Now our lives are changing fast: Arcade Fire y el video de los nuevos tiempos

De mi columna, que se llama igual que este blog, en Razón y Palabra.

“El nuevo video de Arcade Fire rebasa las fronteras de lo que conocemos como videoclip”, decía la revista Magis en Twitter. De inmediato fui a verlo y me llevé una grata sorpresa. Éste se titula “The wilderness downtown” y fue dirigido por Chris Milk, a partir de la canción “We used to wait” de Arcade Fire, como parte de un experimento con Google[1].

El video muestra un hombre corriendo por las calles de alguna ciudad que el propio usuario elige, las imágenes son recuperadas de Google Street View y cada uno puede ver al mismo fulanito, saltando charcos, en Boston, Londres, Barcelona o (casi) cualquier lugar que haya sido seleccionado. “Casi”, porque no todas las ciudades son elegibles. Algunos señalan que sólo están disponibles algunas de Estados Unidos, o bien, de países europeos[2].

Lo que la producción hace visible es la convergencia de tecnología y lenguajes, al mezclar música, HTML5 video, imágenes de Google Maps, multiplicidad de pantallas, así como un planteamiento simple pero que puede ocurrir en cualquier ciudad. Carlos Scolari[3] habla de transmedialidad para definir a eso que atraviesa y combina lenguajes y medios. Estas nuevas formas de comunicación se caracterizan por rasgos como la hipertextualidad, reticularidad, cierta interactividad, multimedialidad; y dejan ver cruces entre el lenguaje cinematográfico y el lenguaje interactivo digital. Todo ello es visible en “The wilderness downtown”, cuya lógica parece más cercana a los videojuegos, que al común de los videoclips.

Sobre todo, se trata de algo que aún llamamos videoclip, pero que ya no está diseñado para televisión, sino para Internet. No en vano, en el blog oficial de Google, se plantea esto como una experiencia musical diseñada para web, como parte de Chrome Experiment[4]. En ello es evidente la ruptura con la lógica de los medios masivos; entendiendo, con McLuhan[5], que lo masivo no tiene que ver tanto con el tamaño de la audiencia, sino con la simultaneidad. Y esto último es lo primero que se rompe en el experimento, al dar la posibilidad de elegir dónde quiere situarse el hombrecillo que corre en las calles.

Hay otra convergencia, más allá de los lenguajes y se da en el cruce entre lo tecnológico y lo comercial (bien decía Castells[6] que “la innovación tecnológica no es un acontecimiento aislado”), Google vuelve a innovar: la noticia es que Arcade Fire tiene un nuevo video, que éste resulta significativamente distinto y que lo hizo con Google. Algunos medios, incluso, han señalado que el video sólo puede ser visto con Chrome[7], aunque funciona con otros navegadores que soporten HTML5, tales como Firefox, Opera, Safari y hasta en Internet Explorer, que ha anunciado que en su versión 9 tendrá nuevas funcionalidades. El blog oficial de Google se limita a plantear que el experimento fue creado pensando en Chrome y con versiones de navegadores que no lo soportan, presenta el mensaje: “This site was designed with Google Chrome in mind and is unable to render properly in your browser. For the best viewing experience, we recommend downloading Google Chrome and trying this site again”. Linda manera de crear una necesidad.

En suma, no se trata de una obra de arte, pero sin duda es un video que deja ver una serie de transformaciones. Las narrativas transmediáticas de las que habla Carlos Scolari, seguramente nos seguirán sorprendiendo. “Now our lives are changing fast”, dice la canción… y tiene razón.


[1] Chrome Experiments (2010). The wilderness dowtown. Disponible en: http://www.chromeexperiments.com/arcadefire/

[2] Tomasena, José Miguel (2010, agosto 31). La nueva frontera en los videos musicales. En Blog de la Redacción. Magis. Disponible en: http://www.magis.iteso.mx/redaccion/la-nueva-frontera-de-los-videos-musicales

[3] Scolari, Carlos (2008). Hipermediaciones. Elementos para una teoría de la comunicación digital interactiva. Barcelona: Gedisa.

[4] The Official Google Blog (2010, 30 de agosto). Arcade Fire meets HTML5. Disponible en: http://googleblog.blogspot.com/2010/08/arcade-fire-meets-html5.html

[5] McLuhan, Marshall (2009). Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano. Barcelona: Paidós.

