Gracias a Salvador de León llegué a este video. Lo veo y lo veo y me parece tan indignante la situación que se vive en Irán como apasionante la resistencia que se deja ver en el blogging, al final de cuentas el sentido político de esta práctica tiene que ver con la toma de la palabra pública por aquéllos que tienen acceso a la tecnología y, en casos tan delicados como el de Irán, es más que visible la lucha por transformar la propia realidad social.
poder
de creatividad cotidiana y desconfianza hacia el Estado
Las ene cadenas de correo electrónico que sostenían la teoría del complot para explicar la influenza, la cadena que circula ahora pidiendo que «no registres tu celular» y muchos de los productos que parodian funcionarios y circulan en YouTube, Facebook, correo electrónico y más, tienen en común un discurso de total desconfianza en la figura del Estado como ente que se rige por el bien común. Se percibe así al Estado y a los gobernantes como perversos, corruptos e ineficientes. Y ya lo dijo Norbert Lechner hace tiempo, “la desafección hacia la democracia tiene que ver con las formas de hacer política”.
A veces perversa, a veces ingenua y a veces crítica, la producción, distribución y consumo de este tipo de mensajes que pululan en Internet, es una forma de hacer frente a un régimen con el que no están de acuerdo. Sobre todo, los casos de las parodias, chistes y cartones, dejan ver un ejercicio de creatividad cotidiana en la otra comunicación pública. Y con demasiada frecuencia, los funcionarios e instituciones implicados, lejos de entender estas prácticas de comunicación, se limitan a hacerse los ofendidos y a reforzar la desconfianza hacia el Estado. En ocasiones incluso contribuyen involuntariamente a difundir estos productos, como ocurrió hace unos días con el video «Rata y cursi» en que se parodia al gobernador veracruzano Fidel Herrera; inicialmente el video fue visitado por relativamente pocos internautas, pero tras el escándalo producido cuando el IFE solicitó a YouTube retirar tal archivo, las visitas se multiplicaron, el video fue colocado en otras ubicaciones y compartido en blogs, Facebook y más, como lo reporta Raúl Trejo Delarbre.
Esta parodia ha sido vista cientos de miles de veces y ha suscitado un debate en torno a la libertad de expresión y a las facultades del IFE para regular este tipo de contenidos. El problema de fondo, sin embargo, sigue ahí; la visibilidad no calma la desconfianza, las respuestas que evaden el problema la multiplican.
¿sentencias previas?
Leo el post de Rossana Reguillo acerca de las zonas de riesgo cero frente a la influenza humana y sus cuestionamientos: «¿Es realmente el dilema hoy aislar a quien se percibe como amenaza para la seguridad, sin considerar los costos para la libertad y los derechos humanos? ¿cuáles serán las nuevas zonas de riesgo cero derivadas de la pandemia?»
Y, en esta inercia que hace parecer inevitable sacrificar la libertad por la seguridad, no puedo evitar pensar en Minority report, la cinta de Steven Spielberg, basada en el relato de Philip K. Dick, donde EU tenía un sistema de prevención del delito, basado en detener y congelar a los sujetos antes de que cometan el delito; aquéllo era una especie de mundo feliz, donde no había asesinatos y donde el común de las personas estaban dispuestas a sacrificar la libertad a cambio de tener la seguridad de los no-asesinatos.
En un día normal (lo que sea que eso signifique), nada suena más alejado de la realidad; pero en situaciones de crisis, más de un Estado cierra fronteras para aislar a los posibles-infectados-engendros-del-mal que se constituyen como amenaza para su seguridad y no son pocos los ciudadanos que se manifiestan de acuerdo. El asunto de fondo es el prejuicio frente a lo que se califica como amenazante, sea o no un peligro real; y el prejuicio tiene un sinfín de implicaciones sociales, pero, de manera concreta, suele chocar con los derechos humanos.
¿Será que aprobaremos sentencias previas? ¿Será que buscaremos otros mundos posibles para hacer frente a las incertidumbres?