disponible en: http://www.movimientocincodejunio.blogspot.com/

[8] Disponible en: http://gritodeprotesta.tk/

[9] En http://twitter.com/cincodejunio y http://twitter.com/gritodeprotesta respectivamente.

[10] Disponible en: http://www.anciudadana.org/

[11] Disponible en: http://asamblea-ciudadana.blogspot.com/

[12] Disponible en: http://twitter.com/A_N_C_A

#CausasComunes

De mi columna, que se llama igual que este blog, en Razón y Palabra.

“¿Qué estás haciendo?” es la pregunta básica que plantea Twitter a sus millones de usuarios en el mundo. Las respuestas, sin embargo, rebasan la pregunta. Si jugamos una especie de Jeoppardy con Twitter o, lo que es lo mismo, si partimos de las respuestas para intuir las preguntas, nos encontraremos los típicos enunciados de no más de 140 caracteres, respondiendo no sólo qué se está haciendo, sino también qué se está pensando, en qué lugar y con quiénes se está, qué se pretende hacer, qué noticia o actividad o video resultan recomendables y mucho más.

Los usuarios de Twitter tenemos ciertas redes que pueden visibilizarse a través de los seguidores, los que nos siguen y los que seguimos — además de las redes superpuestas que se producen cuando sincronizamos Twitter con Facebook, blogs, Messenger y más —; pero hay otro tipo de redes menos definidas, pero más amplias, en torno a causas comunes. Desde #anadieleimporta[1] y #FollowFriday[2] hasta #FreeMediaVe[3], #Honduras[4] y #iranelection[5], pasando por #TQV[6], #votoMx[7], #votonulo[8] e #IAMCR[9], los usuarios suelen aportar información y opiniones a la discusión deslocalizada y relocalizada a través de hashtags o etiquetas. Lo que este recurso deja ver es una búsqueda de llevar la conversación hacia los interesados en determinados temas.

De acuerdo con un estudio reciente hecho por Reinhardt, Ebner, Beham y Costa (2009), los usuarios suelen emplear Twitter durante los congresos para — en ese orden — compartir recursos, comunicarse con los otros, establecer presencia en línea, tomar notas, participar en discusiones y hacer preguntas. Las razones para el uso de Twitter son diversas, pero todas tienen que ver con lo colectivo: el sentido de comunidad que se produce, la motivación de la participación, la posibilidad de llevar conversaciones paralelas más profundas, la conexión con gente con intereses similares. Algo importante es que en estas conversaciones en Twitter participan tanto algunos de los que se encuentran físicamente presentes en el congreso en cuestión, como otros que intervienen en las discusiones en línea, a pesar de encontrarse físicamente distantes.

Las aportaciones de Reinhardt y sus compañeros pueden ser llevadas más allá del uso de Twitter en conferencias, para pensar el papel de las etiquetas como forma de participación, conexión con gente a la que le interesa lo mismo y encontrarse en un sentido de comunidad.

Las implicaciones de esta construcción de redes tan móviles como afines y tan espontáneas como fugaces son muchas, son dignas de un análisis más profundo y seguramente presentarán diferencias entre ellas.

Pero lo que, a ojo de pájaro, permite ver es, en primer lugar, la complejización de las redes virtuales. Si entendemos por red como un conjunto de nodos interconectados y visualizamos a cada individuo como nodo con enlaces sociales en distintas direcciones de la estructura social (Castells, 2001; Rheingold, 2004; Adler-Lomnitz, 2001), podemos pensar la telaraña de relaciones en que cada sujeto se mueve. Obviamente, no todas estas relaciones son del mismo espesor y, por distintos motivos, no suelen ser para siempre; pero esas redes superpuestas, con sus complejidades, dicen mucho de nuestra vida social contemporánea.