[6] Castells, M. (2001). La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. México: Siglo Veintiuno Editores.

[7] Ideal (2010, 31 de agosto). Google y Arcade Fire crean “The wilderness downtown”. Disponible en: http://www.ideal.es/granada/ocio/google-arcade-fire-crean-wilderness-downtown-201008311434.html

Cultura digital y vida cotidiana en Iberoamérica, nuevo número de Razón y Palabra

Ya está listo el número 73 de Razón y Palabra, el cual se ha dedicado a abordar desde distintas perspectivas la cultura visual y la vida cotidiana. Esta edición fue coordinada por Edgar Gómez Cruz y Tíscar Lara y en ella hemos colaborado

Juan Freire, Daniel Villar Onrubia, Fernando Garrido Ferradanes, Cristóbal Cobo Romaní, Rubén Díaz, Felipe G. Gil, Pedro Jiménez, Javier Gómez Murcia, Paloma G. Díaz, Héctor Fouce, Antonio Fumero, Daniel Martí, Roberto Balaguer Prestes, David Casacuberta, Antoni Gutiérrez-Rubí, Sergio M. Mahugo, Carolina Emilia Di Próspero y yo, Dorismilda Flores Márquez.

La edad, la red y el teléfono móvil: un desplazamiento no esperado

Publicado originalmente en Coordenadas Móviles, mi columna en Razón y Palabra.

“Las TIC son como un tren, si no te subes en el momento, está cañón que lo alcances”, me dijo alguna vez un amigo que anda por los cuarenta y tantos. Lo recordé fuertemente cuando me hizo clic un dato sobre Internet y telefonía móvil, en el “Estudio 2010 de hábitos y percepciones de los mexicanos sobre Internet y diversas tecnologías asociadas”[1], que fue presentado estos días.

Se trata de un trabajo realizado por el equipo del Proyecto Internet del Tecnológico de Monterrey Campus Estado de México, como parte del World Internet Project, un esfuerzo coordinado por la Universidad del Sur de California, que plantea un comparativo entre más de 32 países, a partir de una metodología común. Los datos que aporta el estudio son interesantes todos y en mucho coincide con otros datos arrojados por los estudios del INEGI y de la AMIPCI, en términos de los usuarios y sus datos socio-demográficos; pero la mayor aportación del informe de este año, desde mi punto de vista, es el dato sobre la conexión a Internet desde los celulares.

Desde qué lugar se conectan los usuarios y por cuánto tiempo, es un dato fundamental. Si bien la mayor parte de ellos acceden a Internet desde su casa o su trabajo, un segmento importante ya lo hace desde el celular. En términos de nivel socioeconómico, es la gente de estratos medios altos y altos la que entra en la red más tiempo desde el teléfono móvil, con un promedio de 7 horas por semana; aunque llama la atención que aun en sectores socioeconómicos bajos, los usuarios se conectan alrededor de 2 horas por semana desde el celular.

Algo más revelador viene cuando se incorpora la variable edad. El grupo que más horas navega desde el celular, no es el más joven, sino el de personas de 40 a 46 años, que registra un promedio de 13 horas por semana, frente a un promedio de 8 horas en el grupo de 19 a 25 años.

Podemos entrar en el terreno de las inferencias y especulaciones, para atribuir este fenómeno al poder adquisitivo de las personas de 40 y más, que les permite acceder a un servicio costoso de telefonía celular; quizá también a las exigencias laborales, que hacen necesario permanecer conectados a la red; y tal vez, incluso, a la búsqueda de experimentar con las múltiples opciones que dan los dispositivos móviles.

El punto es que, si consideramos que en el 80% de los hogares mexicanos hay al menos un celular[2] y que la tendencia de éstos es hacia la incorporación de cada vez más aplicaciones y el acceso a Internet, estamos asistiendo a la apertura de nuevas implicaciones, preguntas y posibilidades, en torno a la inclusión digital. Obviamente, no todo es transparente y hace falta mayor discusión sobre los costos, las habilidades e incluso los intereses; pero las posibilidades son importantes.

Hubo un tiempo en que los celulares eran sólo teléfonos y eran empleados sólo por cierta élite. Con el tiempo los equipos fueron más accesibles, tanto en términos de tamaño como de costos. Desde hace algún tiempo incorporamos los smartphones en la vida cotidiana y estamos transitando de la sorpresa inicial a la naturalización. Este último párrafo dice obviedades, pero no está escrito para el presente, sino para regresar, en el futuro, a las notas de cuando resultaba llamativo el crecimiento en el uso de Internet en el celular en México y el desplazamiento en los grupos de edad.


