El discurso del cineasta: Internet, el cine y la reflexión de Alex de la Iglesia

De mi columna Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

 

“Internet es la salvación de nuestro cine”, ha dicho Alex de la Iglesia, en la ceremonia de entrega de  los premios Goya, en febrero pasado. Como ha sido registrado en los medios españoles, el cineasta, que hasta ese día era también presidente de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España, ha estado involucrado en la polémica en torno a la ley Sinde; su inconformidad fue lo que lo motivó a renunciar a la presidencia.

Lo que, en su discurso, planteó Alex de la Iglesia sobre el cine e Internet, va más allá de la ley Sinde, invita a pensar en los encontronazos que se producen cuando se trata de legislar las prácticas emergentes de consumo de productos culturales en la red, bajo una lógica que no es la de la red:

Hace 25 años, quienes se dedicaban a nuestro oficio, jamás hubieran imaginado que algo llamado Internet revolucionaría el mercado del cine de esta forma y que el que se vieran o no nuestras películas no iba a ser sólo cuestión de llevar al público a las salas. Internet no es el futuro, como algunos creen; Internet es el presente; Internet es la manera de comunicarse, de compartir información, entretenimiento y cultura, que utilizan cientos de millones de personas; Internet es parte de nuestras vidas y la nueva ventana que nos abre la mente al mundo1.

Tras afirmar que “no tenemos miedo a Internet, porque Internet es precisamente la salvación de nuestro cine”, Alex de la Iglesia propone ser creativos e innovadores, para encontrar otros modos de “entender el negocio del cine”. Esto atraviesa por la valoración del papel de las audiencias en la industria cinematográfica, lo cual es un asunto clave en el discurso antes mencionado. Uno de los primeros señalamientos del director fue que “una película no es la película hasta que alguien se sienta delante y la ve” y poco antes de finalizar recalcó que “hacemos cine porque los ciudadanos nos permiten hacerlo”. Esos mismos ciudadanos, dijo, siguen viendo cine, ahora también a través de la red.

Quizás el elemento clave en el discurso del director es el reconocimiento del cambio. Mirar a las audiencias y comprender sus lógicas implica no sólo valorarlas en tanto consumidores de cine, sino también ser conscientes de su capacidad de agencia en nuestras sociedades contemporáneas. Con las TIC, se están modificando los modos de consumo, pero también se abren posibilidades para la producción y la circulación, a agentes que en los medios tradicionales no tenían acceso a ello.

El surgimiento de formas colaborativas y reticulares de producción y consumo de contenidos, desafía las búsquedas de controlar la propiedad intelectual en la red, como se haría en la era pre-Internet. EnHipermediaciones, Carlos Scolari retoma de Eric Raymond la metáfora de las catedrales y los bazares, para explicar la emergencia de nuevos modos de producción en la comunicación digital: las catedrales fueron pensadas y construidas para una estructura jerárquica, mientras que en los bazares se produce “una gran conversación de la cual emergen configuraciones colectivas”2.

Las prácticas de producción, circulación y consumo no sólo de cine, sino de otros productos culturales, están cambiando de una lógica de catedrales a una de bazar. ¿Habrán de cambiar también ciertas mentalidades? ¿Habrá un modo de hacer compatibles las posiciones encontradas respecto al cine y otros productos culturales en la red? Si lo hay, espero vivir para contarlo.

1 RTVE. “Discurso de Álex de la Iglesia en los Goya 2011”. Consultado el 15 de marzo de 2011, en http://www.youtube.com/watch?v=HjAg4pWxW0A&

2 Scolari, Carlos. Hipermediaciones. Elementos para una teoría de la comunicación digital interactiva. Gedisa. Barcelona, 2008, p. 188.

 

El torrente de los trending topics

De mi columna en Razón y Palabra.

 

El torrente de tweets no tiene fin, a veces se intensifica y a veces parece disminuir, pero nunca termina. He de señalar otra obviedad: en el gran torrente de tweets concurren los trending topics. Estos, además de permitirnos ver en torno a qué temas se produce la conversación en Twitter, en tiempo real, dan pistas sobre la densidad de tal conversación.
Algunos casos recientes son los de Aristegui y Presunto Culpable. En el primero de ellos, a principios de febrero de 2011, en Twitter se dio el rumor de que Carmen Aristegui había sido despedida de MVS, tras haber partido de un señalamiento hecho por legisladores del PT, para cuestionar si el presidente Felipe Calderón es alcohólico. Antes de que se hubiese confirmado el despido, el hashtag #Aristegui ya era trending topic e innumerables tuiteros discutían —unos con más bases que otros— sobre la libertad de expresión, el periodismo, el presidente, los medios y más. La conversación continuó por varios días, hasta que la periodista fue recontratada e incluso después.
Posteriormente, el caso de Presunto Culpable saltó también a la discusión, luego de que una juez ordenó suspender la exhibición del documental, como respuesta a la demanda de amparo que entabló una de las personas que aparecen en la cinta, bajo el argumento de que mostrarlo así daña su imagen. El hashtag #PresuntoCulpable ha concentrado la conversación al respecto, en torno al sistema de impartición de justicia en México, los derechos humanos, la libertad de expresión, las vías alternas para ver el documental y más.
En los dos casos, como en tantos otros, ha sido evidente que, junto a los usuarios informados, se sitúan otros que se suben al tren de las causas sin abonar realmente a una conversación. Entre los usuarios informados, con frecuencia hay divergencias, pero es posible discutir, con seriedad, con ironía o de la forma que cada uno prefiera. Sin embargo, las cosas se complican entre los usuarios que se suben al tren de las causas: algunos, los más evidentes, emiten cuasi-comunicados en torno a cuanta injusticia ocurra en el mundo, a veces sin información suficiente; otros parecen tener mayores argumentos, pero una vez que acaba la visibilidad mediática sobre el tema, se olvidan de él… como varios de nuestros honorables políticos lo han de saber.
El resultado, a mi parecer, es un engrosamiento rápido del torrente, que no necesariamente implica la contribución a una discusión más densa. Todd Gitlin, en su libro Media unlimited: How the torrent of images and sounds overwhelms our lives, presenta la metáfora del torrente para hablar de la saturación de contenidos mediáticos, en la que vivimos, por medio de distintos soportes, en los que circulan grandes flujos de información. Quizá tal metáfora permita entender también lo que ocurre cuando un tema llega a ser trending topic y la saturación se vuelve un hecho. Las causas requieren ser trending topic para lograr cierto nivel de visibilidad y llamar a la conciencia y la acción; sin embargo, de poco sirve llegar al nivel del torrente, si la discusión se diluye en la confusión. La red permite hacer visible lo mejor y lo peor de nosotros.

