La imaginación metodológica

El año pasado, Tintable puso en circulación el libro La imaginación metodológica: Coordenadas, rutas y apuestas para el estudio de la cultura digital, que coordinamos Rodrigo González Reyes y yo. El texto es producto del Seminario de Estudios de Internet, que iniciamos María Elena Meneses (qepd) y yo en 2018, como un espacio para compartir avances y resultados de investigación.

Nos interesa mucho la metodología. Por eso en este libro abordamos diferentes miradas sobre la minería de datos y los métodos digitales, la etnografía digital y los métodos participativos, en capítulos escritos por César Rodríguez Cano, Gabriela Sued, Dorismilda Flores-Márquez, Rodrigo González Reyes, Claudia Benassini, Lidia García, Rebeca Padilla y Ana Zermeño.

Nuevo libro «Espacialidades en la era global»

En mayo pasado presentamos el libro Espacialidades en la era global, que coordiné con Carlos Ríos Llamas. Los 10 capítulos son producto del Seminario del mismo nombre, en el cual participaron colegas de la Facultad de Arquitectura y la Facultad de Comunicación y Mercadotecnia de la Universidad De La Salle Bajío, para reflexionar sobre el espacio desde distintas perspectivas. El libro fue editado por la propia Universidad y está por acá en acceso abierto. 👇🏻

Crónicas del confinamiento, días 13 al 18

Tercera semana de encierro, última antes de las vacaciones, lo que sea que eso signifique ahora. Siguió la rutina de home-office, home-teaching y home-bullying. Dos clases, seis asesorías —que, inicialmente, iban a ser ocho—, cuatro reuniones, tres dictámenes y dos webinars. En medio de todo, hay por lo menos tres proyectos nuevos que me entusiasman y otros que resucitan y también jalan mi atención. A veces me vuelvo soporte técnico de los colegas, a veces hacemos catarsis, a veces nos reímos, a veces digo que no quiero volver a ver una pantalla en mi vida y luego vengo frente a una a escribirlo.

Esta semana fue menos catastrófica en términos de reorganización, pero más apocalíptica en la casa. Nos quedamos sin agua el domingo en la noche porque falló la bomba, hubo que llamar al técnico para que resolviera el problema. Eso incluyó un episodio de mi perro que, creyéndose el salvador de la humanidad, hizo lo posible para que el “intruso” no pasara. Todo iba bien, pero el viernes chafeó el internet justo antes de una asesoría. Sobrevivimos a esa asesoría y dos clases con la señal inestable. En algún momento tuve que jalar internet del celular. En días pasados leía que estos días de confinamiento han coincidido con picos en el uso de internet en el mundo, también leía que hay incertidumbre sobre qué tanto aguantará. Entre las enemil preguntas que abre esta crisis están aquellas acerca de las tecnologías digitales, desde su base material hasta las prácticas que nos han mantenido en contacto y trabajando en estas semanas.

Algo de eso hemos de ver en la academia. Mientras tanto, todo el panorama de congresos se movió. AMIC se pospone y se va a virtual, ALAIC se pospone quizá para fin de año, IAMCR —que iba a ser en Beijing— primero se movió a Tampere y después a virtual, ISA se pospone para el próximo año. Las convocatorias para hacer algo sobre el Coronavirus se multiplican. Creo que necesitamos comprender las muchas dimensiones del fenómeno, aunque también creo que no tenemos suficiente distancia crítica.

Oficialmente, hoy empiezan las vacaciones. De acuerdo con el plan, ahora estaría en Guadalajara. Mañana volaría a Los Angeles y después a Helsinki. Recuerdo el día que vi el caos que empezaba en Italia, también cuando vi que cerró el Musée de Louvre en París y pensé por primera vez en la posibilidad de que mis ansiadas vacaciones peligraran. Esa vez le pregunté a un amigo químico si no estábamos sobreestimando la situación y su respuesta me llevó a posponer el viaje. Fui muy ingenua con mis problemas de primer mundo, ya sé, no esperaba yo entonces que todo cambiara tanto en pocos días y que la pandemia fuera a tener tantas implicaciones en el mundo, con distintos niveles de gravedad.