[1] World Internet Project, Tecnológico de Monterrey (2010). Estudio 2010 de hábitos y percepciones de los mexicanos sobre Internet y diversas tecnologías asociadas. Recuperado el 29 de julio de 2010 de http://octavioislas.wordpress.com/2010/07/29/5227-proyecto-internet-catedra-de-comunicaciones-digitales-estrategicas-tecnologico-de-monterrey-estudio-world-internet-project-2010/

[2] AMIPCI (2010). Estudio AMIPCI 2009 sobre hábitos de los usuarios de Internet en México. Recuperado el 2 de junio de 2010 de http://amipci.org.mx/estudios/temp/Estudiofinalversion1110-0198933001274287495OB.pdf

Mediaciones Sociales, de la UCM

Ya está disponible el número 6 de la revista Mediaciones Sociales, de la Universidad Complutense de Madrid. En ella está publicado un artículo mío.

Presentación
Vicente Baca Lagos [i-iv]

I. Estudios teóricos y metodológicos

Mediación y Construcción de Sentidos: notas en torno a su articulación teórico-metodológica en el estudio de la apropiación de Internet.
Alonso Alonso, María Margarita [3-37]

En busca de una orientación disciplinar para el Cloud Computing.
Marulanda Bohórquez, Jorge Alonso [39-61]

II. Instituciones mediadoras

La comunicación como mediación entre la tecnificación y la virtualización de las instituciones educativas.
Chan Núñez, María Elena [65-89]

III. La mediación de las representaciones y de las identidades sociales

Inmigración e imágenes mediáticas: análisis cualitativo de la autopercepción de los inmigrantes.
Álvarez Gálvez, Javier [93-119]

Aplicación y viabilidad de uso del software de Análisis Cuantitativo de Textos TLAB 7.1 en el análisis de las representaciones sociales presentes en la web soyborderline.com.
Stefanello, Grace; De Francisco, Alberto y Carrazana, Cinthia [121-142]

IV. Mediación, producción y reproducción social

Estar con los otros: presencias, proximidades y sentidos de vínculo en las redes de bloggers.
Flores Márquez, Dorismilda [145-161]

Biblioteca – Reseñas

Almeida, Helena Neves: Conceptions et pratiques de la médiation sociale. Les modèles de médiation dans le quotidien professionnel des assistants sociaux.
Munuera Gómez, Pilar [163-166]

VV.AA.: Jesús Martín Barbero. Comunicación y culturas en América Latina.
Anthropos [167-189]

Serrano Caldera, Alejandro: Obras, Volumen I. Escritos filosóficos y políticos I.
Kraudy, Pablo [191-213]

Serrano Caldera, Alejandro: Obras, Volumen II. Escritos filosóficos y políticos II. Escritos sobre la universidad.
Kraudy, Pablo [215-220]

Las benditas políticas de uso de Internet

Tarde, como siempre, escribo este post, como se lo prometí a Mauricio. Sucede que hace tiempo somos compañeros del mismo dolor, gracias a las brillantes políticas de uso de Internet de las universidades donde trabajamos —y gracias a más cosas que no son asunto de este post—. Él se ha topado con las Políticas y lineamientos para el uso de la tecnología de información y comunicación en la UASLP; yo, en la UAA, he sido también víctima de las Políticas para el uso del servicio de Internet. Las primeras fueron autorizadas el 31 de octubre de 2003, las segundas el 4 de enero de 2010, las dos son igualmente reduccionistas, puesto que restringen el acceso bajo argumentos de calidad.

Se asume que estar en Facebook o Twitter no es una actividad académica o institucional, porque cabe en la categoría de social networking; que revisar los sitios web de televisoras y grandes conglomerados de medios, o accesar a blogs es entretenimiento; se asume, sobre todo, que no se trata de prácticas productivas… ¿cómo investigar Internet con acceso restringido?, ¿cómo hablar de habilidades digitales si cada vez que uno osa intentar ir a una de las direcciones consideradas no productivas aparece la pantallita de Open DNS para informar que uno intenta visitar un sitio de entretenimiento o social networking?, ¿cómo pensar en producir y hacer circular contenidos en estas plataformas, sobre todo hablando de alumnos de Comunicación, si la institución las considera como mero entretenimiento?, ¿cómo entablar un diálogo con los alumnos de nuevo ingreso, que nacieron en el 92 —prácticamente nacieron con Internet— si de inicio se les dice entre líneas que eso que intentan hacer no es bueno?, ¿cómo entablar un diálogo con la ONU si se atenta, en aras del progreso y la productividad, contra el derecho a la comunicación y contra la búsqueda de inclusión digital?