 

¡Están vivas! Notas sobre la lengua y la lectura en la era de Internet

De mi columna en Razón y Palabra.

 

“Internet es la vuelta de Gutenberg”, señaló Umberto Eco, en una conversación con Javier Marías, realizada con motivo de la celebración por los 1000 números de Babelia, la revista cultural del diario español El País. El argumento del célebre semiólogo y escritor italiano es claro: “Con Internet es una civilización alfabética. Escribirán mal, leerán deprisa, pero si no saben el abecedario se quedan fuera. Los padres de hoy veían la televisión, no leían, pero sus hijos tienen que leer en Internet, y rápidamente. Es un fenómeno nuevo” [1].

La reflexión de Eco rompe con una de las quejas más recurrentes sobre la comunicación en Internet y a través de SMS: que la gente ha dejado de leer. De entrada, cuando se le atribuye a la tecnología una responsabilidad así, pareciera que los sujetos son seres indefensos frente a las malvadas máquinas que les impiden disfrutar de la literatura, la ciencia y la reflexión, en versiones impresas. Pareciera también que las pantallas no permiten posibilidad alguna de lectura, como si lo impreso fuese lo único que tuviera valor; si bien muchos —entre ellos, Umberto Eco— defienden el valor de los libros impresos, los soportes digitales se van incorporando poco a poco a nuestros hábitos de lectura, demostrando que las obras no son tales por su soporte, sino por el contenido. Sobre todo, pareciera que los otros modos de lectura —de las imágenes, de las narrativas, de lo fragmentado— no exigieran habilidades importantes para entender y apropiar aquello que se lee.

De fondo, la defensa de la lectura en su sentido tradicional puede conducir a cerrar los ojos frente a las constantes transformaciones, que no atentan contra, sino que diversifican, las opciones de producción, distribución y consumo de obras. Considero que la clave está en visualizar las prácticas sociales y los productos, no como algo fijo e inamovible, sino como algo vivo, susceptible a los cambios que se producen en el tiempo.

Sobre la lengua, en relación con Internet, Eco afirma: “No creo que el lenguaje se empobrezca, ¡cambia!” y cita el ejemplo del inglés, un idioma que puede considerarse pobre al compararlo con lenguas como el francés, el italiano y el español, pero que, a pesar de todo, “puede decir cosas maravillosas. Por lo tanto, se simplifica, pero puede decir muchas cosas. Las lenguas funcionan”[2]. Ninguno de nosotros habla el español del siglo XVI y eso no nos hace inferiores respecto a nuestros antecesores. La lengua es algo vivo, que recoge las huellas del tiempo y del paso de los sujetos por distintas situaciones; tanto las nuevas palabras que se incorporan al vocabulario, como aquéllas que caen en desuso, hablan de la historia de las sociedades.

Quizá habría que empezar a formularnos otras preguntas en torno a las pantallas: ¿qué nuevas habilidades se están gestando y transformando ya, para leer narrativas transmediáticas?, ¿qué retos plantea la lectura fragmentada que hacemos en Twitter, Facebook y otras redes, frente a las concepciones tradicionales de lectura y frente a nuestros modos de apropiar la información?, ¿en qué medida estamos siendo partícipes de los cambios que se producen?, ¿qué otras preguntas surgen en torno a estas prácticas vivas? Tal vez cada pregunta no nos conduzca a las certezas, sino a otras preguntas.


[1] Manrique Sabogal, Winston. “Encuentro Umberto Eco – Javier Marías. Diálogo politeísta”. En El País. Consultado el 25 de enero de 2011, en http://www.elpais.com/articulo/portada/Dialogo/politeista/elpepuculbab/20110122elpbabpor_9/Tes

[2] Manrique Sabogal, Winston. Op. cit.

 

El poder de los bits: Mark Zuckerberg, Julian Assange y Steve Jobs, personas del año 2010

De mi columna en Razón y Palabra.

 

Todo parecía indicar que Julian Assange, el fundador de WikiLeaks, sería la “persona del año” (u hombre del año, como dicen muchos), según la revista Time: la votación de los lectores lo dejó en primer lugar[1], su visibilidad mediática en las semanas más recientes había sido muy grande, incluso Time lo comparó con Daniel Ellsberg, quien filtró documentos del Pentágono en tiempos de la guerra de Vietnam. La gran sorpresa llegó cuando la revista optó por una salida políticamente correcta: “por conectar a más de medio billón de personas y mapear las relaciones sociales entre ellas, por crear un nuevo sistema de intercambio de información y por cambiar cómo vivimos nuestras vidas, Mark Elliot Zuckerberg es la persona del año Time 2010”[2]. La publicación señaló que “Zuckerberg es parte de la última generación de seres humanos que recordarán la vida antes de Internet”[3] —recordemos que nació en 1984— y, como creador de Facebook, se le atribuye una revolución en las prácticas de comunicación digital. Pero Time no dejó de mencionar a Julian Assange, como finalista: “en 2010, Wikileaks llegó a ser una fuerza revolucionaria”[4], por haber convertido los secretos en un asunto del dominio público. Incluso hace una comparación entre ellos, a partir de la afirmación de que ninguno de los dos venera la autoridad tradicional: “Zuckerberg y Assange son dos lados de la misma moneda. Ambos expresan un deseo por la apertura y la transparencia”[5].

Le Monde sí se atrevió y nombró “persona del año” a Julian Assange, quien consideran es poseedor de una personalidad controversial, que tiene muchos detractores. Sobre todo, la mención de los editores fue por contribuir al debate sobre la transparencia de una manera radical, según señaló Sylvie Kauffman, la jefa de redacción[6]. En esta elección coincidieron tanto los lectores como los editores del periódico. Como dato adicional, recordemos que Le Monde, junto con The New York Times, The Guardian, El País y Der Spiegel, publicó las filtraciones de WikiLeaks a partir de finales de noviembre de 2010.

