Hace años, se publicó esto en Cruce, el semanario del ITESO. Más de una vez me ha ocurrido, ji ji ji.
El mundo no mejorará por sí solo
Pero no abandonemos las armas, ni siquiera en los momentos más difíciles. La injusticia social debe seguir siendo denunciada y combatida. El mundo no mejorará por sí solo.
Eric Hobsbawm. Años interesantes. Una vida en el siglo XXI.
♫ When the violence causes silence, we must be mistaken…
Zombie – The Cranberries
Blog action day 2010: Water, water, water
Se atrofió la llave del fregadero en la cocina de mi casa, así que lavar los trastos se ha convertido temporalmente en un procedimiento muy retro. Por otro lado, esta mañana se acabó el agua que llevé al trabajo, fui muy mona a llenar la botella nuevamente del garrafón que hay ahí… ¡sorpresa!, el agua sabía terrible, como a óxido. Estos encuentros cotidianos con problemáticas relacionadas con el agua, cobran especial sentido hoy que es el Blog Action Day 2010 y que éste se ha dedicado precisamente al agua. Razones sobran para colocar el agua en la agenda de discusión. Todos sabemos que en estos tiempos experimentamos problemas graves de abasto y calidad del agua, en algunos casos más que en otros, al grado que la ONU declaró que debe ser un derecho humano, frente a una triste realidad: casi 900 millones de personas en todo el mundo no tienen acceso al agua potable.
Hace un año, en el Blog Action Day, contaba cuánto me sorprendió la concepción que sobre la naturaleza encontré en cierta comunidad, donde asumen que «el mundo no es nuestro», y creo que el agua tampoco. En la medida que la entendamos como un recurso no renovable, que además no nos pertenece y que no tiene precio, la cuidaremos más. Miles de acciones en lo cotidiano pueden contribuir a una historia distinta de nuestra relación con el agua.
Corte informativo de salida. Al menos hay una buena noticia hoy: Recibe científica mexicana Blanca Jiménez el prestigiado Global Water Award 2010.
Americanos
Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?
¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?
Lo escucharon los peregrinos del Mayflower: Dios decía que América era la Tierra Prometida. Los que allí vivían, ¿eran sordos?
Después, los nietos de aquellos peregrinos del norte se apoderaron del nombre y de todo lo demás. Ahora, americanos son ellos. Los que vivimos en las otras Américas, ¿qué somos?
Eduardo Galeano, Espejos.
You don’t get to 500 million friends without making a few enemies
Ya quiero ver The Social Network.
Tecnofilias y tecnofobias, a la salud de Naief Yehya
De mi columna Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.
Zygmunt Bauman plantea en En busca de la política[1] la metáfora del perchero, a partir del caso del pedófilo británico Sydney Cooke, al que además de sus delitos, se le atribuyó prácticamente la culpa de todos los males. Guardando toda proporción, considero que la tecnología es también un perchero donde se cuelgan todo tipo de percepciones e imaginarios, se le atribuye a veces, como a Cooke, la culpa de todos los males; pero también la posibilidad de transformar el mundo.
En días pasados, Naief Yehya estuvo en Aguascalientes, para impartir una conferencia e impartir un taller. Este último se tituló “Tecnocultura: estímulos, promesas y desilusiones en la era digital”. El autor, que es ingeniero de profesión, pero narrador y crítico cultural por adopción, hablaba de cyborgs, de nuestra relación con lo tecnológico, de Blade Runner y Terminator, de la pornografía y la mediatización de la sexualidad, de la tecnocultura y los nuevos lenguajes, de los usos de la tecnología y más. Pero un taller es construido también por los participantes y éstos, con demasiada frecuencia, se iban —o quizá deba decir “nos íbamos”— a niveles mucho más simples de la discusión, que por momentos se radicalizó entre tecnofóbicos y tecnofílicos.
Entre las ideas que circularon, escuché que todo el conocimiento posible existe ya y está plasmado en los libros antiguos, así que el error de las nuevas generaciones es no leer y quedarse sólo con las computadoras, que robotizan y alienan a las personas; y que los jóvenes no son creativos, porque viven en Internet y ahí todo “se les da digerido”. Lo primero lo señaló una profesora de más de 60 años, pero lo segundo lo planteó un promotor cultural de alrededor de 20. Otros participantes hablaron también con preocupación sobre el impacto de la tecnología en las personas, sobre todo en los jóvenes y los niños. Y hubo quien tomó la contraparte y defendió que el acceso a Internet democratizará diversas dimensiones de la vida social y permitirá a los oprimidos acceder a todo el conocimiento.
Nadie puede ser totalmente objetivo en una discusión y obviar sus posiciones frente a aquello que se discute. En este caso, las posturas acerca de la tecnología eran radicalmente opuestas, a partir de los entornos profesionales y personales de los participantes, así como de sus intereses y experiencias con las TIC, que oscilaban entre el desconocimiento y la fascinación, entre las tecnofobias y las tecnofilias. Es evidente que en ciertos sentidos sigue viva la separación entre apocalípticos e integrados que planteó Umberto Eco[2] hace décadas, para hablar de las posturas de perplejidad y optimismo, frente a las innovaciones de los medios de comunicación; pero que se traslada siempre a cuanto avance tecnológico haya. A las TIC se les atribuye tanto la esperanza del progreso y de la inteligencia colectiva, como la enajenación de los sujetos —lo que Rüdiger[3] señala como visiones prometéicas y fáusticas— y encontrar el equilibrio a veces resulta complicado. He de decir al final sí se logró que todos pusieran en duda las propias percepciones, para abrirse a la discusión.