En su post, Mauricio es enfático: “en China se llama dictadura del proletariado, en Irán República Islámica, aquí… los censores ahora llevan el prefijo Universidad”. Quizá es tantito radical al equiparar unas cosas con otras, pero las restricciones ciertamente son graves allá y aquí, sobre todo si pensamos que las universidades deberían ser espacios de libertad y de creación.

Hace tiempo, en el encuentro de AMIC, Carlos Scolari se maravillaba de que en la Ibero teníamos acceso libre a Internet, sin contraseñas ni restricciones; lo mismo ocurre en el ITESO y seguramente en otras universidades. En México y en el extranjero, diversas universidades ejercen presencia e interactúan constantemente a través de Facebook, LinkedIn, Twitter, blogs, Flickr, YouTube y lo que se acumule; aprovechan recursos como SlideShare, Scribd, Prezi, LiveStream, UStream y más; algunas hasta tienen cursos en Second Life. Es una pena que en todas haya una comprensión amplia de las TIC y de las prácticas de comunicación digital.

Días de congresitis…

Si esto fuera un periódico, ya habría sido despedida, tras los prolongados abandonos y las notas tardías. En mi defensa diré que cometí la locura de ir a tres congresos, una charla y una sesión de un seminario permanente en tres semanas. Obvio, los pendientes se han multiplicado cual mancha voraz y, por ello, escribo ahora el corte informativo de hace un mes.

Todo comenzó en el 11o. Seminario de Investigación de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, que fue del 18 al 21 de mayo. En él todos los investigadores de la universidad y dos que tres extremos presentamos nuestros avances y resultados de investigaciones, en siete mesas: ciencias naturales y exactas, ingenierías y tecnologías, ciencias agropecuarias, ciencias biomédicas, ciencias económicas, ciencias del diseño y de la construcción, ciencias sociales y humanidades.

Algo curioso es que las mesas siguen la estructura institucional departamental de la universidad, así que, por ejemplo, en la mesa de ciencias sociales, un día participaron los historiadores, otro los sociólogos, otro los especialistas en educación y al final los psicólogos, una politóloga y dos filósofos. Esto en términos de organización facilita mucho las cosas, pero quizá también produce una dinámica medio endogámica, que no promueve el diálogo entre investigadores de más áreas.

En fin, el día de los sociólogos —en ese bloque, por cierto, incluyeron a los comunicadores—  fue muy prolífico en exposiciones. Octavio Maza, Olivia Sánchez, Salvador de León, Rebeca Padilla, Maru Patiño, Fernando Padilla, Evangelina Tapia, Silvia Bénard, Esthelita Esquivel, Consuelo Meza, Salvador Camacho, Genaro Zalpa y yo, nos aventamos un maratón de 14 ponencias en cinco horas. Con una agenda tan apretada, no hubo mucho tiempo para discutir, pero eso no impidió que se tratara de una sesión muy enriquecedora, por la diversidad de objetos de estudio, de perspectivas e intereses; eso fue genial.

La siguiente escala fue en FLACSO México, en el II Congreso Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales, que se realizó del 26 al 28 de mayo. He de confesar que nunca había estado en FLACSO —aunque sí, enemil veces, en frente, en Six Flags— y me hizo feliz, el lugar es hermoso, pero además, la calidez humana invita a volver. Quizá lo que más me gustó fue la organización de las mesas por objetos, más que por disciplinas.

Concretamente, yo participé en un eje temático dedicado a procesos culturales, identidades y ciudadanía, en la mesa que se tituló Comunicación, identidad y política. Compartí mesa con Juan Camilo Molina, de FLACSO Ecuador y con Mauricio Álvarez, de la UACM, quien fue un moderador genial, hizo una presentación en la que conectó las biografías y los trabajos que íbamos a presentar. Más tarde, con la moderación de Ligia Tavera, de FLACSO México, participaron Enedina Ortega, del Tec de Monterrey, Rocío Verónica Orlando Zamora, de FLACSO Ecuador y Hugo Luna, de FLACSO México. Desgraciadamente, fue poco el tiempo que pude estar allí. Regresé a casa a resolver uno que otro asunto, antes de emprender un viaje más.