Sigo pensando que la crisis saca lo mejor y lo peor de nosotros. A media semana platiqué con un joven del servicio a domicilio del súper, mi pedido no llegó completo porque hay varios productos que están agotados —y que tampoco hay en las tienditas cercanas a esta casa—, me decía que varios clientes han sido groseros con él por esta situación, como si fuera su culpa la escasez. Mientras tanto, veo también iniciativas de ayuda a quienes están en problemas, en León, en Casa Loyola, Menta & Albahaca, Kowi, entre otras; algunas más en Aguascalientes, Guadalajara y Ciudad de México. No todo está perdido.

Crónicas del confinamiento, días 6 al 11

Siempre he pensado que no es la cantidad la que importa, sino la calidad. Al mismo tiempo, siempre tiendo a registrarlo todo y parte del registro es contar. Esta semana abrió con 31 asesorías para estudiantes que estaban terminando proyectos intermedios o finales (15 minutos por persona, cual si se tratara de agenda de médico del IMSS), 5 asesorías de tesis, 3 reuniones (que el Comité del Doctorado, que el Observatorio, que los becarios) y 3 clases, todo en línea, en Zoom y Teams. No es que sea diferente de lo que hago habitualmente (quienes me conocen saben que suelo dejar el pellejo en lo que hago), sino que todo eso en presencial es distinto en muchos sentidos, mientras que todo eso en digital multiplica el cansancio físico, son muchas horas frente a la pantalla, con audífonos, en una silla que—por cómoda que sea— cansa. Las gotas de manzanilla para los ojos y unos audífonos de diadema —sí, sí, de los que nunca me gustaron— se han vuelto parte de mi cotidianidad. A eso hay que sumar el cansancio intelectual y emocional.

Esto no es queja, en medio de todo lo terrible, estoy en el grupo de privilegio que puede trabajar desde casa y cuidar de quien le necesita, que en mi caso es cuidar de mi mamá. Se trata simplemente de reconocer que se trata de un cambio drástico para el cual ni siquiera los que adoramos los recursos digitales estábamos preparados. Las y los profesores continuamos labores en medio de la contingencia y, por mucho que sigamos rutinas y horarios, la situación que vivimos no es normal, no es simple y no podemos cerrar los ojos a los cambios, las incertidumbres y las complicaciones que hay hoy en el mundo en términos médicos, sociales, económicos y más. A veces pienso, como dice el post que compartí hace unos días, que nuestra nueva “normalidad” debe evidenciar lo que estaba mal en la que teníamos y nos debe ayudar a construir una nueva, donde derechos elementales como la salud no estén a discusión en función de recursos y capacidades, donde responsabilidades básicas como cuidarnos unos a otros no brillen por su ausencia, donde una emergencia no nos colapse social y económicamente. A veces no soy tan optimista, escucho a los vecinos de mi mamá que tuvieron fiesta, leo noticias de agresiones a personal médico, veo cómo gente con doctorado comparte noticias falsas sobre la contingencia y pienso que nos merecemos la extinción. Las crisis sacan lo mejor y lo peor de nosotros, toca ver qué aprendemos y cómo contribuimos a mejorar.

En fin, las redes de apoyo son lo que sostiene en momentos como éste. En mi caso, mis estudiantes, tesistas y becarias han respondido maravillosamente, ni qué decir de mis colegas y amigos, así como de mi mamá, que no sólo se ha mostrado solidaria, sino que esta vez sí se ha dejado cuidar. De todos ellos, valoro un montón la paciencia, la solidaridad y la confianza. Extraño muchas presencias, abrazos y charlas. Extraño regresar a pie a mi depa en León, en medio de los árboles. Extraño las cosas pequeñas, que son las que construyen lo que somos.

via GIPHY

 

 

Crónicas del confinamiento, días 3&4

El viernes desperté adolorida. No sé si en sueños escalé el Himalaya o si simplemente el trabajo desde casa está siendo más agotador que el normalito, con todo y las horas extra de un día sí y otro también. Amanecí con ojos irritados, alergia (de ronchas, no sólo de estornudos), dolor de espalda (mucho tiempo sentada, más que de costumbre) y dolor en el dedo gordo de la mano derecha (mucho mouse ayer). O sea, me está pasando factura el encierro y eso que apenas comienza.

