Provocaciones de un cartógrafo nocturno

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Escuchar en vivo a la bibliografía puede ser muy inspirador. En junio, la Universidad de Guadalajara otorgó el Doctorado Honoris Causa a Jesús Martín Barbero y eso se tradujo en una gran oportunidad para escuchar a esa parte fundamental en la bibliografía sobre comunicación, primero en el acto protocolario en el Paraninfo y, al día siguiente, en una charla más en cortito en el CUCSH. A ésta última, por cierto, Guillermo Orozco tuvo a bien invitar tanto a investigadores consolidados del campo de la comunicación en México como a jóvenes que apenas iniciamos nuestros caminos. Los primeros fueron testigos de la irrupción de este filósofo, con una mirada más densa, en el estudio de la comunicación. Los más jóvenes llegamos a la universidad cuando De los medios a las mediaciones ya era un clásico. Precisamente en esa charla, Jesús Martín Barbero disparó una pregunta sobre la investigación de comunicación: ¿qué tiene que ver lo que a mí me gusta y lo que yo investigo con lo que está sufriendo mi país? La pregunta encierra una crítica a cierto grado de narcisismo en las líneas de investigación en comunicación, a la desvinculación entre la academia y aquellos sectores sociales que estudia, a la burocratización de las universidades. A propósito de la formación de doctorado, Martín Barbero planteó que éste debería ser una experiencia personal enriquecedora y de implicación social. A veces olvidamos esto último en medio de las implacables fechas de entrega de trabajos y avances de investigación, muy seguido caemos en la cuadriculización de la vida académica mientras llenamos formatos para Conacyt, muchas veces perdemos de vista que las estas becas que nos permiten acceder a una formación de alto nivel le cuestan al país. ¿Qué tanto le aportamos?

 

 

 

 

 

Las benditas políticas de uso de Internet

Tarde, como siempre, escribo este post, como se lo prometí a Mauricio. Sucede que hace tiempo somos compañeros del mismo dolor, gracias a las brillantes políticas de uso de Internet de las universidades donde trabajamos —y gracias a más cosas que no son asunto de este post—. Él se ha topado con las Políticas y lineamientos para el uso de la tecnología de información y comunicación en la UASLP; yo, en la UAA, he sido también víctima de las Políticas para el uso del servicio de Internet. Las primeras fueron autorizadas el 31 de octubre de 2003, las segundas el 4 de enero de 2010, las dos son igualmente reduccionistas, puesto que restringen el acceso bajo argumentos de calidad.

Se asume que estar en Facebook o Twitter no es una actividad académica o institucional, porque cabe en la categoría de social networking; que revisar los sitios web de televisoras y grandes conglomerados de medios, o accesar a blogs es entretenimiento; se asume, sobre todo, que no se trata de prácticas productivas… ¿cómo investigar Internet con acceso restringido?, ¿cómo hablar de habilidades digitales si cada vez que uno osa intentar ir a una de las direcciones consideradas no productivas aparece la pantallita de Open DNS para informar que uno intenta visitar un sitio de entretenimiento o social networking?, ¿cómo pensar en producir y hacer circular contenidos en estas plataformas, sobre todo hablando de alumnos de Comunicación, si la institución las considera como mero entretenimiento?, ¿cómo entablar un diálogo con los alumnos de nuevo ingreso, que nacieron en el 92 —prácticamente nacieron con Internet— si de inicio se les dice entre líneas que eso que intentan hacer no es bueno?, ¿cómo entablar un diálogo con la ONU si se atenta, en aras del progreso y la productividad, contra el derecho a la comunicación y contra la búsqueda de inclusión digital?

En su post, Mauricio es enfático: “en China se llama dictadura del proletariado, en Irán República Islámica, aquí… los censores ahora llevan el prefijo Universidad”. Quizá es tantito radical al equiparar unas cosas con otras, pero las restricciones ciertamente son graves allá y aquí, sobre todo si pensamos que las universidades deberían ser espacios de libertad y de creación.

Hace tiempo, en el encuentro de AMIC, Carlos Scolari se maravillaba de que en la Ibero teníamos acceso libre a Internet, sin contraseñas ni restricciones; lo mismo ocurre en el ITESO y seguramente en otras universidades. En México y en el extranjero, diversas universidades ejercen presencia e interactúan constantemente a través de Facebook, LinkedIn, Twitter, blogs, Flickr, YouTube y lo que se acumule; aprovechan recursos como SlideShare, Scribd, Prezi, LiveStream, UStream y más; algunas hasta tienen cursos en Second Life. Es una pena que en todas haya una comprensión amplia de las TIC y de las prácticas de comunicación digital.