Financial Times también hizo su elección de “persona del año”, pero sorpresivamente optó por Steve Jobs, por sus contribuciones al mundo de los negocios, a partir del lanzamiento del iPad en 2010, que compitió en impacto con el iPod y el iPhone, presentados en 2001 y 2007 respectivamente. A esto se suma la lucha contra el cáncer, que enfrentó el CEO de Apple[7].

Ser “persona del año” implica ser alguien con el suficiente poder para haber influido en el mundo durante el año. Esta tradición fue iniciada por la revista Time hace varias décadas y ha sido copiada por otros medios, como los anteriormente mencionados. Llama la atención —al menos a mí— que las “personas del año” elegidas por Time, Le Monde y Financial Times —medios estadounidense, francés y británico, respectivamente— no sean esta vez líderes políticos, sino agentes vinculados al desarrollo, uso y apropiación de las TIC: Mark Zuckerberg como creador de Facebook, que ha significado importantes transformaciones en las prácticas de comunicación digital, pero que ha tenido también un fuerte impacto en términos de negocios; Julian Assange, como fundador de WikiLeaks, que ha puesto en jaque, principal, aunque no exclusivamente, a la diplomacia estadounidense, al revelar información secreta, bajo la consigna de la transparencia radical —“information wants to be free”— y Steve Jobs, como CEO de Apple, cuyas innovaciones en hardware y software han sido punta de lanza para la industria de las TIC. Bien señaló Manuel Castells en su libro más reciente, que “el poder en la sociedad red es el poder de la comunicación”[8].

Los tres, Zuckerberg, Assange y Jobs tienen su lado B. El primero ha enfrentado cuestionamientos por el manejo de la privacidad en Facebook; el segundo es cuestionado por la condición de paralegalidad en la actividad cotidiana de WikiLeaks; el tercero también, por los usos y costumbres tan cerrados de Apple, a diferencia de los esfuerzos por la apertura y el software libre. Obviamente, las innovaciones/transformaciones/contribuciones por las cuales se les nombró “personas del año” no es algo que hayan hecho solos: Facebook, WikiLeaks y Apple son mucho más que Zuckerberg, Assange y Jobs, aunque, ciertamente, son ellos las figuras más visibles y ostentan el poder en esas organizaciones.

El más joven es Zuckerberg, con 26 años, frente a 39 de Assange y 55 de Jobs. En cuanto a educación, Zuckerberg estudió en Harvard, Assange en la Universidad de Melbourne y Jobs en Stanford; ninguno destaca por haber concluido sus estudios universitarios, pero los tres destacan por esfuerzos autodidactas y por cierta genialidad.

Las trayectorias biográficas de los tres son francamente interesantes. La historia de Facebook —y con ella, parte de la vida de Zuckerberg— ya sirvió de inspiración para el libro de Ben Mezrich, The accidental billionaires: The founding of Facebook, a tale of sex, Money, genius, and betrayal; el cual fue adaptado para la película The social network[9]. A Julian Assange le ofrecieron más de un millón de libras a cambio de su autobiografía, lo cual aceptó, según dijo, para cubrir sus gastos legales y sostener a WikiLeaks[10]; muy probablemente se convertirá también en una película. Sobre Steve Jobs se han publicado un par de biografías no autorizadas —iCon: Steve Jobs, the greatest second act in the history of bussiness de Jeffrey S. Young y William L. Simon, así como The second coming of Steve Jobs de Alan Deutschman— y se ha anunciado una autorizada, trabajada por Walter Isaacson[11]. Además, existe la película Pirates of Sillicon Valley, dirigida por Martyn Burke hace más de 10 años, en la cual se aborda la historia de Apple y Microsoft[12].

De cualquier modo, Zuckerberg, Assange y Jobs se han situado en posiciones de poder, a partir de sus motivaciones, habilidades y recursos; de distintos modos, han transformado el mundo y el modo en que comprendemos lo social, la red, el poder. En este sentido, si las “personas del año” se ubican en la tecnología y no en la política formal, he ahí una señal de que la geografía política del mundo se está reconfigurando.


[1] El Mundo (2010, diciembre 13). Julian Assange, personaje del año para los lectores de Time. Disponible en: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/12/13/comunicacion/1292272367.html

[2] Time (2010, diciembre 15). Person of the year 2010. Mark Zuckerberg. Disponible en: http://www.time.com/time/specials/packages/0,28757,2036683,00.html

[3] Grossman, L. (2010, diciembre 15). Person of the year 2010. Mark Zuckerberg. Time. Disponible en: http://www.time.com/time/specials/packages/article/0,28804,2036683_2037183_2037185-1,00.html

[4] Gellman, B. (2010, diciembre 15). Runners-up. Julian Assange. Time. Disponible en: http://www.time.com/time/specials/packages/article/0,28804,2036683_2037118_2037146-1,00.html

[5] Stengel, R. (2010, diciembre 15). Only connect. Time. Disponible en: http://www.time.com/time/specials/packages/article/0,28804,2036683_2037181,00.html/r:t

[6] Le Monde (2010, diciembre 24). Julian Assange, homme de l’année pour “Le Monde”. Disponible en: http://www.lemonde.fr/documents-wikileaks/article/2010/12/24/julian-assange-homme-de-l-annee-pour-le-monde_1456426_1446239.html

[7] Waters, R. & Menn, J. (2010, diciembre 22). Silicon Valley visionary who put Apple on top. Financial Times. Disponible en: http://www.ft.com/cms/s/0/f01db172-0e06-11e0-86e9-00144feabdc0.html#axzz19YYmmhYL

[8] Castells, M. (2009). Comunicación y poder. Madrid: Alianza Editorial.

[9] The Internet Movie Database (2010). The social network. Disponible en: http://www.imdb.com/title/tt1285016/

[10] Oppenheimer, W. (2010, diciembre 27). Assange vende sus memorias para poder financiar su defensa. El País. Disponible en: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Assange/vende/memorias/poder/financiar/defensa/elpepiint/20101227elpepiint_5/Tes

[11] Stone, B. (2010, febrero 25). Jobs is said to assist with book of his life. The New York Times. Disponible en: http://www.nytimes.com/2010/02/16/technology/companies/16apple.html

[12] The Internet Movie Database (2010). Pirates of Sillicon Valley. Disponible en: http://www.imdb.com/title/tt0168122/

 

WikiLeaks: la lógica reticular frente al poder

De mi columna en Razón y Palabra.