La contingencia obliga a reacomodar actividades como se pueda. En condiciones normales, tengo más tiempo para revisar los trabajos de mis estudiantes. En estos días me he visto envuelta en un maratón de reuniones, asesorías y clases a través de Zoom. Todos mis colegas están igual. Dentro de todo lo terrible, tenemos el privilegio de poder trabajar desde casa, pero hay harta presión sobre nosotros. Mudar todo a modalidad en línea es un paso difícil incluso para quienes tenemos cierta experiencia en esto, entre otras cosas porque sabemos que la educación en línea lleva otra lógica y que lo que estamos haciendo -lo que se está requiriendo- es mantener la lógica presencial de horarios y adaptar las cosas lo mejor posible. Quienes claman por devolución de colegiaturas por todo lo que «se va a perder» no saben el esfuerzo que estamos haciendo.

En fin, en todas las asesorías, reuniones y en las tres clases del fin de semana, hubo episodios de gatita maullando -sí, Justina, la que nunca me pela, considera que las reuniones en Zoom son excelentes oportunidades para alzar la voz- y perritos ladrando -ellos siempre me pelan y siempre han sido particularmente afectos a eso de ladrar en cualquier momento, sin razón alguna, así que no es novedad-.

Como sea, ya hice la ruta del vino. He paseado copa en mano de la recámara a la cocina, al comedor, a la sala. Y quiero dormir, quiero dormir muchas horas seguidas.

via GIPHY

 

 

Crónicas del confinamiento, días 1 y 2

Aproveché que todas mis clases, asesorías y reuniones pudieron reprogramarse en línea y adelanté mi viaje a Aguas, para cuidar de mi mamá. Si bien es saludable y fuerte como un roble, es parte de la población de riesgo porque es de la tercera edad.

Viajé en autobús para tener asiento sola. No había indicaciones especiales en la central de León como tampoco en la de Aguascalientes. Había mucha gente, no necesariamente con suficiente distancia. Algunos (los menos) parece que se preparan para una guerra bacteriológica, otros vamos por la vida con gel y/o toallitas antibacteriales (quienes me conocen saben que siempre traigo toallitas, así que esto es sólo un refuerzo), otros siguen su vida como si nada pasara.

En fin, después de organizar la rutina de home-office / home-teaching / home-bullying y de casi amarrar a mamá para que no ose salir, fui al súper y me sorprendió el contraste. Por un lado, todo parece seguir igual, montón de gente en la calle, sin el más mínimo cuidado en cuanto a distancia y esas cosas. Sin embargo, en Plaza San Marcos ya está clausurada la parte de las mesas, ya no hay algunos productos como cloro o harina de maíz (todavía hay papel de baño, por si estaban con pendiente), pero no veo que tengan suficiente protección los empleados y cerillos.

En línea, es interesantísimo lo que está pasando, más allá de las indicaciones institucionales, entre colegas estamos probando cosas, compartiendo experiencias, dando tips y, sobre todo, dando apoyo moral en momentos complicados.

via GIPHY

 

 

#undíasinnosotras

86853624_10162854379440368_2364216365000163328_n

¿Qué pasaría si desaparezco, si me matan? ¿De qué tamaño sería mi ausencia? ¿Qué cosas se caerían si no las hago yo, si no participo, si dejo de estar? Ése es el sentido de #undíasinnosotras. No es un día de asueto, es un día de reflexión, de pensar en la ausencia.

