Now our lives are changing fast: Arcade Fire y el video de los nuevos tiempos

De mi columna, que se llama igual que este blog, en Razón y Palabra.

“El nuevo video de Arcade Fire rebasa las fronteras de lo que conocemos como videoclip”, decía la revista Magis en Twitter. De inmediato fui a verlo y me llevé una grata sorpresa. Éste se titula “The wilderness downtown” y fue dirigido por Chris Milk, a partir de la canción “We used to wait” de Arcade Fire, como parte de un experimento con Google[1].

El video muestra un hombre corriendo por las calles de alguna ciudad que el propio usuario elige, las imágenes son recuperadas de Google Street View y cada uno puede ver al mismo fulanito, saltando charcos, en Boston, Londres, Barcelona o (casi) cualquier lugar que haya sido seleccionado. “Casi”, porque no todas las ciudades son elegibles. Algunos señalan que sólo están disponibles algunas de Estados Unidos, o bien, de países europeos[2].

Lo que la producción hace visible es la convergencia de tecnología y lenguajes, al mezclar música, HTML5 video, imágenes de Google Maps, multiplicidad de pantallas, así como un planteamiento simple pero que puede ocurrir en cualquier ciudad. Carlos Scolari[3] habla de transmedialidad para definir a eso que atraviesa y combina lenguajes y medios. Estas nuevas formas de comunicación se caracterizan por rasgos como la hipertextualidad, reticularidad, cierta interactividad, multimedialidad; y dejan ver cruces entre el lenguaje cinematográfico y el lenguaje interactivo digital. Todo ello es visible en “The wilderness downtown”, cuya lógica parece más cercana a los videojuegos, que al común de los videoclips.

Sobre todo, se trata de algo que aún llamamos videoclip, pero que ya no está diseñado para televisión, sino para Internet. No en vano, en el blog oficial de Google, se plantea esto como una experiencia musical diseñada para web, como parte de Chrome Experiment[4]. En ello es evidente la ruptura con la lógica de los medios masivos; entendiendo, con McLuhan[5], que lo masivo no tiene que ver tanto con el tamaño de la audiencia, sino con la simultaneidad. Y esto último es lo primero que se rompe en el experimento, al dar la posibilidad de elegir dónde quiere situarse el hombrecillo que corre en las calles.

Hay otra convergencia, más allá de los lenguajes y se da en el cruce entre lo tecnológico y lo comercial (bien decía Castells[6] que “la innovación tecnológica no es un acontecimiento aislado”), Google vuelve a innovar: la noticia es que Arcade Fire tiene un nuevo video, que éste resulta significativamente distinto y que lo hizo con Google. Algunos medios, incluso, han señalado que el video sólo puede ser visto con Chrome[7], aunque funciona con otros navegadores que soporten HTML5, tales como Firefox, Opera, Safari y hasta en Internet Explorer, que ha anunciado que en su versión 9 tendrá nuevas funcionalidades. El blog oficial de Google se limita a plantear que el experimento fue creado pensando en Chrome y con versiones de navegadores que no lo soportan, presenta el mensaje: “This site was designed with Google Chrome in mind and is unable to render properly in your browser. For the best viewing experience, we recommend downloading Google Chrome and trying this site again”. Linda manera de crear una necesidad.

En suma, no se trata de una obra de arte, pero sin duda es un video que deja ver una serie de transformaciones. Las narrativas transmediáticas de las que habla Carlos Scolari, seguramente nos seguirán sorprendiendo. “Now our lives are changing fast”, dice la canción… y tiene razón.


[1] Chrome Experiments (2010). The wilderness dowtown. Disponible en: http://www.chromeexperiments.com/arcadefire/

[2] Tomasena, José Miguel (2010, agosto 31). La nueva frontera en los videos musicales. En Blog de la Redacción. Magis. Disponible en: http://www.magis.iteso.mx/redaccion/la-nueva-frontera-de-los-videos-musicales

[3] Scolari, Carlos (2008). Hipermediaciones. Elementos para una teoría de la comunicación digital interactiva. Barcelona: Gedisa.

[4] The Official Google Blog (2010, 30 de agosto). Arcade Fire meets HTML5. Disponible en: http://googleblog.blogspot.com/2010/08/arcade-fire-meets-html5.html

[5] McLuhan, Marshall (2009). Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano. Barcelona: Paidós.

[6] Castells, M. (2001). La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. México: Siglo Veintiuno Editores.

[7] Ideal (2010, 31 de agosto). Google y Arcade Fire crean “The wilderness downtown”. Disponible en: http://www.ideal.es/granada/ocio/google-arcade-fire-crean-wilderness-downtown-201008311434.html

It’s called inception

He de confesar que amé Inception, me encantó, me hizo feliz; pero en tres momentos, no pude evitar soltar la carcajada y recordar a Titanic (creo que era al revés).

Atención al minuto 00:12, «come back, Jack«… creo que no estaba muerto, andaba de parranda.

Y en el minuto 1:17, algo se parece a «you jump, I jump», aunque en la película es más excelsa la escena de la ventana.