 

¿Cómo registrarán los historiadores, en el futuro, el caso WikiLeaks? Mis nietos, si alguna vez los tengo, ¿cómo verán el escándalo producido en 2010, tras la publicación de más de 250,000 documentos diplomáticos de Estados Unidos —gran parte de ellos confidenciales e incluso secretos—, el 28 de noviembre de 2010?

El día que estalló la bomba de WikiLeaks, se habló de dos grandes transformaciones que marcarían nuestra historia: una en el modo de llevar las relaciones diplomáticas; otra en el ejercicio del periodismo. En varios años, WikiLeaks ha revelado información por demás comprometedora, como el video del asesinato de civiles y periodistas en Irak, a manos de soldados estadounidenses[1]. La gotita que derramó el vaso fue el llamado cablegate, se intensificó el cerco tanto contra el sitio web como contra su fundador, el australiano Julian Assange, quien es buscado por la Interpol por supuestos cargos de violación y acoso sexual[2]. El 2 de diciembre el sitio web desapareció de la red, se presume que esto ocurrió tras las presiones ejercidas por el gobierno de Estados Unidos, el principal afectado. Alguien, incluso, señaló en Twitter: “WikiLeaks ha muerto”. Sin embargo, unas horas después, la ausencia de wikileaks.org multiplicaba su presencia en wikileaks.ch, wikileaks.nl, mirrorleaks.org, entre otros.

El caso WikiLeaks vuelve a poner en evidencia que la lógica de Internet no es lineal y simple, sino reticular y dinámica. Recientemente, el caso LimeWire cobró visibilidad, tras ser condenado por violación de derechos de autor; una orden judicial emitida en Estados Unidos llevó al cierre de este servicio P2P[3]. Sin embargo, horas después, un grupo de usuarios crearon una nueva versión llamada LimeWire Pirate Edition, con mejoras significativas[4].

Guardando toda proporción, el caso “Rata y Cursi”, en México, mostró algo parecido: en 2009, un usuario de YouTube subió a la red una parodia de la canción “Quiero que me quieras”, de la película Rudo y cursi[5], que hace acusaciones directas sobre malos manejos hechos por el entonces gobernador de Veracruz, Fidel Herrera. El Instituto Federal Electoral pidió a YouTube que retirara el video de la cuenta donde se publicó originalmente[6], pero en pocas horas, éste había sido replicado en otras muchas cuentas e incluso en otros espacios, fuera de YouTube[7].

Aunque los niveles de relevancia, e incluso de afectación, son distintos, lo que WikiLeaks, LimeWire y Rata y Cursi tienen en común son al menos dos asuntos: la publicación de información que instituciones poderosas —unas más poderosas que otras, obviamente— no desean que sea público y cuya difusión es considerada un delito; y la lógica reticular de Internet, que permite no sólo el trabajo colaborativo, sino también la resistencia mediante la replicación de los espacios censurados.

Entre muchos asuntos, el cablegate permite ver que la lógica de red rebasa las lógicas del poder político, acostumbrado a cerrar no sólo lo ilegal, también lo políticamente incorrecto. Asistimos ahora, en tiempo real, a un episodio de lo que ocurre con una potencia mundial, cuando algo se sale de control.

El activismo radical de Julian Assange —a quien se le ha calificado de profeta de la era de la transparencia involuntaria[8]— y sus colaboradores ha quedado registrado en la memoria. El tiempo nos dirá cuáles y de qué tamaño son las implicaciones de esta filtración de datos.

 

PostData. La pregunta que plantea Alberto Chimal en Las Historias no tiene desperdicio: “No somos Assange: no llamamos la atención, no hacemos circular información importante, no somos un peligro para nadie. Pero ¿y si no fuera así? ¿Qué pasaría si, a causa de un error, un capricho de alguien con poder o cualquier otra razón, una persona común se viera privada definitivamente de su parte virtual?”[9]


[1] Khatchadourian, R. (2010, junio 7). No secrets. Julian Assange’s mission for total transparency. The New Yorker. Recuperado el 30 de noviembre de 2010, de: http://www.newyorker.com/reporting/2010/06/07/100607fa_fact_khatchadourian?currentPage=all

[2] El Universal (2010, noviembre 30). Interpol va contra fundador de Wikileaks. Recuperado el 1 de diciembre de 2010, de: http://www.eluniversal.com.mx/notas/727071.html

[3] El País (2010, octubre 27). LimeWire cierra por orden judicial. Recuperado el 2 de noviembre de 2010, de: http://www.elpais.com/articulo/tecnologia/LimeWire/cierra/orden/judicial/elpeputec/20101027elpeputec_2/Tes

[4] Notario, E. (2010, noviembre 9). LimeWire vuelve a la vida como LimeWire Pirate Edition. ALT1040. Recuperado el 9 de noviembre de 2010, de: http://alt1040.com/2010/11/limewire-vuelve-a-la-vida-como-limewire-pirate-edition

[6] El Universal (2009, mayo 14). YouTube, sin fecha para bajar el video de Fidel Herrera. Recuperado el 26 de mayo de 2009, de: http://www.eluniversal.com.mx/notas/597957.html

[7] Trejo Delarbre, R. (2009, mayo 15). Rudos y cursis: el IFE y YouTube. Sociedad y poder. Recuperado el 26 de mayo de 2009, de: http://sociedad.wordpress.com/2009/05/15/rudos-y-cursis-el-ife-y-youtube/

[8] Greenberg, A. (2010, noviembre 29). An interview with WikiLeaks’ Julian Assange. Forbes. Recuperado el 30 de noviembre de 2010, de http://blogs.forbes.com/andygreenberg/2010/11/29/an-interview-with-wikileaks-julian-assange/

[9] Chimal, A. (2010, diciembre 3). A salto de mata. Las Historias. Recuperado el 4 de diciembre de 2010, de: http://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/a-salto-de-mata/

 

Libertad incompleta: El derecho a la comunicación, las disidencias y las represiones

De mi columna, Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

 

Pero no abandonemos las armas, ni siquiera en los momentos más difíciles. La injusticia social debe seguir siendo denunciada y combatida. El mundo no mejorará por sí solo.