La violencia contra las mujeres se ha naturalizado a tal grado que no parece grave que en México maten 11 mujeres por día. Hay más discusión sobre cómo podemos protegernos del coronavirus que sobre qué podemos hacer como sociedad para enfrentar la epidemia social de feminicidios y otras formas de violencia que padecemos todos los días. Por eso el paro convoca a todas las mujeres, no a todas las personas. No significa desconocer la violencia contra los hombres, que también es grave, también nos duele y también produce ausencias, pero el 9 de marzo pensemos en la ausencia de las mujeres. Cada año se hace paro el 8 de marzo, que es el día internacional de las mujeres. A muchos se les olvida que ese día no es una celebración -y hay quienes hasta envían mensajes de felicitación-, sino un recordatorio de la necesidad de equidad de género. Uno de los acontecimientos que se vincula a ese día es el incendio en una fábrica en New York en 1911, donde murieron casi 150 mujeres porque las dejaron encerradas ahí. Cada 8 de marzo conmemoramos eso, por eso algunas paramos y/o vestimos de negro o de morado.

Con el paro del 9 de marzo, hay quienes tenemos la posibilidad de faltar al trabajo y que eso no tenga consecuencias, pero también hay quienes pueden ver comprometido un día de salario y eso significaría no llegar bien a fin de mes. Por eso celebro que muchas universidades y otras organizaciones se solidaricen, de manera que faltar ese día no tenga consecuencias para quienes pudieran estar en esas situaciones. En sentido estricto, no necesitamos «autorización» para ejercer un derecho, pero en términos prácticos sí hay grandes sectores que necesitan ese tipo de apoyo para participar.

Sin embargo, también creo que la solidaridad un día no es suficiente si no hay un compromiso de fondo por mejorar las condiciones y buscar la equidad. No es suficiente que los gobiernos se unan si no emprenden acciones reales para hacer frente a la violencia, no es suficiente que las universidades se unan si no tienen mecanismos para atender los casos de acoso, no es suficiente que las empresas se unan si sostienen prácticas de acoso y desigualdad salarial.

Quienes podamos parar, paremos. Quienes se puedan solidarizar, háganlo. Y no dejen de pensar qué pasaría si desapareciéramos. No es algo que nos guste pensar, a veces ni siquiera es algo que pensemos posible, pero lo es. Algo podemos cambiar desde lo individual, mucho más podemos cambiar desde lo colectivo.

 

Imaginar un mundo mejor: La expresión pública de los activistas en internet

Libro Imaginar un mundo mejor

Por fin salió mi libro Imaginar un mundo mejor: La expresión pública de los activistas en internet. Se trata de mi tesis de Doctorado en Estudios Científico-Sociales, que ha sido publicada por el ITESO, como parte de la Colección Vestigium.

Es muy satisfactorio ver que el trabajo de más de cuatro años salga a la luz, es algo que le debía a las y los activistas que confiaron en mí. Uno de los elementos clave que estos activistas ponen en la mesa es el asunto de la gratuidad. Pues, bien, la publicación de este texto -como otros tantos del ITESO- es una apuesta por el conocimiento abierto, está en línea Y SIN COSTO.

Aquí pueden bajarlo de Amazon: https://www.amazon.com.mx/Imaginar-mundo-mejor-expresi%C3%B3n-activistas-ebook/dp/B07TLDTFCL/ref=sr_1_1?__mk_es_MX=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&keywords=vestigium&qid=1568774953&s=gateway&sr=8-1

Y acá de Google Play: https://play.google.com/store/books/details/Dorismilda_Flores_M%C3%A1rquez_Imaginar_un_mundo_mejor?id=v0ifDwAAQBAJ

 

 

 

En mi corazón caben dos países: activismo digital transnacional y subjetividad política en migrantes mexicanos

Comunicación y Sociedad ha publicado mi artículo «En mi corazón caben dos países: activismo digital transnacional y subjetividad política en migrantes mexicanos», en el dossier sobre tecnopolítica y ciudadanía digital. La edición es bilingüe, así que el texto está en inglés también: «Two countries fit within my heart: transnational digital activism and political subjectivity among Mexican migrants».

Gracias a los migrantes mexicanos que me compartieron sus historias, a Lidia Almanza por el apoyo en la investigación, a Ricardo Chávez por el apoyo en la traducción, a Salvador Leetoy y Diego Zavala Scherer por el trabajo de coordinación del dossier, así como a todo el equipo de Comunicación y Sociedad de la Universidad de Guadalajara, que hace un espléndido trabajo para sostener una de las revistas más importantes de Latinoamérica.