Para finalizar, en el minuto 1:47 recordé con claridad cómo el agua invade el barco, aunque en Inception se trata de una camioneta… una que al parecer hace homenaje a los Súper Campeones y tarda media película en caer al agua.

A etiquetó a B en una de tus fotos: Sentido de comunidad del Festival de Música de Cámara

Dicen que cada uno ve lo que quiere ver, que dependiendo de sus experiencias e intereses ve con cierta nitidez algunos aspectos de la realidad. En mi caso, no pensaba escribir sobre el Festival de Música de Cámara Aguascalientes 2010, porque mi falta de formación musical es evidente y a lo máximo que puedo aspirar es a escribir desde la condición de fan (aunque, ya que lo pienso, ser fan permite ver otras cosas); pero en estos días posteriores he visto (lo que quiero ver) la extensión de las redes por vías no presenciales y eso me ha hecho clic de inmediato.

Luego de la semana de magníficos conciertos, subí algunas fotos a Facebook y etiqueté a quienes ya estaban entre mis contactos; luego mi sobrino Charbel etiquetó a algunos de sus compañeros y ellos, a su vez, a otros y otros y otros y en pocas horas, las notificaciones de Facebook crecieron cual mancha voraz: A etiquetó a B, C ha comentado tu foto, D ha solicitado etiquetar tu foto, A quiere ser tu amigo, B ha sugerido que conoces a C, D ha escrito en tu muro. Seguramente otros muros vivieron esto mismo. Las frías notificaciones dejaron ver un sentido de comunidad que se extendía de los espacios presenciales a los virtuales. Lo más divertido vino el fin de semana pasado, cuando me encontré en un bar a una violinista que participó en el Festival: “tú eres la que subió unas fotos, gracias”, me dijo.

Ya he discutido antes en este blog sobre la formación de redes de comunicación digital, a partir de las afinidades y los intereses compartidos, sea entre conocidos de contextos presenciales o entre desconocidos que se cruzan en el ciberespacio; pero fue genial visualizar, casi en tiempo real, el tejido de la versión virtual de las redes del Festival de Música de Cámara, luego de una semana de interacción presencial. No sé si sea mi imaginación, pero desde las sillas (iba a escribir «desde las butacas», pero este año no hubo, gulp) se percibía un ambiente más relajado y de mayor compañerismo. Alexander Freund, incluso, hablaba de una gran frescura y cierta atmósfera especial que envuelve el festival. Tal vez esa atmósfera se conserva en las redes, entre los que no se ven todos los días. De algún modo, la vida está hecha de encuentros; cuando se puede, éstos son cara a cara; cuando no, las tecnologías de información y comunicación permiten crear la sensación de que se está cerca.

Cultura digital y vida cotidiana en Iberoamérica, nuevo número de Razón y Palabra

Ya está listo el número 73 de Razón y Palabra, el cual se ha dedicado a abordar desde distintas perspectivas la cultura visual y la vida cotidiana. Esta edición fue coordinada por Edgar Gómez Cruz y Tíscar Lara y en ella hemos colaborado

Juan Freire, Daniel Villar Onrubia, Fernando Garrido Ferradanes, Cristóbal Cobo Romaní, Rubén Díaz, Felipe G. Gil, Pedro Jiménez, Javier Gómez Murcia, Paloma G. Díaz, Héctor Fouce, Antonio Fumero, Daniel Martí, Roberto Balaguer Prestes, David Casacuberta, Antoni Gutiérrez-Rubí, Sergio M. Mahugo, Carolina Emilia Di Próspero y yo, Dorismilda Flores Márquez.

La edad, la red y el teléfono móvil: un desplazamiento no esperado

Publicado originalmente en Coordenadas Móviles, mi columna en Razón y Palabra.

“Las TIC son como un tren, si no te subes en el momento, está cañón que lo alcances”, me dijo alguna vez un amigo que anda por los cuarenta y tantos. Lo recordé fuertemente cuando me hizo clic un dato sobre Internet y telefonía móvil, en el “Estudio 2010 de hábitos y percepciones de los mexicanos sobre Internet y diversas tecnologías asociadas”[1], que fue presentado estos días.

Se trata de un trabajo realizado por el equipo del Proyecto Internet del Tecnológico de Monterrey Campus Estado de México, como parte del World Internet Project, un esfuerzo coordinado por la Universidad del Sur de California, que plantea un comparativo entre más de 32 países, a partir de una metodología común. Los datos que aporta el estudio son interesantes todos y en mucho coincide con otros datos arrojados por los estudios del INEGI y de la AMIPCI, en términos de los usuarios y sus datos socio-demográficos; pero la mayor aportación del informe de este año, desde mi punto de vista, es el dato sobre la conexión a Internet desde los celulares.

Desde qué lugar se conectan los usuarios y por cuánto tiempo, es un dato fundamental. Si bien la mayor parte de ellos acceden a Internet desde su casa o su trabajo, un segmento importante ya lo hace desde el celular. En términos de nivel socioeconómico, es la gente de estratos medios altos y altos la que entra en la red más tiempo desde el teléfono móvil, con un promedio de 7 horas por semana; aunque llama la atención que aun en sectores socioeconómicos bajos, los usuarios se conectan alrededor de 2 horas por semana desde el celular.