Eric Hobsbawm. Años interesantes. Una vida en el siglo XXI.

 

 

Una de las bondades que se atribuyen a las TIC es el desplazamiento en el acceso a la expresión pública. La emergencia y la popularización de Internet han significado una ruptura con la lógica masiva y unidireccional de los medios tradicionales de comunicación, asimismo han permitido la incorporación de actores sociales distintos en la esfera pública, sin necesidad de ser legitimados por alguna institución o por los propios medios. En palabras de Manuel Castells:

La información es poder. La comunicación es contrapoder. Y la capacidad de cambiar el flujo de información a partir de la capacidad autónoma de comunicación, reforzada mediante las tecnologías digitales de comunicación, realza sustancialmente la autonomía de la sociedad con respecto a los poderes establecidos. Si esto parece abstracto, pregunten a José María Aznar, quien sabe de qué hablo, acerca de los hechos ocurridos en la reciente historia de España entre los días 13 y 14 de marzo de 2004. Lo cual quiere decir que la reapropiación por parte de la sociedad del fruto de su creatividad cuenta ahora con medios poderosos: Internet, redes globales de comunicación, acceso a información en código abierto, procesos de cooperación múltiple, comunicación móvil, multimodal y ubicua. Y todo ello al servicio de intereses y valores que se debaten, modifican y deciden con autonomía creciente por parte de los actores sociales. Los creadores, los oprimidos, los emprendedores, los que sienten la vida, pueden compartir sus sueños y sus prácticas[1].

Quizás el sueño más grande en torno a la comunicación digital ha sido la contribución al desarrollo de la democracia. Si bien tal relación no se ha producido en automático, se han registrado casos como los de Irán y Honduras, donde las redes han sido fundamentales para la resistencia, para visibilizar a los disidentes que no tendrían oportunidad de manifestarse en los medios tradicionales.

Sin embargo, los ataques a la libertad de expresión, aun en estos tiempos, son muchos y muy graves. El caso de Liu Xiaobo ha colocado en la agenda, la discusión sobre el derecho a la comunicación. Este activista, escritor y ex profesor universitario protestó a favor de la democracia en la plaza de Tiananmen en 1989 y participó en la redacción de la Carta 08, para pedir reformas democráticas, en 2008; además, en distintos momentos ha publicado escritos críticos con el Partido Comunista Chino. En su condición de disidente, ha estado en la cárcel y ha sido vigilado constantemente; en diciembre del año pasado fue condenado a 11 años de cárcel, por “incitar a la subversión del poder del Estado”[2]. Expresar sus ideas le ha llevado a vivir sin libertad en su país —él mismo habla de lo que significa escribir sin libertad[3]— y, a la vez, a ganar el Premio Nobel de la Paz, “por su larga y no violenta lucha por los derechos humanos fundamentales en China”[4].

El gobierno chino consideró la acción como algo obsceno y ha restringido la libertad de la esposa de Liu Xiaobo, a la vez que ha bloqueado las búsquedas en Internet y el envío de mensajes que contengan su nombre[5]. Al respecto, Thorbjørn Jagland, presidente del Comité Noruego del Nobel, señaló:

Si guardamos silencio acerca de China, ¿cuál será el próximo país que reclame su derecho al silencio y a la no interferencia? Este enfoque podría ponernos en camino a quebrantar la Declaración Universal y los principios básicos de los derechos humanos. No debemos y no podemos quedarnos callados. Ningún país tiene derecho a ignorar sus obligaciones internacionales[6].

 

En este sentido, llama la atención que el premio sea entregado 30 años después de la publicación del Informe MacBride, en el cual se planteó que el derecho a comunicar es un prerrequisito para los otros derechos humanos, entendiendo la comunicación en varios niveles: individual, local, nacional e internacional[7]; lo que busca trascender el derecho a la libertad de expresión, como lo consigna la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 19:

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión[8].

 

Muchos años han pasado y los atentados contra la libertad no han cesado. Como Liu Xiaobo, otras personas han vivido la represión por haber ejercido su libertad de expresión. Por mencionar algunos, Hossein Derakhshan, un blogger iraní ha sido condenado a 19 años y medio de cárcel. ¿La razón? Ser activista político y periodista[9]. El también iraní Hossein Maleki Ronaghi, fue sentenciado a 15 años, por evitar la censura en línea mediante un software, apoyar blogs en defensa de los derechos humanos e insultar al líder supremo. En total, 27 periodistas y nueve cibernautas iraníes se encuentran en prisión[10]. En Egipto, a Hosni Mubarak se le condenó a cuatro años en prisión por criticar públicamente en su blog, al Islam y al presidente[11]. Mientras tanto, en países como Afganistán[12], China, Cuba y otros, hay restricciones para acceder a Internet[13].

La libertad no estará completa mientras haya Liu Xiaobos encarcelados por manifestar sus opiniones. La libertad de expresión, que en la era de Internet debería darse por hecho, sigue siendo un anhelo.


[1] Castells, M. (2007). “Innovación, libertad y poder en la era de la información”. En De Moraes, D. (coordinador). Sociedad mediatizada. Barcelona: Gedisa Editorial. Pp. 175-182.

[2] Reinoso, J. (2010, octubre 9). Nobel de la Paz a la disidencia china. El País. Recuperado el 10 de octubre de 2010, de: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Nobel/Paz/disidencia/china/elpepiopi/20101009elpepiint_1/Tes

[3] Lobo, R. (2010, octubre 8). Liu Xiaobo, escribir sin libertad. El País. Recuperado el 10 de octubre de 2010, de: http://blogs.elpais.com/aguas-internacionales/2010/10/liu-xiaobo-escribir-sin-libertad.html

[4] Nobel Prize (2010). The Nobel Peace Prize 2010. Liu Xiaobo. Disponible en: http://nobelprize.org/nobel_prizes/peace/laureates/2010/xiaobo.html

[5] Goldshan, S. (2010, octubre 8). China blanks Nobel Peace prize searches. Citizen Lab. Recuperado el 9 de octubre de 2010, de: http://citizenlab.org/2010/10/china-blanks-nobel-peace-prize-searches/

[6] Jagland, T. (2010, octubre 22). Why we gave Liu Xiaobo a Nobel? The New York Times. Recuperado el 23 de octubre de 2010, de http://www.nytimes.com/2010/10/23/opinion/23Jagland.html?_r=1

[7] MacBride, S. (1980). Un solo mundo, voces múltiples. Comunicación e información en nuestro tiempo. México: Fondo de Cultura Económica.