Entretanto, habrá que regresar a una de las interrogantes que planteó Yehya: ¿cómo explicamos nuestra relación con lo tecnológico? Quizá problematizar esto permita dejar de convertir a la tecnología en el perchero donde se cuelgan las culpas y las maravillas.
[1] Bauman, Zygmunt (2006). En busca de la política. México: Fondo de Cultura Económica.
[2] Eco, U. (1975). Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas. Barcelona: Lumen.
[3] Rüdiger, F. (2004). Introdução às teorias da cibercultura. Porto Alegre: Editora Sulina.
El arte de dibujarte
En algún lecho del golfo de Corinto, una mujer contempla, a la luz del fuego, el perfil de su amante dormido.
En la pared, se refleja la sombra.
El amante, que yace a su lado, se irá. Al amanecer se irá a la guerra, se irá a la muerte. Y también la sombra, su compañera de viaje, se irá con él y con él morirá.
Es noche todavía. La mujer recoge un tizón entre las brasas y dibuja, en la pared, el contorno de la sombra.
Esos trazos no se irán.
No la abrazarán, y ella lo sabe. Pero no se irán.
Eduardo Galeano, Espejos
Alta traición
No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.
José Emilio Pacheco
Now our lives are changing fast: Arcade Fire y el video de los nuevos tiempos
De mi columna, que se llama igual que este blog, en Razón y Palabra.
“El nuevo video de Arcade Fire rebasa las fronteras de lo que conocemos como videoclip”, decía la revista Magis en Twitter. De inmediato fui a verlo y me llevé una grata sorpresa. Éste se titula “The wilderness downtown” y fue dirigido por Chris Milk, a partir de la canción “We used to wait” de Arcade Fire, como parte de un experimento con Google[1].
El video muestra un hombre corriendo por las calles de alguna ciudad que el propio usuario elige, las imágenes son recuperadas de Google Street View y cada uno puede ver al mismo fulanito, saltando charcos, en Boston, Londres, Barcelona o (casi) cualquier lugar que haya sido seleccionado. “Casi”, porque no todas las ciudades son elegibles. Algunos señalan que sólo están disponibles algunas de Estados Unidos, o bien, de países europeos[2].
Lo que la producción hace visible es la convergencia de tecnología y lenguajes, al mezclar música, HTML5 video, imágenes de Google Maps, multiplicidad de pantallas, así como un planteamiento simple pero que puede ocurrir en cualquier ciudad. Carlos Scolari[3] habla de transmedialidad para definir a eso que atraviesa y combina lenguajes y medios. Estas nuevas formas de comunicación se caracterizan por rasgos como la hipertextualidad, reticularidad, cierta interactividad, multimedialidad; y dejan ver cruces entre el lenguaje cinematográfico y el lenguaje interactivo digital. Todo ello es visible en “The wilderness downtown”, cuya lógica parece más cercana a los videojuegos, que al común de los videoclips.
Sobre todo, se trata de algo que aún llamamos videoclip, pero que ya no está diseñado para televisión, sino para Internet. No en vano, en el blog oficial de Google, se plantea esto como una experiencia musical diseñada para web, como parte de Chrome Experiment[4]. En ello es evidente la ruptura con la lógica de los medios masivos; entendiendo, con McLuhan[5], que lo masivo no tiene que ver tanto con el tamaño de la audiencia, sino con la simultaneidad. Y esto último es lo primero que se rompe en el experimento, al dar la posibilidad de elegir dónde quiere situarse el hombrecillo que corre en las calles.
Hay otra convergencia, más allá de los lenguajes y se da en el cruce entre lo tecnológico y lo comercial (bien decía Castells[6] que “la innovación tecnológica no es un acontecimiento aislado”), Google vuelve a innovar: la noticia es que Arcade Fire tiene un nuevo video, que éste resulta significativamente distinto y que lo hizo con Google. Algunos medios, incluso, han señalado que el video sólo puede ser visto con Chrome[7], aunque funciona con otros navegadores que soporten HTML5, tales como Firefox, Opera, Safari y hasta en Internet Explorer, que ha anunciado que en su versión 9 tendrá nuevas funcionalidades. El blog oficial de Google se limita a plantear que el experimento fue creado pensando en Chrome y con versiones de navegadores que no lo soportan, presenta el mensaje: “This site was designed with Google Chrome in mind and is unable to render properly in your browser. For the best viewing experience, we recommend downloading Google Chrome and trying this site again”. Linda manera de crear una necesidad.
En suma, no se trata de una obra de arte, pero sin duda es un video que deja ver una serie de transformaciones. Las narrativas transmediáticas de las que habla Carlos Scolari, seguramente nos seguirán sorprendiendo. “Now our lives are changing fast”, dice la canción… y tiene razón.
[1] Chrome Experiments (2010). The wilderness dowtown. Disponible en: http://www.chromeexperiments.com/arcadefire/
[2] Tomasena, José Miguel (2010, agosto 31). La nueva frontera en los videos musicales. En Blog de la Redacción. Magis. Disponible en: http://www.magis.iteso.mx/redaccion/la-nueva-frontera-de-los-videos-musicales
[3] Scolari, Carlos (2008). Hipermediaciones. Elementos para una teoría de la comunicación digital interactiva. Barcelona: Gedisa.
[4] The Official Google Blog (2010, 30 de agosto). Arcade Fire meets HTML5. Disponible en: http://googleblog.blogspot.com/2010/08/arcade-fire-meets-html5.html
[5] McLuhan, Marshall (2009). Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano. Barcelona: Paidós.
[6] Castells, M. (2001). La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. México: Siglo Veintiuno Editores.
[7] Ideal (2010, 31 de agosto). Google y Arcade Fire crean “The wilderness downtown”. Disponible en: http://www.ideal.es/granada/ocio/google-arcade-fire-crean-wilderness-downtown-201008311434.html
