de nómadas y vidas líquidas

«Las personas que circulan en las proximidades de la cumbre de la pirámide de poder global, individuos para quienes el espacio importa poco y la distancia no supone molestia alguna; son personas que se sienten como en casa en muchos sitios, pero en ninguno en particular. Son tan ligeras, ágiles y volátiles como el comercio y las finanzas cada vez más globalizadas que las ayudaron a nacer y que sostienen su existencia nómada», eso dijo Bauman en Vida líquida. Lo mismito es perfectamente observable en Up in the air (alguien muy chafa osó traducir ese título como Amor sin escalas).

Lo que se ve en esta película de Jason Reitman es, probablemente, el pretexto para mostrar fragmentos de una realidad mucho más compleja, con crisis, incertidumbres y transformaciones, con un sistema insostenible, con grandes problemáticas públicas y miles de ambigüedades en las vidas privadas, tanto de quienes se aferran a eso que llaman «estabilidad», como de quienes fluyen y fluyen mientras el tiempo pasa. Up in the air cuestiona todo, lo global, lo íntimo, el sentido de futuro.

Las metáforas de la mochila, las millas, el paréntesis y más, dicen mucho de lo que hemos llegado a ser y del punto hacia donde parecemos dirigirnos. He de decir que vi en imágenes lo que han planteado Bauman, Sennett, Augé, Ortiz, Beck, Giddens, Lechner y otros… y he de confesar que también me vi en la fascinación (no sin dudas) de Ryan (George Clooney) por la movilidad y la ausencia de ataduras.

«La vida líquida es una vida precaria y vivida en condiciones de incertidumbre constante. Las más acuciantes y persistentes preocupaciones que perturban esa vida son las que resultan del temor a que nos tomen desprevenidos, a que no podamos seguir el ritmo de unos acontecimientos que se mueven con gran rapidez, a que nos quedemos rezagados, a no percatarnos de las fechas ‘de caducidad’, a que tengamos que cargar con bienes que ya no resultan deseables, a que pasemos por alto cuándo es necesario que cambiemos de enfoque si no queremos sobrepasar un punto sin retorno». Sí, otra vez Bauman en Vida líquida.

de blogging y micro-blogging

Bastantes bytes han corrido para abordar las complejas relaciones entre blogs y Twitter. Hay quienes afirman que el blogging vive una fuerte crisis e incluso que ha sido desplazado por el micro-blogging; pero también hay otros que plantean que los usuarios han repartido sus prácticas en distintas vías, que han destinado Twitter a lo inmediato y el blog a lo más reflexivo. Coincido, en cierto modo, con los segundos; creo que más que un desplazamiento, hay cierta superposición e integración de redes, que da lugar a prácticas comunicativas más complejas y, por lo mismo, mucho más interesantes. Guardando toda proporción, recordemos que en otros tiempos se habló de que la tele iba a sustituir al cine y, más recientemente, que internet acabaría con la televisión; el tiempo ha demostrado que, más que desplazarse unos a otros, distintos medios se han integrado, sobre todo en tiempos de convergencia mediático-tecnológica.

Entre tanto, me llamó la atención que, en esta semana, encontré dos reflexiones sobre este asunto, planteadas por dos conocidos bloggers. Primero, Chilangelina habló de la crisis del blogueo y se preguntó por la denominación de los implicados (¿son blogueros, tuiteros o qué?). Posteriormente, el Ganso lo puso en duda y recuperó argumentos de uno y otro lado (como éste de Defeña Salerosa y éste de Lilián).

Todo apunta a que los bytes seguirán corriendo en torno a este asunto, por parte de  que bloggers, analistas y uno que otro agregado cultural. El tiempo, creo, no necesariamente dará la razón, sino que quizá nos sorprenda más… ya lo discutiremos después, sea en blogs, vía Twitter o Facebook o con señales de humo.

de arte y transformaciones sociales

Decía Wright Mills que con mucha frecuencia los artistas recuperan, reflexionan y explican la realidad social antes que los investigadores sociales. He de decir que cuando vi The Watchmen (sí, vi antes la película que el comic) me pasmé con la introducción, que visualmente dice mucho y, con «The times they are a-changin» de Bob Dylan, dice más aún.

Por cosas de derechos de autor, no es posible insertar ese fragmento que les cuento, pero lo pueden ver acá: http://www.youtube.com/watch?v=tKJ0QHLm1Uw

De lo poco que se puede insertar, he aquí una joya. Ojo al segundo 42, a la respuesta del Comediante sobre el sueño americano.

#FreeMediaVe: de libertad de expresión, poder y medios

Mentiría si dijera que no puedo creer lo que he leído: que en Venezuela quedaron fuera del aire, por orden gubernamental, 34 estaciones de radio. De algún modo, ya ni me sorprende, porque la cantidad (incuantificable, por cierto) de atropellos a los derechos humanos en todo el mundo, no corresponde al imaginario de mundo civilizado y cordial, que muchos tuvimos alguna vez en la vida. Concretamente, hablando del derecho a la comunicación, es impresionante que a estas alturas se quieran callar tantas voces así como así; lo público no le pertenece al poder en turno, lo público es de todos y las voces diversas son de todos.