[8] Asamblea General de las Naciones Unidas (1948). Declaración Universal de los Derechos Humanos. Disponible en: http://www.un.org/es/documents/udhr/index.shtml

[9] Goldshan, S. (2010, septiembre 28). Longest-ever sentence for Iranian blogger – 19 and a half years. Citizen Lab. Recuperado el 9 de octubre de 2010, de http://citizenlab.org/2010/09/longest-ever-sentence-for-iranian-blogger-%E2%80%93-19-and-a-half-years/

[10] Goldshan, S. (2010, octubre 15). Persecution of bloggers continues, now with harsher sentences. Citizen Lab. Recuperado el 16 de octubre de 2010, de http://citizenlab.org/2010/10/persecution-of-bloggers-continues-now-with-harsher-sentences/

[11] El País (2009, diciembre 22). Egipto ratifica la condena de cuatro años de cárcel para un ‘blogger’. Recuperado el 23 de marzo de 2010, de: http://www.elpais.com/articulo/tecnologia/Egipto/ratifica/condena/anos/carcel/blogger/elpeputec/20091222elpeputec_10/Tes

[12] Goldshan, S. (2010, octubre 6). Using new Internet filters, Afghanistan blocks news site. Citizen Lab. Recuperado el 9 de octubre de 2010, de http://citizenlab.org/2010/10/using-new-internet-filters-afghanistan-blocks-news-site/

[13] Jan, C. (2010, marzo 11). Control 2.0: la guerra por la libertad en Internet. El País. Recuperado el 23 de marzo de 2010, de: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Control/guerra/libertad/Internet/elpepusoc/20100311elpepusoc_13/Tes

 

Tecnofilias y tecnofobias, a la salud de Naief Yehya

De mi columna Coordenadas Móviles, en Razón y Palabra.

 

Zygmunt Bauman plantea en En busca de la política[1] la metáfora del perchero, a partir del caso del pedófilo británico Sydney Cooke, al que además de sus delitos, se le atribuyó prácticamente la culpa de todos los males. Guardando toda proporción, considero que la tecnología es también un perchero donde se cuelgan todo tipo de percepciones e imaginarios, se le atribuye a veces, como a Cooke, la culpa de todos los males; pero también la posibilidad de transformar el mundo.

En días pasados, Naief Yehya estuvo en Aguascalientes, para impartir una conferencia e impartir un taller. Este último se tituló “Tecnocultura: estímulos, promesas y desilusiones en la era digital”. El autor, que es ingeniero de profesión, pero narrador y crítico cultural por adopción, hablaba de cyborgs, de nuestra relación con lo tecnológico, de Blade Runner y Terminator, de la pornografía y la mediatización de la sexualidad, de la tecnocultura y los nuevos lenguajes, de los usos de la tecnología y más. Pero un taller es construido también por los participantes y éstos, con demasiada frecuencia, se iban —o quizá deba decir “nos íbamos”— a niveles mucho más simples de la discusión, que por momentos se radicalizó entre tecnofóbicos y tecnofílicos.

Entre las ideas que circularon, escuché que todo el conocimiento posible existe ya y está plasmado en los libros antiguos, así que el error de las nuevas generaciones es no leer y quedarse sólo con las computadoras, que robotizan y alienan a las personas; y que los jóvenes no son creativos, porque viven en Internet y ahí todo “se les da digerido”. Lo primero lo señaló una profesora de más de 60 años, pero lo segundo lo planteó un promotor cultural de alrededor de 20. Otros participantes hablaron también con preocupación sobre el impacto de la tecnología en las personas, sobre todo en los jóvenes y los niños. Y hubo quien tomó la contraparte y defendió que el acceso a Internet democratizará diversas dimensiones de la vida social y permitirá a los oprimidos acceder a todo el conocimiento.

Nadie puede ser totalmente objetivo en una discusión y obviar sus posiciones frente a aquello que se discute. En este caso, las posturas acerca de la tecnología eran radicalmente opuestas, a partir de los entornos profesionales y personales de los participantes, así como de sus intereses y experiencias con las TIC, que oscilaban entre el desconocimiento y la fascinación, entre las tecnofobias y las tecnofilias. Es evidente que en ciertos sentidos sigue viva la separación entre apocalípticos e integrados que planteó Umberto Eco[2] hace décadas, para hablar de las posturas de perplejidad y optimismo, frente a las innovaciones de los medios de comunicación; pero que se traslada siempre a cuanto avance tecnológico haya. A las TIC se les atribuye tanto la esperanza del progreso y de la inteligencia colectiva, como la enajenación de los sujetos —lo que Rüdiger[3] señala como visiones prometéicas y fáusticas— y encontrar el equilibrio a veces resulta complicado. He de decir al final sí se logró que todos pusieran en duda las propias percepciones, para abrirse a la discusión.

Entretanto, habrá que regresar a una de las interrogantes que planteó Yehya: ¿cómo explicamos nuestra relación con lo tecnológico? Quizá problematizar esto permita dejar de convertir a la tecnología en el perchero donde se cuelgan las culpas y las maravillas.


[1] Bauman, Zygmunt (2006). En busca de la política. México: Fondo de Cultura Económica.

[2] Eco, U. (1975). Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas. Barcelona: Lumen.

[3] Rüdiger, F. (2004). Introdução às teorias da cibercultura. Porto Alegre: Editora Sulina.

 

Now our lives are changing fast: Arcade Fire y el video de los nuevos tiempos

De mi columna, que se llama igual que este blog, en Razón y Palabra.

“El nuevo video de Arcade Fire rebasa las fronteras de lo que conocemos como videoclip”, decía la revista Magis en Twitter. De inmediato fui a verlo y me llevé una grata sorpresa. Éste se titula “The wilderness downtown” y fue dirigido por Chris Milk, a partir de la canción “We used to wait” de Arcade Fire, como parte de un experimento con Google[1].