Guadalajara fue el siguiente punto en el mapa, esa vez para asistir a la charla que dio Carlos Scolari, la tarde del 31 de mayo en el ITESO. Algo muy rico es que este investigador argentino de nacimiento, formado en Italia y radicado en España, partió de su trayectoria biográfica para contar cómo fue que entró en el mundo de la comunicación digital, primero por el lado profesional, después a través de la investigación. Así transitó del panorama general de teorías de comunicación a las particularidades de la comunicación digital, para aterrizar en la metáfora ecológica y las narrativas transmediáticas. Al terminar la charla —y luego de la necesaria, aunque brevísima, sesión de chisme con Karina y Alfredo— regresé a Aguascalientes, sólo para hacer la maleta y viajar nuevamente al DF.

El XXII Encuentro Nacional AMIC (Asociación Mexicana de Investigadores de Comunicación), fue del 2 al 4 de junio, en la Universidad Iberoamericana. Todo empezó con la conferencia de Guillermo Orozco Gómez, titulada “Audiencias, ¿siempre audiencias?”, en la que discutió las transformaciones sociales que vivimos, en relación con la comunicación como epicentro de otros cambios. Presentó diez maneras de hacer sentido conceptual de nuestra interacción con las pantallas, en calidad de audiencias, desde el modelo de los efectos hasta aproximaciones más recientes y complejas sobre mediaciones e hipermediaciones, torrente mediático, producción de presencia y convergencias y ecología de los medios.

En esa misma sintonía, Carlos Scolari dictó su conferencia “Narrativas transmediáticas. Mundos de ficción, branding y prosumidores en la nueva ecología de los medios”. Habló del mundo de los medios, caracterizado por la explosión y por las nuevas prácticas de producción y consumo; también de la convergencia narrativa y las narrativas transmediáticas, con cortes de Lost, Pardillos y La Isla Presidencial. Cerró con una serie de cuestionamientos: ¿Podemos seguir investigando los medios o los géneros/discursos de manera aislada? ¿Asistimos a una extinción de los medios masivos? ¿Asistimos a una evolución de nuevas especies mediáticas? Ante todo, siguiendo a Jesús Martín Barbero, habrá que superar la razón dualista que separa viejos y nuevos medios y habrá  que echar un ojo a las interfaces.

De los paneles, sólo vi dos. En el primero, moderado por Delia Crovi, acerca de la apropiación digital y las transformaciones culturales, me sorprendió gratamente el trabajo de María Elena Meneses, sobre la convergencia digital y el trabajo periodístico.

El segundo, sobre metodologías de medición de nuevos medios —lo que sea que nuevos signifique—, fue moderado por Manuel Guerrero y contó con la participación de Rubén Jara, de IBOPE, que habló de las formas de medición empleadas en la investigación comercial. Continuó Raúl Trejo Delarbre, que además de ser muy crítico y profundo en su participación, se dio el lujo de hacer un corte informativo: México 1, Italia 0 —he aquí otro corte informativo, el panel fue al mismo tiempo que el partido amistoso—. El cierre fue contundente: “Hay que ir más allá del dato duro, pero para eso hay que tener datos”. La última participante de esta mesa fue Cosette Castro, quien nos sorprendió a todos con sus primeras afirmaciones: dijo que habla desde una perspectiva latinoamericana de los estudios de comunicación, desde la búsqueda de la inclusión social y digital, desde la comprensión de la información y comunicación como derecho humano, desde el pensamiento complejo y la transdisciplinariedad… lo que estudiamos, señaló, no dice exactamente quiénes somos. Después habló de los puentes, de la comunicación lineal a la no lineal, del mundo analógico al digital, de la condición de audiencias en relación con las industrias de contenidos en Latinoamérica.

Grupos de investigación hay muchísimos, pero yo estuve siempre en el de nuevas tecnologías, Internet y Sociedad de la Información; ahí la discusión osciló entre la brecha digital, el e-goverment, los usos políticos de Internet, los mundos virtuales, la fotografía digital, el blogging autobiográfico, las narrativas, los usuarios, las relaciones de pareja a través de Internet, el software libre y mucho más… hasta fantasías futuristas ligeramente incomprensibles.