Pero, ¿qué pasa cuando se silencian unas voces? Emergen otras, o bien, las mismas en otros lados y de pronto el murmullo se vuelve un grito. Así ha ocurrido con Venezuela estos días (y antes con Honduras y con Irán y más), los twitteros venezolanos han empleado la etiqueta #FreeMediaVe para hablar del asunto, para brincarse al poder y hacer uso de su legítimo derecho a la comunicación; sobra decir que, como en otras ocasiones, me enteré de los sucesos a través de Twitter y Facebook. A la toma de la palabra pública para informar lo que está ocurriendo y manifestar (casi siempre) el desacuerdo, se suma la creatividad cotidiana según Michel de Certeau… qué mejor muestra que esta imagen, Chávez vs Twitter, de Barkach, para hacer frente a la represión del gobierno de Chávez.

Chávez vs Twitter 20090802

Finalmente, lo que se observa son lógicas distintas, a los gobiernos se les olvida que los ciudadanos con acceso a las TIC (que serán minoría, pero son una presencia indudable) tienen otras vías para expresarse y para convocar a los muchos en torno a ciertas causas. Pero, dentro de todo lo maravillosa que puede resultar la toma de la palabra pública por los ciudadanos en casos como éste, hay algo de fondo que me hace ruido y que, he de confesar, me duele bastante y que sólo puedo explicar con la frase que dice el Comediante en The Watchmen, rebosando amargura y sarcasmo:

¿Que qué ha sido del sueño americano ? Se ha hecho realidad. Está en las calles. Ahora mismo lo estás viendo…

Lo mismito creo que nos pasó con el sueño del siglo XXI de progreso y mil maravillas, aquí está nuestro progreso, aquí está nuestra libertad. Quizá lo que me resulta más doloroso es pensar que lo de Venezuela no es un caso aislado, lo acabamos de ver con Honduras e Irán, lo vemos en México con las radios comunitarias (Raúl Trejo Delarbre lo expone acá de modo inmejorable), lo vemos en muchos lados y las luchas de cada lado se hacen globales. Lo que más me sorprende es que ya no nos sorprende, ya nada más nos duele. Habrá que traducir el dolor en acción.

qué conexión tan inoportuna

Mont 20090729 Twitter

Siempre he pensado que los moneros-caricaturistas-ilustradores son capaces de captar e interpretar lo complejo de la realidad de una manera increíble. Hace unos cuantos posts (y también en cierto artículo en Razón y Palabra) abordaba la comunicación en situaciones de crisis, a través de redes como Twitter, Facebook, YouTube, Flickr y más, que se convierten en herramientas-vías-escenarios-contextos donde los usuarios producen, comparten, discuten y almacenan información acerca de tales situaciones, en tiempo real y, con mucha frecuencia, desde los lugares de crisis. Sobra decir que esta ilustración de Alberto Montt da para pensar mucho sobre el asunto, sobre las condiciones de producción, la tensión entre la oportunidad de contar lo que ocurre y la necesidad de salvar el pellejo y mucho más.

¿quién hablará de nosotros cuando hayamos muerto?

Hace no muchos días Luda me  envió un mensaje, me avisaba que Hf, de One cat just leads to another había muerto. «Es como si lo hubiera sabido», me dijo, «mira el último post«. Me asomé y leí clarito: «A veces la vida es muy clara sobre las cosas que no son para nosotros. Entonces hay que agradecer la advertencia, cambiar el rumbo y ser felices»; seguido de dos «hasta siempre» como respuesta de sus seguidores.

Así ocurrió tiempo atrás con Alejandro Aura, que murió en 2008. La despedida dice: «Alejandro se fue y en este blog que le hizo seguir adelante cada día nos dejó sus palabras para siempre». Desde entonces hasta hoy, sus lectores siguen dejando mensajes en esa entrada.

También pasó con las abuelitas blogueras, Olive, de Australia – She’s gone fue el post que anunció su muerte; su blog sigue, aunque no necesariamente para recordarla – y Amalia, de España – el último post, escrito por su nieto, sigue registrando comentarios -.

Más allá de lo que para ellos significaran sus blogs, ahora estos siguen hablando de alguien que estuvo ahí, se erigen como vestigios de sus vidas y se convierten, en varios casos, en el lugar donde algunos llegan a recordarlos en sus aniversarios, cual si se fuera a un sepulcro a dejar flores.

de creatividad cotidiana y desconfianza hacia el Estado

Las ene cadenas de correo electrónico que sostenían la teoría del complot para explicar la influenza, la cadena que circula ahora pidiendo que «no registres tu celular» y muchos de los productos que parodian funcionarios y circulan en YouTube, Facebook, correo electrónico y más, tienen en común un discurso de total desconfianza en la figura del Estado como ente que se rige por el bien común. Se percibe así al Estado y a los gobernantes como perversos, corruptos e ineficientes. Y ya lo dijo Norbert Lechner hace tiempo, “la desafección hacia la democracia tiene que ver con las formas de hacer política”.