El video muestra un hombre corriendo por las calles de alguna ciudad que el propio usuario elige, las imágenes son recuperadas de Google Street View y cada uno puede ver al mismo fulanito, saltando charcos, en Boston, Londres, Barcelona o (casi) cualquier lugar que haya sido seleccionado. “Casi”, porque no todas las ciudades son elegibles. Algunos señalan que sólo están disponibles algunas de Estados Unidos, o bien, de países europeos[2].

Lo que la producción hace visible es la convergencia de tecnología y lenguajes, al mezclar música, HTML5 video, imágenes de Google Maps, multiplicidad de pantallas, así como un planteamiento simple pero que puede ocurrir en cualquier ciudad. Carlos Scolari[3] habla de transmedialidad para definir a eso que atraviesa y combina lenguajes y medios. Estas nuevas formas de comunicación se caracterizan por rasgos como la hipertextualidad, reticularidad, cierta interactividad, multimedialidad; y dejan ver cruces entre el lenguaje cinematográfico y el lenguaje interactivo digital. Todo ello es visible en “The wilderness downtown”, cuya lógica parece más cercana a los videojuegos, que al común de los videoclips.

Sobre todo, se trata de algo que aún llamamos videoclip, pero que ya no está diseñado para televisión, sino para Internet. No en vano, en el blog oficial de Google, se plantea esto como una experiencia musical diseñada para web, como parte de Chrome Experiment[4]. En ello es evidente la ruptura con la lógica de los medios masivos; entendiendo, con McLuhan[5], que lo masivo no tiene que ver tanto con el tamaño de la audiencia, sino con la simultaneidad. Y esto último es lo primero que se rompe en el experimento, al dar la posibilidad de elegir dónde quiere situarse el hombrecillo que corre en las calles.

Hay otra convergencia, más allá de los lenguajes y se da en el cruce entre lo tecnológico y lo comercial (bien decía Castells[6] que “la innovación tecnológica no es un acontecimiento aislado”), Google vuelve a innovar: la noticia es que Arcade Fire tiene un nuevo video, que éste resulta significativamente distinto y que lo hizo con Google. Algunos medios, incluso, han señalado que el video sólo puede ser visto con Chrome[7], aunque funciona con otros navegadores que soporten HTML5, tales como Firefox, Opera, Safari y hasta en Internet Explorer, que ha anunciado que en su versión 9 tendrá nuevas funcionalidades. El blog oficial de Google se limita a plantear que el experimento fue creado pensando en Chrome y con versiones de navegadores que no lo soportan, presenta el mensaje: “This site was designed with Google Chrome in mind and is unable to render properly in your browser. For the best viewing experience, we recommend downloading Google Chrome and trying this site again”. Linda manera de crear una necesidad.

En suma, no se trata de una obra de arte, pero sin duda es un video que deja ver una serie de transformaciones. Las narrativas transmediáticas de las que habla Carlos Scolari, seguramente nos seguirán sorprendiendo. “Now our lives are changing fast”, dice la canción… y tiene razón.


[1] Chrome Experiments (2010). The wilderness dowtown. Disponible en: http://www.chromeexperiments.com/arcadefire/

[2] Tomasena, José Miguel (2010, agosto 31). La nueva frontera en los videos musicales. En Blog de la Redacción. Magis. Disponible en: http://www.magis.iteso.mx/redaccion/la-nueva-frontera-de-los-videos-musicales

[3] Scolari, Carlos (2008). Hipermediaciones. Elementos para una teoría de la comunicación digital interactiva. Barcelona: Gedisa.

[4] The Official Google Blog (2010, 30 de agosto). Arcade Fire meets HTML5. Disponible en: http://googleblog.blogspot.com/2010/08/arcade-fire-meets-html5.html

[5] McLuhan, Marshall (2009). Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano. Barcelona: Paidós.

[6] Castells, M. (2001). La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. México: Siglo Veintiuno Editores.

[7] Ideal (2010, 31 de agosto). Google y Arcade Fire crean “The wilderness downtown”. Disponible en: http://www.ideal.es/granada/ocio/google-arcade-fire-crean-wilderness-downtown-201008311434.html

La edad, la red y el teléfono móvil: un desplazamiento no esperado

Publicado originalmente en Coordenadas Móviles, mi columna en Razón y Palabra.

“Las TIC son como un tren, si no te subes en el momento, está cañón que lo alcances”, me dijo alguna vez un amigo que anda por los cuarenta y tantos. Lo recordé fuertemente cuando me hizo clic un dato sobre Internet y telefonía móvil, en el “Estudio 2010 de hábitos y percepciones de los mexicanos sobre Internet y diversas tecnologías asociadas”[1], que fue presentado estos días.

Se trata de un trabajo realizado por el equipo del Proyecto Internet del Tecnológico de Monterrey Campus Estado de México, como parte del World Internet Project, un esfuerzo coordinado por la Universidad del Sur de California, que plantea un comparativo entre más de 32 países, a partir de una metodología común. Los datos que aporta el estudio son interesantes todos y en mucho coincide con otros datos arrojados por los estudios del INEGI y de la AMIPCI, en términos de los usuarios y sus datos socio-demográficos; pero la mayor aportación del informe de este año, desde mi punto de vista, es el dato sobre la conexión a Internet desde los celulares.

Desde qué lugar se conectan los usuarios y por cuánto tiempo, es un dato fundamental. Si bien la mayor parte de ellos acceden a Internet desde su casa o su trabajo, un segmento importante ya lo hace desde el celular. En términos de nivel socioeconómico, es la gente de estratos medios altos y altos la que entra en la red más tiempo desde el teléfono móvil, con un promedio de 7 horas por semana; aunque llama la atención que aun en sectores socioeconómicos bajos, los usuarios se conectan alrededor de 2 horas por semana desde el celular.

Algo más revelador viene cuando se incorpora la variable edad. El grupo que más horas navega desde el celular, no es el más joven, sino el de personas de 40 a 46 años, que registra un promedio de 13 horas por semana, frente a un promedio de 8 horas en el grupo de 19 a 25 años.