Algo genial en este encuentro fue el reencuentro de los itesianos, Raúl Acosta y Magdalena López de Anda, profesores del ITESO, así como Rebeca Padilla, Salvador de León y yo, que nos formamos en tierras tapatías, pero vivimos en Aguascalientes. A eso hay que sumar el post-brindis —campo fértil de las prefiguraciones—, la extraña reclusión en Santa Fe y el descubrimiento del secreto mejor guardado de la Ibero. Con todo, llegó el momento de emprender la graciosa huída.

Finalmente, ya en mi ciudad, estuve en la cuarta sesión del Seminario Permanente de Estudios Socioculturales, que coordino en el Colegio de Estudios Sociales de Aguascalientes; en ella se presentaron dos trabajos, el de Edgar Zavala Pelayo, sobre catolicismo y dominación epistemológica en la sociología y el de Vicente Esparza Jiménez, acerca de la conmemoración de la Expropiación Petrolera en Aguascalientes. La asistencia fue muy pobre, pero la discusión fue muy enriquecedora.

Miles de kilómetros y horas de viaje después, los días de congresitis terminaron, con una serie de ideas revoloteando en mi cabeza. Sobra decir que es una locura de la que no me arrepiento.

El registro del instante… al instante

De mi columna, Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

Esa noche Joaquín Sabina dio un concierto en mi ciudad; no fui, pero en mi muro de Facebook aparecieron fotos y comentarios sobre su concierto mientras éste transcurría; después vinieron los videos y los comentarios de quién se encontró con quién, dónde estaban y hasta de qué platicaron cuando se encontraron. Hace años, había que esperar al día siguiente para ver las notas en medios o esperar a que los amigos y conocidos contaran cómo le fue, si uno no había estado ahí; sobra decir que ahora, en el tiempo de los teléfonos inteligentes, todo está al alcance de un clic, los conciertos, las conferencias, las marchas y manifestaciones, los acontecimientos violentos, los desastres naturales y más. La magia de la imagen y la palabra permite registrar el instante… al instante.

Lo que estas acciones dejan ver es, de entrada, que la calidad técnica de la foto o el video, no necesariamente es lo más importante; si bien cada vez hay cámaras con mejor definición e, incluso, las que están incluidas en los celulares son cada vez mejores, la finalidad de apropiarse la tecnología para captar los instantes y actualizar velozmente se centra en compartir la experiencia a los otros que no están, pero también en comunicar que estoy aquí, no que estuve ahí como antaño, sino que estoy aquí, ahora, en el presente y que es algo que se puede demostrar. José van Dijck y otros autores han señalado que los usos de la fotografía y el video en el siglo XX, han sido muy importantes personal, familiar y culturalmente, puesto que estos materiales se constituyen como la memoria de lo acontecido. El desplazamiento que se produce con las vías de comunicación digital radica, entre otras cosas, en la velocidad con que los contenidos son producidos y fluyen.

Los comentarios, las fotos y videos en tiempo real, se constituyen como una ventana que permite asomarse a un fragmento de los sucesos en el momento que ocurren e interactuar a partir de ello. Podemos pensar que es una manera de explotar el presente. Varios autores, como Bauman, Beck, Lechner, Martín-Barbero y otros, ya han hablado del presente perpetuo como característica de nuestros tiempos. La vida cotidiana se documenta “en el momento” y la memoria construida parece, en ocasiones, un torrente… y a veces es imposible seguir y capturar tal torrente, pero ésa, como diría la nana Goya, “es otra historia”.

El instante adquiere relevancia y se configura como un valor fundamental en la comunicación digital, pero hay otro elemento clave: la experiencia vivida. Subir a Facebook la foto de la manifestación en que estoy es, como había señalado líneas arriba, comunicar que estoy presente y participo en ella, es decir, que no es algo que me contaron, sino que lo vivo. Esto se ha evidenciado, sobre todo, en los casos de desastres naturales; donde una foto, un video o la ubicación de un twitt en el mapa, da legitimidad para hablar de los sucesos, porque se tiene información de primera mano.

¿Quién iba a pensar, en los primeros años de Internet, que esto sería posible? En aquel tiempo se pensaba en los usuarios de la red, como adolescentes sin vida social, gordos por comer comida chatarra para no despegarse de la máquina, pálidos por la ausencia de sol. Lo de hoy, sin embargo, es la movilidad… y el instante.