En segundo lugar, las causas comunes que en localidades geográficas solían materializarse principalmente en la calle — en marchas, mantas, graffitis y otras formas de intervención en el espacio urbano —, se vuelven globales con gran facilidad cuando la comunicación de éstas se realiza en Internet y encuentran sujetos afines a ellas. En 1994, todos fuimos Marcos; pero también hubo manifestaciones de unidad y solidaridad frente a los atentados a las Torres Gemelas en EU en 2001 y en Atocha en España en 2004; lo mismo en el estira y afloja, patrocinado por el IFE, entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador; en 2008, las redes fueron fundamentales para el “yes, we can” de Obama en EU; y en 2009, de algún modo, todos somos Irán, Honduras, Venezuela y lo que se acumule. La posibilidad de situar temas complejos en la agenda global ha sido empleada — a veces hasta sin que los usuarios sean plenamente conscientes de ello — y es evidente que, desde plataformas en apariencia inocuas, se hace valer el derecho a la comunicación al tomar la palabra pública.

Finalmente, estas dinámicas permiten ver también lo que no está. Hay vida más allá de las redes sociales mediadas, muchos usuarios de Internet no participan en redes como Twitter o Facebook, pero además muchos seres humanos no tienen acceso a Internet por diversas razones… y los problemas sociales, visibilizados en gran cantidad de #CausasComunes, de todos modos existen, a la vez que las discusiones en torno a ellas rebasan las redes mediadas. Hay en esto un asunto de fondo, si bien la comunicación es, siguiendo a Michel de Certeau (1995), una acción simbólica de toma del poder, hay una serie de asuntos que la sola comunicación — con todo lo que implica, que es mucho — no resuelve: comunicar nos lleva a compartir, discutir, organizarnos, ser conscientes, ser visibles; pero este ejercicio en sí mismo no da concesiones a radios comunitarias en México, no revierte la represión en Venezuela y tampoco resucita muertos en Honduras e Irán, es decir, no soluciona de fondo los problemas políticos, sociales, económicos, culturales o tecnológicos.

¿En qué punto se conecta, entonces, la acción de comunicar con las otras acciones políticas en las causas comunes globales? ¿Ustedes qué creen?

Referencias

Adler-Lomnitz, L. (2001). Redes sociales, cultura y poder. Ensayos de antropología latinoamericana. México: Porrúa.

Castells, M. (2001). La era de la información: Economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. México: Siglo Veintiuno Editores.

De Certeau, M. (1995). La toma de la palabra y otros escritos políticos. México: UIA, ITESO.

Reinhardt, W., M. Ebner, G. Beham, C. Costa (2009). How people are using Twitter during conferences. 5th EduMedia Conference. Salzburg. Recuperado el 25 de Julio de 2009 de http://lamp.tu-graz.ac.at/~i203/ebner/publication/09_edumedia.pdf

Rheingold, H. (2004). Multitudes inteligentes. La próxima revolución social. Barcelona: Gedisa.


[1] Etiqueta destinada a lo aparentemente irrelevante. Puede verse en: http://twitter.com/#search?q=%23anadieleimporta

 

[2] Con tal etiqueta, los twitteros recomiendasn a qué otros twitteros seguir. Puede verse en: http://twitter.com/#search?q=%23followfriday y http://twitter.com/#search?q=%23ff

[3] Identifica la discusión sobre el descontento frente al cierre de 34 estaciones de radio en Venezuela, por orden gubernamental, el 2 de agosto de este año. Puede verse en: http://twitter.com/#search?q=freemediave

[4] Etiqueta empleada en los twitts que buscan documentar la situación política en Honduras, tras el golpe de Estado en junio pasado. Puede verse en: http://twitter.com/#search?q=honduras

[5] Concentra la discusión sobre la situación política, tras las elecciones el 12 de junio del presente año. Puede verse en: http://twitter.com/#search?q=%23iranelection

[6] Esta etiqueta que se emplea para las conversaciones acerca de Tequila Valley, la comunidad web de México. Puede verse en: http://twitter.com/#search?q=%23TQV

[7] Con esta etiqueta se identificaron las aportaciones de información y la discusión sobre las recientes elecciones en México. Puede verse en: http://twitter.com/#search?q=votomx

[8] El movimiento anulista en México se identificó con esta etiqueta. Puede verse en: http://twitter.com/#search?q=votonulo

[9] Tal etiqueta fue empleada para agrupar las discusiones paralelas, durante la IAMCR Conference 2009, realizada en julio en la Ciudad de México. Puede verse en: http://twitter.com/#search?q=votonulo