A veces perversa, a veces ingenua y a veces crítica, la producción, distribución y consumo de este tipo de mensajes que pululan en Internet, es una forma de hacer frente a un régimen con el que no están de acuerdo. Sobre todo, los casos de las parodias, chistes y cartones, dejan ver un ejercicio de creatividad cotidiana en la otra comunicación pública. Y con demasiada frecuencia, los funcionarios e instituciones implicados, lejos de entender estas prácticas de comunicación, se limitan a hacerse los ofendidos y a reforzar la desconfianza hacia el Estado. En ocasiones incluso contribuyen involuntariamente a difundir estos productos, como ocurrió hace unos días con el video «Rata y cursi» en que se parodia al gobernador veracruzano Fidel Herrera; inicialmente el video fue visitado por relativamente pocos internautas, pero tras el escándalo producido cuando el IFE solicitó a YouTube retirar tal archivo, las visitas se multiplicaron, el video fue colocado en otras ubicaciones y compartido en blogs, Facebook y más, como lo reporta Raúl Trejo Delarbre.

Esta parodia ha sido vista cientos de miles de veces y ha suscitado un debate en torno a la libertad de expresión y a las facultades del IFE para regular este tipo de contenidos. El problema de fondo, sin embargo, sigue ahí; la visibilidad no calma la desconfianza, las respuestas que evaden el problema la multiplican.

¿sentencias previas?

Leo el post de Rossana Reguillo acerca de las zonas de riesgo cero frente a la influenza humana y sus cuestionamientos: «¿Es realmente el dilema hoy aislar a quien se percibe como amenaza para la seguridad, sin considerar los costos para la libertad y los derechos humanos? ¿cuáles serán las nuevas zonas de riesgo cero derivadas de la pandemia?»

Y, en esta inercia que hace parecer inevitable sacrificar la libertad por la seguridad, no puedo evitar pensar en Minority report, la cinta de Steven Spielberg, basada en el relato de Philip K. Dick, donde EU tenía un sistema de prevención del delito, basado en detener y congelar a los sujetos antes de que cometan el delito; aquéllo era una especie de mundo feliz, donde no había asesinatos y donde el común de las personas estaban dispuestas a sacrificar la libertad a cambio de tener la seguridad de los no-asesinatos.

En un día normal (lo que sea que eso signifique), nada suena más alejado de la realidad; pero en situaciones de crisis, más de un Estado cierra fronteras para aislar a los posibles-infectados-engendros-del-mal que se constituyen como amenaza para su seguridad y no son pocos los ciudadanos que se manifiestan de acuerdo. El asunto de fondo es el prejuicio frente a lo que se califica como amenazante, sea o no un peligro real; y el prejuicio tiene un sinfín de implicaciones sociales, pero, de manera concreta, suele chocar con los derechos humanos.

¿Será que aprobaremos sentencias previas? ¿Será que buscaremos otros mundos posibles para hacer frente a las incertidumbres?

la legitimación de lo multicultural

Hace tiempo, tras ver Rachel getting married, platicábamos un amigo y yo sobre la boda — que en la película es pretexto para el dramón familiar — y sobre la incorporación de tantos elementos multiculturales, que si el novio negro hawaiano y la novia blanca gringa clásica, las damas de la boda envueltas en saris, las flores, la ceremonia íntima, el paso por ene géneros musicales en la fiesta, que lo mismo tiene jazz que samba — con bailarinas brasileñas incluidas — y más.

El punto es que no es la única película reciente que incorpora lo multicultural en un contexto típicamente gringo, por ejemplo, en The accidental husband hay una escena que ni siquiera aparece en el trailer, donde Patrick (Jeffrey Dean Morgan) lleva a Emma (Uma Thurman) y los Bollenbecker (Isabella Rossellini y Keir Dullea) a un bar mitzvah indio en algún lugar de Nueva York y de pronto se integran, como si nada, en un ambiente que les resulta ajeno.

the accidental husband 1

En ambas películas es visible la búsqueda de hacer pasar lo multicultural como algo incorporado y no cuestionado, a diferencia de las cintas donde se enfatiza el conflicto cultural o el prejuicio hacia ciertas comunidades, sobre todo de parte de los estadounidenses. No es casualidad que cuando la globalización ha permitido ver que hay vida más allá de Hollywood y cuando los migrantes se cuentan por millones en EU, se empiece a incorporar lo multicultural en las historias típicamente norteamericanas y que esta incorporación sea legitimadora.