Un blog es nuestra casa y las redes sociales son los bares

Reducir la comunicación a las tecnologías o los medios es tan deformador como pensar que ellos son exteriores y accesorios a (la verdad de) la comunicación.

Jesús Martín-Barbero

Pocas cosas me asombran tanto como la capacidad de los humanos para sorprendernos frente a lo que pensamos “nuevo”, para insertarnos con gran velocidad en la conversación acerca de tal “novedad” y atribuirle todo tipo de bienes (o de males). Así ha ocurrido con el cine, la radio, la televisión, los teléfonos celulares, las computadoras e internet; así ocurre ahora con eso que en el habla común se llama “redes sociales”. Éstas han ganado visibilidad tanto por el crecimiento en el número de usuarios, como por la utilización de estos recursos en situaciones de crisis políticas —como en Irán, Honduras y más— y desastres naturales —como en los casos del tsunami en el Pacífico Sur o el terremoto en Haití—.

En medio de esta repentina visibilidad, se habla a la ligera de “redes sociales” y con mucha frecuencia este concepto se reduce a sitios como Facebook y Twitter. Así, abundan las notas donde se habla de que “redes sociales vigilan hábitos de consumo”, “redes sociales reemplazan al e-mail”, “Google adquiere una red social” o hasta de que “Twitter nos quiere matar de miedo”. Las redes, sin embargo, no se limitan a los medios técnicos que posibilitan la creación de un perfil personal y cierto tipo de interacción; en sentido antropológico, las redes sociales existen desde siempre, y son entendidas como campos constituidos por relaciones entre sujetos, donde cada uno es un nodo con vínculos con los otros. Autores como Raymond Williams, Assa Briggs y Peter Burke, así como Pablo Fernández Christlieb, han documentado las antiguas prácticas de comunicación oral y escrita en redes que solían construirse en casas y lugares públicos, tales como cafés y plazas.

Obviamente, la sensación de red también se produce en espacios virtuales, como ya lo plantearon Rheingold y otros autores desde principios de los 90. De hecho, en inglés suele hacerse la distinción entre social network site de social networking, es decir, una cosa son los sitios de redes sociales y otra es la práctica en sí misma. Quizá la principal diferencia que plantean los blogs, el micro-blogging, los sitios de redes y los juegos de roles en línea, frente a las otras redes, tiene que ver con la posibilidad de visualizarlas, a partir de los contactos, los comentarios, las menciones y más, que son como el rastro observable de las relaciones entre los humanos.

Se aprecia una tendencia creciente de superposición entre las redes —entendidas, como decía líneas arriba, en tanto relaciones—, muchas personas son usuarios activos de blogs, Twitter, Facebook, Flickr, YouTube, Buzz y otras; éstas, además, con frecuencia se conectan de modo automático —actualizaciones de estado en Twitter que se reproducen en Facebook y en los blogs, actualizaciones de todo que aparecen súbitamente en Buzz— o manual —usuarios que comentan en Facebook que han agregado una nueva entrada en su blog o que han encontrado un video buenísimo en YouTube—. Los contactos —o amigos o seguidores— pueden no ser los mismos en distintos espacios, pero al estar interconectados la discusión se diversifica: gran sorpresa para quienes pronosticaban el fin de los blogs con el surgimiento de Facebook o la muerte de éste último con el de Twitter.

Si bien la base de la interacción en redes virtuales es la existencia de afinidades, de intereses comunes, es posible identificar distintos sentidos para distintos espacios. Dice Octavio Rojas (@octaviorojas) que dice Álvaro Ortiz (@furilo), que “un blog es nuestra casa y las redes sociales son los bares” —de ahí el título de este escrito—. Los usuarios atribuyen a sus blogs sentidos de “lugar propio”, como si fuera una casa, porque es algo fijo, que puede ser personalizado y que los otros pueden visitar; mientras que el sentido principal de participar en Twitter, Facebook y más, no es tener un lugar, sino encontrarse con los otros, estar juntos, compartir el espacio, aunque haya miles de kilómetros de por medio, aunque en México sean las 2 de la tarde y en Eslovaquia anochezca. La magia de las redes, creo, no está sólo en lo técnico, sino en la posibilidad de construirse sobre otras coordenadas.



Publicado en Guardagujas número 9.