Algo más revelador viene cuando se incorpora la variable edad. El grupo que más horas navega desde el celular, no es el más joven, sino el de personas de 40 a 46 años, que registra un promedio de 13 horas por semana, frente a un promedio de 8 horas en el grupo de 19 a 25 años.

Podemos entrar en el terreno de las inferencias y especulaciones, para atribuir este fenómeno al poder adquisitivo de las personas de 40 y más, que les permite acceder a un servicio costoso de telefonía celular; quizá también a las exigencias laborales, que hacen necesario permanecer conectados a la red; y tal vez, incluso, a la búsqueda de experimentar con las múltiples opciones que dan los dispositivos móviles.

El punto es que, si consideramos que en el 80% de los hogares mexicanos hay al menos un celular[2] y que la tendencia de éstos es hacia la incorporación de cada vez más aplicaciones y el acceso a Internet, estamos asistiendo a la apertura de nuevas implicaciones, preguntas y posibilidades, en torno a la inclusión digital. Obviamente, no todo es transparente y hace falta mayor discusión sobre los costos, las habilidades e incluso los intereses; pero las posibilidades son importantes.

Hubo un tiempo en que los celulares eran sólo teléfonos y eran empleados sólo por cierta élite. Con el tiempo los equipos fueron más accesibles, tanto en términos de tamaño como de costos. Desde hace algún tiempo incorporamos los smartphones en la vida cotidiana y estamos transitando de la sorpresa inicial a la naturalización. Este último párrafo dice obviedades, pero no está escrito para el presente, sino para regresar, en el futuro, a las notas de cuando resultaba llamativo el crecimiento en el uso de Internet en el celular en México y el desplazamiento en los grupos de edad.


[1] World Internet Project, Tecnológico de Monterrey (2010). Estudio 2010 de hábitos y percepciones de los mexicanos sobre Internet y diversas tecnologías asociadas. Recuperado el 29 de julio de 2010 de http://octavioislas.wordpress.com/2010/07/29/5227-proyecto-internet-catedra-de-comunicaciones-digitales-estrategicas-tecnologico-de-monterrey-estudio-world-internet-project-2010/

[2] AMIPCI (2010). Estudio AMIPCI 2009 sobre hábitos de los usuarios de Internet en México. Recuperado el 2 de junio de 2010 de http://amipci.org.mx/estudios/temp/Estudiofinalversion1110-0198933001274287495OB.pdf

Toy Story 3 y los niños que fuimos

Uno de los enemil pensamientos que cruzaron por mi mentecilla cuando vi Toy Story 3 es que no es precisamente para niños. Los planteamientos que en medio de los juguetes se hacen sobre el poder son fuertes y tal vez ya estoy muy dañada, pero la tiranía del oso perverso y algunas actitudes de los personajes, me recordaron demasiado a la Rebelión en la granja de George Orwell, e incluso a los Pollitos en fuga y sus implicaciones «holocáusticas». En fin, reflexionar sobre el poder, a partir de Toy Story, creo que lo dejaré para otro post.

El punto es que al salir del cine empecé a hacer cuentas y recordé que vi Toy Story, la primera, cuando tenía 13 años (oh, sí, ahora lo recuerdo, corría el año de 1995), la segunda no me acuerdo cuándo y la tercera a los 28 (golpe de vejez, ya dupliqué la edad). Quienes vimos la primera, oscilamos tal vez entre los veintitantos y los treintaypoquitos. Así que la magia de Toy Story 3 quizá radica en que está escrita para los niños que fuimos. Desde lo que somos ahora resulta maravilloso (o, por lo menos, interesante) voltear a ver de dónde venimos y qué dejamos en el camino.

Y he de confesar que la que soy ahora es alguien que se está insertando en la categoría de adulto contemporáneo y que lloró como Magdalena con el drama de Andy, tal vez más que con el de los juguetes.

Ópera ambulante en Tijuana

Hace algún tiempo me topé con un par de videos de flash mobs, por el Día de la Ópera en Pamplona y Valencia y comenté con algunos amigos que sería genial ver algo así en México. Hoy, vía Octavio Islas, encontré que el CECUT promueve la ópera ambulante en espacios públicos. Sopranos y tenores salen «de la nada», disfrazados de personal de limpieza o de pasajeros, mientras le cambian la cara a su ciudad.

Ópera ambulante en la central camionera de Tijuana

Ópera ambulante en el aeropuerto de Tijuana

Cuando pensamos en Tijuana, muchos pensamos en violencia o en la zona de paso entre México y Estados Unidos; pero el arte y la cultura bien pueden contribuir a la transformación de la percepción sobre la ciudad, al menos, quienes estuvieron en esos momentos en la central camionera y en el aeropuerto, seguro se han llevado una imagen distinta de Tijuana… y quienes lo vemos a distancia, también.