preguntas cruzadas

Es sorprendente cómo las discusiones con otros, por inocentes que sean, detonan una serie de cosas y permiten ver más allá de lo que uno mismo — sobre todo si se es miope — alcanza a ver. Y estos días he tenido muchos detonadores en las preguntas cruzadas que, de un lado llevan a otro y hacen pensar en otros mundos posibles.

El viernes pasado, Ana María Navarro me invitó a hablar de redes sociales en Internet, con sus alumnos de Comunicación y Cultura, de la Licenciatura en Comunicación e Información, de la UAA. Se trató de un grupo pequeño, pero enjundioso; sus reflexiones partían más de la experiencia que de la investigación y la discusión se disparó hacia las transformaciones en el lenguaje y los vínculos de largo alcance.

El sábado presenté mi proyecto de investigación, sobre Internet en la ciudad, en el Seminario Permanente de Estudios Socioculturales, del Colegio de Estudios Sociales de Aguascalientes. A iniciativa de Chuy Aguilar, armamos una transmisión en LiveStream para los que estaban lejos; compartimos en Scribd los ppt de Corina y yo, para que a distancia los pudieran ver claramente. La combinación entre la discusión presencial y la que se generó en línea, fue magnífica y, entre tanto, se me clarificaron varias cosas que no tenía aún resueltas: los cabos sueltos en el asunto del acceso, la estrategia metodológica, la delimitación para el abordaje de las prácticas, la concepción de ciudad. Ya les contaré en otro momento cómo termina todo el caos.

Hoy estuve de invitada en la clase de Metodología de la Investigación en Comunicación, que da Rebeca Padilla en la Maestría en Ciencias Sociales, también en la UAA. En la primera parte, hablé de etnografía virtual y en la segunda presenté mi experiencia con esta técnica, en la investigación sobre blogging autobiográfico que realicé en la maestría. Las preguntas de Alejandro y Estela me obligaron a recordar lo artesanal que resulta de pronto el asunto metodológico; la complejidad de una práctica comunicativa aparentemente tan inocua, me desbordaba todo el tiempo; hubo asuntos, como la fuerza de lo generacional, que brotaron en el análisis sin que yo lo hubiera preguntado; mi trabajo no tenía como objetivo analizar la juventud, pero en los resultados las preocupaciones y transiciones de los jóvenes cercanos al tercer piso (a los 30, pues) emergieron cual si tuvieran que gritarse… y sí, quizá deban gritarse… quizá sea el momento de rescatar la veta que se quedó.

el mundo no es nuestro

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«Esto no es nuestro, es del río», me dijo un poblador del ejido de Pago Pago (eso que los turistas conocemos como Micos) en la Huasteca Potosina. El hombre contó que hace un año las lluvias fueron intensas y el río creció tanto, que se llevó algunos puestos que lo habían desafiado estando muy cerca; dijo que el agua le recordó a la gente de quién es ese territorio. He de confesar que lo que escuché me cambió la perspectiva, yo estaba desanimada porque la lluvia no me dejaba disfrutar de ese fin de semana de vacaciones improvisadas y ese señor me hizo pensar en lo contrario, en que, al final de cuentas iba ahí a estar en contacto con la naturaleza y tenía que respetar precisamente las condiciones naturales. Todo este rollo es porque creo que antes de pensar qué tanto cuidamos la tierra, deberíamos pensar cómo entendemos nuestra relación con ella.

Hoy es el Blog Action Day, que este año está dedicado al calentamiento global, que nos recuerda que tenemos mucho por pensar, mucho por decir y, sobre todo, mucho por hacer.

Acá, lo que escribieron Tony Valderrama y Marco Carlos Ávalos al respecto. Más acá, un par de posts que escribí hace tiempo: «you feel it?» y «la tierra«.

«peregrina inmóvil en la isla»: Yoani Sánchez

El precio que Yoani Sánchez, la célebre blogger cubana, ha tenido que pagar por manifestar en su blog una postura crítica frente al régimen, se ha hecho evidente una vez más: las autoridades de Cuba no le permitieron hacer un viaje a Nueva York, a la ceremonia donde se le entregaría el premio María Moor Cabot en la Universidad de Columbia. Ante esto, Yoani envió el siguiente mensaje en video.

«Algún día la Cuba virtual, ésa que estamos tratando algunos ciudadanos de bocetar o proyectar en Internet, podrá tener un equivalente en la Cuba real», dice. Algún día.

De presencias y ausencias

De mi columna en Razón y Palabra.