Podemos entrar en el terreno de las inferencias y especulaciones, para atribuir este fenómeno al poder adquisitivo de las personas de 40 y más, que les permite acceder a un servicio costoso de telefonía celular; quizá también a las exigencias laborales, que hacen necesario permanecer conectados a la red; y tal vez, incluso, a la búsqueda de experimentar con las múltiples opciones que dan los dispositivos móviles.

El punto es que, si consideramos que en el 80% de los hogares mexicanos hay al menos un celular[2] y que la tendencia de éstos es hacia la incorporación de cada vez más aplicaciones y el acceso a Internet, estamos asistiendo a la apertura de nuevas implicaciones, preguntas y posibilidades, en torno a la inclusión digital. Obviamente, no todo es transparente y hace falta mayor discusión sobre los costos, las habilidades e incluso los intereses; pero las posibilidades son importantes.

Hubo un tiempo en que los celulares eran sólo teléfonos y eran empleados sólo por cierta élite. Con el tiempo los equipos fueron más accesibles, tanto en términos de tamaño como de costos. Desde hace algún tiempo incorporamos los smartphones en la vida cotidiana y estamos transitando de la sorpresa inicial a la naturalización. Este último párrafo dice obviedades, pero no está escrito para el presente, sino para regresar, en el futuro, a las notas de cuando resultaba llamativo el crecimiento en el uso de Internet en el celular en México y el desplazamiento en los grupos de edad.


[1] World Internet Project, Tecnológico de Monterrey (2010). Estudio 2010 de hábitos y percepciones de los mexicanos sobre Internet y diversas tecnologías asociadas. Recuperado el 29 de julio de 2010 de http://octavioislas.wordpress.com/2010/07/29/5227-proyecto-internet-catedra-de-comunicaciones-digitales-estrategicas-tecnologico-de-monterrey-estudio-world-internet-project-2010/

[2] AMIPCI (2010). Estudio AMIPCI 2009 sobre hábitos de los usuarios de Internet en México. Recuperado el 2 de junio de 2010 de http://amipci.org.mx/estudios/temp/Estudiofinalversion1110-0198933001274287495OB.pdf

The wireless age: las novedades un poquito viejas

De mi columna, que se llama igual que este blog, en Razón y Palabra.

 

Hablar de wireless suele asociarse a una relativa novedad, concretamente, a la posibilidad de conectarse a Internet sin necesidad de cables. The wireless age, curiosamente, fue una novedad hace casi 100 años; ése era el título de la revista interna de Marconi Company, que circuló de 1911 a 1926, los primeros dos años, bajo el título Marconigraph[1] y, a partir de 1913, como Wireless age[2].

Por extraño que parezca, a principios del siglo XX ya tenía sentido hablar de lo inalámbrico (wireless), a partir de los avances en radiotelegrafía o telegrafía inalámbrica, lo cual valió el Premio Nobel de Física en 1909, al ingeniero italiano Guglielmo Marconi y al físico alemán Carl Ferdinand Braun[3]. Estas innovaciones provocaron grandes transformaciones en la comunicación de aquellos tiempos y sentaron las bases para otros inventos que se producirían después.

Es importante señalar que la telegrafía, como todos los adelantos, estuvo ligada a otros desarrollos: la electricidad y el ferrocarril. La primera no requiere mayor explicación. El segundo, como observan Briggs y Burke, suele ubicarse en la historia del transporte, no en la de los medios; sin embargo, los primeros tendidos de líneas telegráficas se instalaban justamente junto a las líneas ferroviarias. Sobra decir que en aquel tiempo, el sistema de medios estaba profundamente ligado al sistema de transporte, puesto que la comunicación de los mensajes era parte de las vías físicas de comunicación: “los flujos de información siguieron tradicionalmente los flujos del comercio, pues los mercaderes llevaban las noticias junto con las mercancías por mar y por tierra”[4].

El desarrollo de los medios de comunicación estuvo profundamente relacionado también con el poder, los gobiernos mostraron gran interés en la expansión de las comunicaciones, éstas, según ha señalado el politólogo norteamericano Kart Deutsch, “son los nervios del gobierno, particularmente importantes en los Estados grandes y sobre todo en los imperios muy extendidos”[5]. En el contexto militar, la telegrafía fue fundamental. Esta historia parece repetirse, décadas después, con los avances en tecnología computacional y comunicación a través de redes.

En términos tecnológicos, la heredera más o menos directa de la telegrafía fue la radio, que se constituye como un punto fundamental en la historia de los medios de comunicación. Precisamente la radio y la telefonía adquirieron también el status de “inalámbricos” en su momento, junto con algunos otros instrumentos como los micrófonos, los timbres de las casas, los amplificadores empleados en música y más. De algún modo, la tecnología inalámbrica se ha incorporado profundamente en nuestra vida cotidiana.

Curiosamente, en nuestros tiempos, cuando el telégrafo ha sido desplazado por otras formas de comunicación, las computadoras portátiles y el acceso inalámbrico a Internet ostentan la ausencia de cables como signo de modernidad —lo que sea que esto último signifique—. Sin embargo, la historia de la tecnología y de los medios, ha sido una historia de innovaciones constantes, en la cual es tan recurrente como ambiguo, colocar los calificativos de “nuevo” y “moderno”. Wireless es uno de esos términos que fueron nuevos hace casi un siglo y siguen sonando a nuevos —o se siguen explotando como tales— ahora.

Mirando hacia atrás y luego hacia el presente, es evidente que sin el telégrafo no podríamos comprender la emergencia y el desarrollo de la radio y la televisión. Sin la Wireless age de 1913 no podríamos comprender nuestra wireless age de principios del siglo XXI.

 


 

[1] Briggs, A. y P. Burke (2002). De Gutenberg a Internet. Una historia social de los medios de comunicación. Madrid: Santillana.

[2] The Marconigraph / The Wireless Age (2006). InfoAge. A science/history learning center and museum. Disponible en: http://www.infoage.org/html/wireless-age-on-file.html

[3] All Nobel Prizes in Physics (2010). Nobelprize.org, the official website of the Nobel Prize. Disponible en: http://nobelprize.org/nobel_prizes/physics/laureates/

[4] Briggs, A. y P. Burke. Op. cit.

[5] Briggs, A. y P. Burke. Op. cit.