“No sé si me altera más la gripe o que nos quitaron el Facebook”, me dijo un compañero una mañana, luego de que en nuestro lugar de trabajo restringieron el acceso a Internet y nos dejaron sin Facebook, LinkedIn, Twitter, YouTube, Flickr, LastFM, blogs y mucho más. Desconozco los argumentos institucionales para tal decisión, pero intuyo que buscan evitar que alumnos, profesores y personal administrativo “perdamos el tiempo” en eso que consideran irrelevante, improductivo y, probablemente, hasta peligroso. Mientras tanto, para los afectados, la restricción significa la pérdida (al menos temporal) de lazos, de la posibilidad de participar en estas prácticas comunicativas que se han vuelto habituales e incluso la negación de la oportunidad de investigarlas.

Con el paso de los días es notable que los más activos usuarios de esas redes, van desapareciendo del mapa. Eso me lleva a varios cuestionamientos: ¿Son las redes sociales en línea fundamentales para vivir? ¿Restringirlas altera significativamente la vida? La respuesta es no. Sin embargo, considero que el malestar viene, por un lado, de la pérdida de libertad y, por el otro, de las ausencias frente a las presencias. Sobre esto último quiero centrar la reflexión.

Las redes sociales en línea han ganado visibilidad, fundamentalmente por dos fenómenos, el crecimiento en el número de usuarios — todos hemos visto notas de que Facebook alcanzó más de 300 millones de usuarios o que Twitter ha crecido en un 2500%, lo que sea que eso signifique, o que Ashton Kutcher tiene más de tres millones de followers también en Twitter — y la utilización de estos recursos para comunicar en medio de crisis políticas o en desastres naturales — los casos de Irán, Honduras y Venezuela siguen vigentes y los recientes reportes sobre el tsunami en el Pacífico Sur fluyen y se constituyen como una vía valiosísima de comunicación tanto para los afectados, como para los que vemos desde lejos —. Pero lo que atraviesa esos dos fenómenos es la incorporación de estas prácticas de comunicación en la vida cotidiana, que sólo ocurre cuando los usuarios deciden conectarse a través de uno o más sitios de redes en línea.

Cualesquiera que sean los motivos y propósitos que llevan a los sujetos a ser usuarios, hay un asunto de fondo: la presencia. Se puede estar a una oficina de distancia o al otro lado del mundo, pero la interacción constante en línea llega a ser algo cotidiano, para comunicar el estado de ánimo, relatar una conferencia desde el lugar en que ocurre, compartir enlaces a noticias y comentarlas, etiquetar gente en fotos y videos, comentar lo que publican los otros, conversar tanto sobre el aniversario de Mafalda como sobre las burradas de Juanito, pasar del test más simple en Facebook a la discusión teórica dura, incluso para desafiar lo mismo a la autoridad que a la propia intimidad.

Las vías son muchas y con bastante frecuencia se cruzan, a través de enlaces que llevan de un blog a Facebook, que a su vez está sincronizado con Flickr y Twitter, que a su vez permite compartir fotos en Twitpic o recuperar ranks de YouTube, que a su vez puede conducir al blog y así sucesivamente, de una red a otra, de una persona a otra, quizá de un interés a otro.

En todos estos ejemplos, el común denominador es que el otro se hace presente, aunque sea a distancia; participa, comparte y se involucra; su intervención se materializa en letras, fotos, videos, música, a veces incluso un simple emoticono que confirma que se está ahí.

Las implicaciones del sentido de presencia en las redes sociales en línea son muchas — ya las he discutido en otros espacios[1] —, quizá la más importante tiene que ver con la idea de proximidad, que ha trascendido el plano físico y ha dado lugar a otras formas de entenderla, con la mediación tecnológica. Pensando en las redes sociales en línea, estar lejos no significa estar ausente, porque se puede hacer presencia; pero desaparecer de la cotidianidad de estas redes sí equivale a estar ausente, a perder un lugar en el mapa por falta de contacto.


[1] Flores Márquez, D. (2008). Otras coordenadas: La lógica de formación de redes de bloggers. IX Congreso Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación. México: Tecnológico de Monterrey CEM, ALAIC.

 

—- (2009a). La vida en blog: Sentidos del blogging autobiográfico. Tesis de maestría. ITESO, Tlaquepaque, México.

—- (2009b). Estar con los otros: Construcciones de sentido en las redes de bloggers. VII Bienal Iberoamericana de la Comunicación. Chihuahua: Universidad Autónoma de Chihuahua, RAIC.